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miércoles, 15 de enero de 2020

EL FÚTBOL HUELE A PODRIDO


EL FÚTBOL HUELE A PODRIDO
ANGHEL MORALES
El fútbol huele a podrido
lo digo de corazón,
no puede caer mas bajo
el puto fútbol español.

xxxxxxxxxx

Se van a Arabia Saudita
a jugar la supercopa,
los aficionados callan
será porque son idiotas.

xxxxxxxxxxxx

Rubiales es un fracaso
ha superado a Villar,
sus peleas con el Tebas
mejor vayanse a cagar.

miércoles, 18 de agosto de 2010

ANTONIO GARCIA GARCÍA, EL HOMBRE QUE VENCIO AL ODIO Y AL RENCOR.-

No se como conocí a Don Antonio García, ni tampoco creo que eso tenga ninguna importancia en estos momentos, pero siempre tuve la sensación de que lo conocía de toda la vida, que era un ser familiar, alguien cercano con el que se podía hablar de cualquier tema, que siempre estaba dispuesto para escucharte para darte algún consejo con su enorme sabiduría. Don Antonio García era único, albergaba dentro de si una profunda humanidad, una paz interior donde no había hueco para el odio y el rencor.

Estos días se nos fue, tuvo que partir hacia el mundo del recuerdo, dejándonos un profundo vacío a todos lo que lo queríamos y apreciábamos. Es la ley de la naturaleza, tenía 91 años y la perdida reciente de su esposa a la que siempre estuvo muy unido, creo que aceleraron su partida. Se fue acompañado de otro gran hombre, como fue Don Juan Marichal, pero como yo se que Don Juan hablará mucha gente, yo prefiero hablar de Don Antonio, porque entre otras cosas siempre lo tuve cerca y pude compartir con el gratos momentos, en los que aprendí muchísimas cosas y donde nunca le agradecí lo suficiente el tiempo que me dedicaba.

En aquellas reuniones clandestinas que se celebraban en la finca que se ubicaba donde hoy está la estación de guaguas de San Benito y miserablemente expropiada para tener que abandonarla años después o en un conocido molino de gofio donde también se celebraban estas reuniones pude escuchar por primera vez las palabras sabias de Don Antonio, pero aquello estaba lleno de izquierdosos donde se pensaba que el que mas gritaba tenía la razón y Don Antonio siempre hablaba bajo. Aquello pasó, murió Franco y los franquistas se hicieron demócratas de toda la vida y los demócratas de verdad como Don Antonio siguieron haciendo su vida, bien estudiando en la Universidad o bien asistiendo a clases de esperanto, pero sobre todo dedicando mucho tiempo a la familia y a los amigos. Creo que La Laguna en particular y Canarias en general tienen una deuda muy grande con Don Antonio García por todo lo que aporto a que la gente enterrara el odio y el rencor, conviviendo pacíficamente, pese a que había sufrido en sus carnes una cantidad enormes de injusticias, con encarcelamientos tortuosos, con días dolorosos en campos de trabajo y todo por nada, simplemente por ser un hombre bueno.

Durante años me lo encontraba por La Laguna y aprovechábamos múltiples ocasiones para hablar y con el aprendí lo que tuvieron que sufrir miles de seres humanos, por culpa del odio y la venganza de quienes injustamente hacían daño. Solamente tenía 17 años cuando fue detenido la primera vez, todo el mundo ignora los motivos, yo creo que hasta los inhumanos que lo llevaron a prisión, probablemente por que le gustaba leer, amaba los libros y creía desde muy temprana edad, que las palabras estaban echas para el entendimiento de los seres humanos. La burocracia franquista no se percató de que estaba en la cárcel y lo declaró prófugo, por lo que al ser puesto en libertad, de nuevo lo detienen por este motivo y lo mandan a campos de trabajo, en Marruecos o en la península, pero de estas cosas ya se ocuparon grandes historiadores como Ricardo García Luis o Ricardo Guerra, por citar solamente algunos de los historiadores canarios que recurrieron a el para hablar de la Guerra Civil Española. Más humana y más personal fue la biografía escrita por Cirilo Leal, que fue capaz de ablandar los corazones más duros. En más de una ocasión me planteé escribir acerca de la vida de Antonio García, pero cada vez que intentaba entrar en materia sentía verdadero pánico literario y mi pluma se empequeñecía ante la grandeza de su vida. Hoy me arrepiento de no haberlo hecho, quizá hubiera sido la mejor forma de homenajearlo, hay veces en la vida que uno se equivoca y está fue una de ellas.

Durante una década, mientras mantuve abierta en La Laguna la Librería Armiche, Don Antonio venía todos los días en la mañana y mantenía largas tertulias con todos los visitantes ilustres que me honraban con su visita, citarlos a todos sería casi imposible por lo que desisto del intento. Sentía verdadero cariño por María Teresa, la primera empleada que pude contratar y que duro unos cinco años y que seguro que desde Canada donde reside le habrá dolido este momento lutuoso. Igual podemos decir de Mary o las otras chicas que trabajaron allí. Todas lo querían. Pero es que era imposible no querer a Don Antonio. Tomamos muchos cortados en el J 4, regentado por Don Francisco –también recientemente fallecido-, hablábamos de literatura, de política y de los cambios que había dado La Laguna, era un gran admirador de Nivaria Tejera y de su novela El Barranco, yo creo que a media Laguna le regaló tan magnifico libro.

Don Antonio García García era sobre todo un hombre bueno, nunca le oí hablar mal de nadie, ni tan siquiera de aquellos que le habían llevado injustamente a la cárcel, ante cualquier exaltación o salida de tono siempre tenía una palabra de reflexión, una llamada a la concordia. Si iba a declarar al Parlamento acerca de los hechos ocurridos en el franquismo era porque se hiciera justicia con los demás, jamás reclamó nada para sí mismo, aunque si había alguien que merecía ser compensado era él, porque mas que nadie sufrió en sus carnes las tremendas injusticias de la dictadura. El se sentía plenamente compensado pudiendo disfrutar de su esposa, de sus hijos y de sus nietos y de sus matinales paseos por La Laguna, donde siempre fue querido y respetado por todo el mundo.

Don Antonio García García simboliza el perdón, la concordia, la convivencia pacifica, el amor en el más universal de los sentidos, el poder andar siempre con la cabeza alta, porque jamás hizo daño a nadie y sin embargo se cebaron con él y le arruinaron su vida, pero el supo sobreponerse a las injusticias y salió adelante con una fortaleza inigualable. Esa fue su gran VICTORIA. ANTONIO GARCIA GARCÍA supo representar y seguirá representando eternamente mejor que nadie LA VICTORIA DE LOS VENCIDOS.

ANGHEL MORALES GA

martes, 17 de agosto de 2010

ANTONIO GARCIA GARCIA SIEMPRE EN LA MEMORIA DE LOS QUE AMAMOS LA LIBERTAD (SEGUNDA PARTE)

"CUANDO UN AMIGO SE VA, DEJA UN ESPACIO VACIO, QUE NO LO PUEDE LLENAR LA LLEGADA DE OTRO AMIGO"

"En el año 1947 se hizo una redada en una fábrica de puros de Santa Cruz y encontraron un fleje de un periódico antifascista. Por esos panfletos y por unas pistolas viejas que aparecieron tiradas en una playa de San Andrés detuvieron a las tabaqueras de la fábrica y a un montón de compañeros de Tenerife, de La Palma y de Gran Canaria. A las chicas las metieron en la prisión de mujeres de la calle San Miguel, en los Toscales y a los hombres en la prisión de Fyffes. Los detenidos de La Palma pertenecían a una organización de ayuda a los presos y los de Gran Canaria eran miembros de un sindicato de camareros y de carpinteros. A todos nos englobaron en la misma causa: delito de sedición. Como algunos ya nos conocíamos de antes, de haber estado en la misma prisión en el 38, decidimos seguir aprendiendo el esperanto".

Cuando la librería Sigú fue un espacio de libertad /y 3

"El esperanto le dio sentido a mi vida por su carga idealista y universal"

"Durante el franquismo las tertulias se hacían en las librerías"

A Antonio García no le importa reconocer que el recuerdo y la nostalgia constituyen sus fieles compañeros de viaje. Entiende la vida como un largo tránsito que va desde el sueño y la utopía al desengaño, lo que no le ha impedido dejar de luchar para que el desaliento no inunde el lugar de la esperanza. Su vida ha estado relacionada con los libros. Recuerda que sus primeros trabajos estuvieron vinculados al mundo de las librerías. Empezó en la librería Popular de la calle Herradores que estaba regentada por Luque, un catalán anarquista, y por Bernardino Afonso, también miembro de la CNT, los dos estuvieron muchos años presos al estallar el Movimiento; después trabajó en la librería Católica donde fue detenido al iniciarse la guerra en 1936. Antonio García conoció al polifacético José Rivero, director de la película El ladrón de los guantes blancos, en la librería de su propiedad que estaba ubicada en el solar que hoy ocupa la dulcería Olivera. "José Rivero murió en frente al teatro Leal, en los bajos del hotel Aguere, donde había un bar. Sucedió una noche de carnaval. Yo estaba en la puerta del teatro Leal y se oyó un disparo. Corrí al bar y me lo encontré muerto. Nunca se llegó a saber la verdad porque de entrada se dijo que la pistola se le había caído a un fulano que estaba en la barra y el tiro lo alcanzó accidentalmente. Sabíamos con certeza que había sido intencionado. Al poquito llegó la guerra y se echó tierra al asunto. José Rivera era un hombre liberal. En esa película de José Rivera intervino Guetón, el hijo de don Luis Rodríguez Figueroa; cuando empezó la guerra Guetón estaba en Francia y vino a ver a una novia, lo detuvieron y lo desaparecieron. A don Luis Rodríguez Figueroa, que era abogado y diputado a Cortes, también lo mataron".

Armando Sigú

En la librería Lemus nos cuenta Andrés Rodríguez Barrella que don Antonio García era uno de los contertulios que animaban los debates, casi clandestinos, que se llevaban a cabo en la desaparecida librería de Armando Sigú.

"Armando Sigú estuvo en la escuela conmigo. Era un gran amante de los libros. Cuando se hizo mayor puso la librería Anchieta, en la calle Capitán Brotons. A mi me llegó a decir don Polo, el dueño de la librería Goya, que librero, Armando Sigú. Era un hombre que siempre estaba leyendo los libros y las críticas a los mismos. Orientaba a los chicos en la compra. Sabía y recomendaba los libros habiéndolos leído. Conocía su profesión. En su librería se reunía mucha gente a discutir y a comentar noticias y hechos de actualidad y sobre política. Participaban profesores de la Universidad, estudiantes, gente de la cultura, obreros y personas normales y corrientes que sentían inquietud. Esas charlas y discusiones se celebraban hasta los domingos por la mañana. Se hablaba y opinaba abiertamente, estábamos en confianza".

Estudiar, un compromiso inquebrantable

Nada más terminar el servicio militar en el año 1943, con veinticinco años, Antonio García empezó a trabajar en la carpintería que su padre tenía en la calle Herradores y después en la gestoria de Gaspar González, que estaba al lado del Ateneo, ocupación en la que se mantuvo hasta el mismo día en que lo volvieron a detener en 1947 y encerraron de nuevo en Fyffes.

"Siete meses después salí libre del Consejo de Guerra que se celebró en el cuartel de Artillería. El abuelo de Santiaguito Pérez, don Santiago Pérez Izquierdo, que era notario, me echó una mano para que no me tocaran. Al salir de Fyffes comencé a trabajar en Bodegas Fuencaliente hasta que entré en la Agencia Acuña, donde me jubilé, al cabo de treinta y nueve años. Esos trabajos no me apagaron el deseo de instruirme. Será porque cuando empecé a estudiar de pequeñito en los hermanos de la Salle nos enseñaban menos que a los niños de pago. Durante la República en la Alhóndiga, un edificio que estaba al lado del Ayuntamiento de Laguna, daban clases gratuitas para adultos. Me desconsolaba por no poder ir y aprender con Ramón García Rojas y Pedro Díaz Duque. Mientras que los hermanos sólo llegábamos hasta la regla de tres, ellos les enseñaban ciencias naturales, aritmética, geometría y hacían pilas eléctricas. En esa Alhóndiga también ensayaba la banda municipal y, después, hasta hace algunos años, entrenaba el Canarias".

Antonio García se preparó concienzudamente para acceder a la Universidad y superó la prueba de mayores de 25 años. Guarda especial recuerdo de Javier Muguerza y Escohotado. La cultura, en general, y el esperanto, en particular, han constituido sus principales señas de identidad.

"El esperanto lo empecé a estudiar cuando ingresé en Fyffes en el año 1938. Don Juan Régulo se encargaba de darnos clase; lo hacía con tanto entusiasmo que entre los alumnos habían obreros y chicos del campo que lo llegaron a aprender con facilidad. Se esforzaban en aprender en gramática española para poder comprender el esperanto. En esas circunstancias el esperanto era una cuestión idealista, un idioma internacionalista. Cuando se normalizó mi vida me hice miembro de la sociedad esperantista de La Laguna, a la que sigo perteneciendo. El esperanto es un idioma que no se debería perder. En lo que a mí respecta le ha dado un sentido a mi vida por su carga de idealismo y por su sentido de internacionalista".

Poema a los que no volvieron

"Cuando ingresé en Fyffes el año 1938 conoció al artista bohemio Policarpo Niebla Mora que estaba escribiendo en una libreta versos inspirados en lo que veía en aquella prisión. Me prestó la libreta y la copié a mano. Todos los poemas estaban agrupados bajo el nombre de "Partir". Policarpo tanto hacía caricaturas como escribía poesía. Esa libreta me la quitó la policía cuando me detuvieron el año 1947. Pensé que me la iban a desaparecer pero me la devolvieron. Entre los poemas que escribió había uno dedicado a los presos que sacaban de noche y no volvían. Él los escribía y don Jacinto Alzola les ponía la voz: Dijeron hasta luego y en el silencio hondo sus pasos se sintieron; hasta luego, hasta luego; los hombres ya se fueron, pero llega rodando la noche, hasta luego, hasta luego; en esta hora de la noche mucha gente mirará a las estrellas y verán que las estrellas lloran...

También le escribió unos versos al huerto de alfalfa que estaba detrás de la prisión. Los soldados que hacían la guardia no dejaban pasar a nadie por esa zona, pero cuando eran mujeres o niños que iban a comprar alfalfa hacían la vista gorda. Cuando esas mujeres venían con el ramito en la mano, pegado al pecho, pasaban caminando despacito cerca de las alambradas para ver si veían a sus padres, sus esposos o sus novios presos: Esa mancha verde, tan sin valor ayer, un día se vistió de novia, de madre y de hija..."

lunes, 16 de agosto de 2010

ANTONIO GARCIA GARCIA SIEMPRE EN LA MEMORIA DE LOS QUE AMAMOS LA LIBERTAD

La vida de Antonio García García ha transitado por los principales acontecimientos que han cicatrizado la historia última del hombre. Sufrió directamente las consecuencias de la Guerra Civil española (1936-1939), la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y la larga etapa de la dictadura que terminó con la muerte de Francisco Franco. Los largos años de la contienda civil española los pasó encerrado, primero en la cárcel de La Laguna, después en la prisión militar Costa-Sur, conocida popularmente por la prisión de Fyffes y, posteriormente, en Marruecos y Miranda del Ebro.

"Cuando acabó la guerra había tantos presos en los salones de Fyffes que se nombró a un juez especial para que se encargara de resolver aquella caótica situación. A las personas mayores que estaban presos por orden gubernativa las dejaron en libertad y a los jóvenes nos mandaron al campo de concentración de Rota, en Cádiz. En ese campo, donde habíamos unos nueve mil prisioneros de guerra, pasé varios meses. No faltaba tiempo para jugar al fútbol en aquel lugar. Los prisioneros de las distintas armas formaban sus equipos. Los de la marina tenían un equipo de fútbol que le llamaban Flota Republicana; claro está que ese nombre era un secreto a voces. De Rota nos mandaron a Marruecos donde estuve un año abriendo carreteras y fortificaciones subterráneas, en la frontera con el Marruecos francés. Según los periódicos de entonces España estaba reclamando parte del territorio que estaba bajo el dominio francés. Después nos mandaron a un lugar que le decían Aulef donde nos dedicamos a reconstruir un campamento que la República había desmontado porque era muy costoso de mantener. En aquel campamento conocimos a un teniente que era sobrino del general Monasterio y nos dijo que estaban pidiendo voluntarios para trabajar en las minas de Asturias. Entre los voluntarios estábamos ocho canarios. De Marruecos a Burgos, al campo de concentración de Miranda del Ebro donde se hacinaban más de diez mil prisioneros, entre ellos franceses, judíos y gitanos que venían huyendo de los nazis alemanes. Los responsables de las minas asturianas rechazaron al batallón de trabajadores porque no querían personal militarizado. Como no pudimos trabajar en las minas nos aprovecharon para trabajar en una nueva vía de tren que se estaba construyendo desde Miranda del Ebro hasta Irún. En esa faena aprendí a palear de verdad con los compañeros asturianos prisioneros. En junio de 1940 me dieron la libertad y una lata de sardina y un chusco de pan para llegar hasta mi casa".

Preso y prófugo a la vez

Al regresar a la isla tras su itinerario por diferentes prisiones a Antonio García no le dan tiempo para pensar en su futuro. En Tenerife se encuentra con la desagradable sorpresa de su inmediata presentación en la caja de alistamiento. Mientras cumplía cuatro años prisión, sin cargo alguno, la maquinaria burocrática le había dado por prófugo.

"Nada más presentarme a la caja de reclutas me enviaron rápidamente al campamento de Hoya Fría. Instrucción y trabajo en la costa, en la zona de los Moriscos donde se estaban construyendo emplazamientos de baterías puesto que se temía algún desembarco o algo por estilo. De allí me pasaron al regimiento de infantería San Carlos. Nada más llegar al nuevo destino lo primero que me dicen: Usted no puede ascender, ni tener destino ni disfrutar permisos... Una vez me mandaron a las prácticas de tiro con una ametralladora francesa y me felicitaron por la puntería. Como en el regimiento me la pasaba todo el tiempo leyendo un brigada andaluz me dijo: Antonio, hazme el favor de ir a Paso Alto y te presentas al capitán don Francisco Moreno para que te quedes de escribiente con él porque le he mandado dos y me los ha rechazado. Pero mi brigada yo no puedo tener destino... Tú calladito y vas y te presentas y no digas nada. El capitán Moreno era el delegado de la División Azul en Tenerife, un señor viejecito que siempre estaba fumando con boquilla. Muy buena persona. Me dijo que me hiciera cargo de la oficina. Mi misión consistía en hacer un registro de los que entraban arrestados o condenados y de los que salían. Un oficio lo remitía al capitán general y otro para el gobernador militar. Así me quedé de escribiente en Paso Alto".

La movilización

Nada más terminar la Guerra Civil española, un dramático ensayo de la que vendría más tarde, el mundo se vio abocado a una guerra global que, a lo largo de cinco años, se cobró alrededor de 38 millones de víctimas. En España se produce una nueva movilización. Los que ya habían cumplido el servicio militar y estaban licenciados fueron llamados de nuevo y los que, como el caso de Antonio García, seguían en el servicio se les obligó a prolongar su estancia. Antonio García seguía de escribiente en el castillo de Paso Alto, donde el almirante Horacio Nelson fue atendido de sus heridas en 1797 y en el que transcurrieron los últimos días de arrepentimiento del pirata Cabeza de Perro antes de su ejecución en los llanos de los molinos.

"En Paso Alto tenía una pequeña habitación con una mesita y una estantería de libros. No se sabía cómo podía acabar la guerra europea. En una de las paredes había colocado un mapa donde iban marcando con banderitas el avance de las tropas rusas. Un teniente de aviación que estaba arrestado allí cogió confianza conmigo y me dijo: No te creas que los rusos van están avanzando, los alemanes son muy listos y van retrocediendo para dar la vuelta al mundo y cogerlos por detrás... El teniente asturiano estaba basilando. Por allí conocí a varios sargentos y tenientes coroneles que entraban arrestados por diversas causas. El que más me llamó la atención fue el nuevo capitán que se puso al frente de Paso Alto. Era un anciano respetable que le tenía auténtica alergia a los uniformes militares. Se pasaba todo el tiempo vestido de paisano en el Club Náutico de donde me llamaba para que le llevara los partes y la correspondencia. Siempre me preguntaba: ¿Qué cómo va aquello? Bien, mi capitán. Y, mientras se tomaba el aperitivo mañanero me recomendaba con afecto que tuviera cuidado con aquella oficina para que ningún preso me jugara alguna trastada".

Antonio García García coincide en que las voces grabadas en las paredes de la prisión de Paso Alto y el mudo tronar de sus épicos cañones que lo custodian no dejan de reclamar una novela a lo Gesualdo Bufalino, autor de Las mentiras de la noche. Las historias de las celdas también contribuyen a a la configuración de la identidad perdida.