Pero hay que parar los pies cuanto antes al neofranquismo y neofascismo. Están envalentonados. El poder del dinero y la fuerza andan desatados con ese Elon Musk haciendo el saludo nazi, ese Mark Zuckerberg predicando “más energía masculina”, ese clamor regresista por subir el gasto bélico mientras desprestigia, abandona y trata de destruir las estructuras de diálogo multilareral. Ayer, en Barcelona, la gente señaló el camino de salida a este atolladero al parar el desahucio de un vecino trabajador, un inquilino cumplidor frente a los especuladores de la Casa Orsola. La esperanza está en unirse y cuidarse.