A LAS PUERTAS DEL
INFIERNO
Sobre el
posible significado del color zanahoria de la cara de Donald Trump
Ilustraciones
de Sarah Baartman publicadas en el Volumen II de
Historia
Natural de los Mamíferos (1819).
04.12.24
Hace ya un tiempo que suelo levantarme
bastante más temprano que antes, poco después de las siete de la mañana. En
invierno, a esta hora, todavía es de noche, y si el cielo está despejado, hay
días que puedo ver, desde la ventana del cuarto donde trabajo, la luna
brillando aún. Ocurre así cuando hay plenilunio y durante buena parte de la
fase menguante. Cuando está llena, veo ponerse la luna entre los tejados del
edificio de enfrente, ya clareando el cielo por levante. Conforme mengua,
atraviesa cada vez más rezagada el azul celeste de la mañana.
08.12.24
Citaba semanas atrás, en uno de estos
apuntes, un libro que se cuenta para mí entre las más provechosas lecturas de
este año: Zoos humanos, “ethnic freaks” y
exhibiciones etnológicas: una aproximación desde la antropología, la estética y
la creación artística contemporánea, de Hasan G. López Sanz (Valencia,
Concreta, 2017). Di con él muy azarosamente, curioseando hace ya seis años en
la mesa de novedades de una librería berlinesa, a donde no sé cómo demonios fue
a parar. Aunque muy intrigado por el asunto del libro, aplacé muchas veces su
lectura, que emprendí por fin este otoño pasado, quedando enseguida absorbido
por todo lo que en él se dice y se cuenta. El trabajo de López Sanz, muy bien
documentado y excelentemente escrito, está lleno de datos asombrosos, y
constituye una reflexión de enorme calado sobre las relaciones de Europa con la
Otredad encarnada por las distintas razas y culturas a que se fue enfrentando
durante el proceso de expansión colonial iniciado en el siglo XV e
intensificado en los siglos XVIII y XIX. Todo es aprendizaje en la lectura de
este libro, que mueve a una severa autocrítica de sesgo ideológico y cultural.
La tensión ensayística no permite que las noticias y anécdotas alucinantes que
llenan el libro conquisten el primer plano y ahoguen la inquisición polémica de
tantos prejuicios y presupuestos que aún gobiernan nuestro trato con los
miembros de otras etnias, a pesar del mestizaje y del multiculturalismo que
pretendidamente caracterizan a nuestra sociedad. El caso es que uno se queda
pasmado de lo que lee. Poblados indígenas expuestos a la observación como los
leones en el zoo, Freak Shows, museos de curiosidades, espectáculos de
danzas, de costumbres, de combates, de rituales aborígenes. Tribus enteras
traídas desde sus lugares de origen como si fueran animales y exhibidas en
circos y recintos feriales con decorados y atuendos que mimetizaban su forma de
vida. A menudo viajaban en tren o en caravanas por toda Europa, y el frío y las
enfermedades diezmaban a la mayoría. Al comienzo no era raro que sus cadáveres
fueran disecados y expuestos así a la insistente curiosidad de las multitudes
que acudían a las llamativas exhibiciones de esos seres fantásticos, a medio
camino entre el mono y el hombre. No es extraño que el destino de esos
desdichados haya atraído la imaginación de no pocos cronistas y novelistas
(véase, sin ir más lejos, Huesos sin descanso. Fueguinos en Londres,
de Cristóbal Marín, recién publicado por Debate), también de algunos cineastas
(como Abdellatif Kechiche, que dirigió en 2010 Venus negra,
sobre la célebre Saartjie Baartman,
la Venus de Hotentote, paseada por toda Europa como si fuera un oso y obligada
a exhibirse desnuda para que admiraran sus enormes glúteos y sus “monstruosos”
labios vaginales). Todavía en 1937, en la Exposición Colonial de París, se
mostraban reconstrucciones de poblados negros con sus supuestos habitantes
realizando sus tareas supuestamente cotidianas. Y he aquí que, cuando todavía
no ha transcurrido un siglo, los descendientes de tantos pacíficos y morbosos
ciudadanos que iban a contemplar a esos pintorescos aborígenes votan en masa a
partidos que alientan el temor y el rechazo a sus nietos, a quienes deniegan la
entrada en sus países. Fuera de sus jaulas, ya no resultan tan interesantes, y
sí en cambio peligrosos. Es preferible contratar viajes para visitarlos en sus
lugares de origen y hacerse fotos con ellos. Ahora es el planeta entero el que
se ha convertido en zoológico y parque temático. Y preferimos los safaris.
Entretanto, Europa va camino de convertirse ella misma en una jaula que se
protege con barrotes cada vez más apretujados del enemigo exterior, que pugna
por entrar. Qué miedo.
12.12.24
Titular de El Periódico:
“La elefanta Yoyo dona su cuerpo a la ciencia”. Yoyo tenía 54 años, era la
elefanta más longeva del mundo en cautividad, y al parecer, durante su largo
cautiverio en el zoo de Barcelona, aprendió a disponer libremente de su
cadáver. En el mismo artículo se nos informa que su esqueleto se incorporará a
una “biblioteca arqueológica” para ser estudiado en todo el mundo y que un
equipo de arqueólogos del Institut Català de Paleoecologia se ha encargado de
procesar los restos del paquidermo y se prepara ahora para crear un modelo en
3D de sus huesos.
14.12.24
“El bufón de corte, el que menos posee
junto al que lo posee todo. Actúa continuamente ante los ojos de su señor como
en una especie de libertad, pero luego se halla otra vez a merced de él. El
señor percibe la libertad de este ser libre de toda carga, pero como éste le
pertenece, puede imaginarse que también le pertenece la libertad” (Elias
Canetti, apunte de 1960 recogido en La provincia del hombre).
Convendría
que tomaran nota de esto tantos gamberros y humoristas consentidos que se
perciben a sí mismos como transgresores. Por lo demás, hay margen para debatir:
¿pertenece al señor la libertad de su bufón, o sólo se lo imagina?
17.12.24
Titular de El Periódico:
“El sector editorial cierra el mejor año de su historia con 1.200 millones de
euros de facturación”. Lo ha dicho el presidente del Gremi d’Editors de
Catalunya, Patrici Tixis, durante el tradicional balance anual del sector. A lo
que ha añadido: “Si el libro sigue siendo el regalo estrella, claramente
podemos superar esos 1.200 millones, lo que supondría un crecimiento de cerca
del 10 % respecto al año pasado”. Dado que me gano la vida en el sector
editorial, donde los trabajadores (correctores, traductores, editores libres,
etc.) todavía nos resentimos de los reajustes y retrocesos que supuso la crisis
padecida hace más de diez años atrás, me pregunto cuándo esta euforia y este
optimismo se reflejarán en las tarifas que cobramos.
21.12.24
La invitó a entrar en su miserable
vivienda, en los suburbios de Cusco. Allí, por las noches, dormía hacinada la
familia al completo, padres e hijos, siete en total, sobre un único camastro.
El suelo era de tierra pisada, con un hoyo en el centro donde se cocinaba al
fuego de leña, en una olla mugrienta. Ropa colgada de clavos y cartones. Y
trastos por todas partes, amontonados. En una de las paredes de tablas, un
pequeño candil encendido al pie de una foto enmarcada. Mi hermana se acercó
para verla. Era la foto de un hombre de edad media, una foto de estudio, fondo
azul, el pelo repeinado, la expresión apurada. Mi hermana preguntó, cortésmente:
“¿Un familiar?”. “No, no”, le respondió la mujer, riéndose. “La encontró mi
marido el otro día, rebuscando en los desechos, y se la trajo”. Cuando mi
hermana me lo contó, el detalle me conmovió y me dio risa. Luego pensé que no
era tan disparatado. Me imagino entrando en una casa señorial, suntuosa, con
cuadros en sus salones. Uno de ellos es el retrato de un anciano, una pintura
de escuela, de buena factura, expresiva, como tantas que cuelgan en museos y
tiendas de antigüedades. También en este caso cabría preguntar con impostada
cortesía, para estupefacción de los dueños de la casa: “¿Un pariente?”.
01.01.25
“Como no sé cuándo vendrá la aurora /
abro todas las puertas; / si tiene alas y pluma será un pájaro, / si viene en
forma de olas será un mar” (Emily Dickinson, trad. de Carlos Pujol).
Mi
amigo es un tipo de izquierdas. Por eso me sorprendió que la noche anterior,
como llovía, él y su pareja decidieron quedarse en casa y llamaron a un Glovo
07.01.25
Mi amigo es un tipo de izquierdas. Me
consta que en las últimas elecciones votó a Podemos, o a Sumar, ya no me
acuerdo, y en muchas de nuestras conversaciones ha expuesto con brillantez y
convicción argumentos siempre contundentes y movilizadores que justifican su
opción. Por eso me sorprendió que la otra noche, conversando como siempre, se
le escapara decir que la noche anterior, como llovía, él y su pareja decidieron
quedarse en casa viendo una peli y que llamaron a un Glovo para hacerse traer
arroz tres delicias y unos rollitos de un restaurante chino que a los dos les
encanta.
17.01.25
Ceremonia de entrega de los Premios Zenda.
El gran impulsor del proyecto Zenda, Arturo Pérez Reverte, declara para la ocasión: “Los Premios
Zenda surgen para reconocer el esfuerzo y el talento de escritores, libreros y
editores. Y su dotación, en vez de ser económica, se medirá en prestigio:
pretendemos que tanto la alta calidad del jurado como la justicia con los
premiados conviertan estos premios en una referencia”. El jurado está
compuesto, entre otros, por el redactor jefe de Cultura de El País, la
redactora jefe de El Cultural de El Español, la jefa de Cultura
en la Cadena SER, la directora de El Ojo Crítico de Radio Nacional, el
director de ABC Cultural, el director de Cultura/s en La
Vanguardia y el director de Zenda. No hace falta ser programador
para deducir el algoritmo a que da lugar este directorio. A la gala, que
imitaba el molde de la de los Goya (lo que le valió el ser calificada por el
diario ABC, con inesperada audacia y originalidad, como “la gran fiesta
de la literatura”), concurrió un nutrido elenco de sospechosos habituales (de
hecho, casi todos los imaginables, con Luis García Montero y José Luis Martínez
Almeida al frente), a los que se sumaron algunas figuras que vaya Dios a saber
qué hacían allí, como Félix Bolaños, Borja Semper y Gabriel Rufián. Como dijo
el mismo Pérez-Reverte: “Pocas veces se han juntado tantos nombres
desinteresadamente”. Será porque en todos ellos han calado hondo las premisas
fundacionales de la plataforma, que –de nuevo en palabras de Pérez-Reverte– se
proponía constituir “un lugar nuestro, libre, independiente, donde reunirnos
como si se tratase de un espacio público (...) una especie de lugar o plaza
común, de legión extranjera donde a nadie se le preguntara sino por libros y literatura,
sin buenos ni malos, sin etiquetas ni ideologías”. La gala contó con el
patrocinio de Iberdrola y de Telefónica, y con la colaboración del Banco
Santander.
¿Por
qué no iba yo a concurrir a la fiesta del X Aniversario de CTXT, organizada en
el Teatro del Barrio de Madrid sin el patrocinio de Iberdrola ni de Telefónica?
20.01.25
Si Borja Semper y Gabriel Rufián
acudieron a la gala de los premios Zenda, ¿por qué no iba yo a concurrir a la fiesta del X Aniversario de CTXT,
organizada en el Teatro del Barrio de Madrid sin el patrocinio de Iberdrola ni
de Telefónica, sin la colaboración del Banco Santander y con la clamorosa
ausencia de Luis García Montero y José Luis Martínez Almeida? Además, ¡también
allí se concedían premios (uno con dotación económica), premios de prestigio,
acreditados por la alta calidad del jurado y la justicia con los premiados!
También allí concurrían los sospechosos habituales, todos desinteresadamente,
acaso atraídos también por el aura romántica de lo que en este caso, más que a
una legión extranjera, se parece al Pelotón Chiflado. Pero es que, como dijo
el justamente homenajeado Jaime Fernández, con pocas y certeras palabras que
uno sospecha que constituyen la clave de esta revista: “CTXT es nuestra
militancia”.
Mi
madre murió a los 98 años. No pocos amigos daban por supuesto que este dato
debía actuar como atenuante de la pena y del dolor de la pérdida
23.01.25
Mi madre murió a los 98 años de edad. No
pocos amigos, al expresarme sus condolencias, daban por supuesto que este dato
–el de la edad de mi madre– debía actuar como atenuante de la pena y del dolor
de la pérdida. A este propósito, he reflexionado en una de mis columnas
para El Cultural sobre la paradoja que entraña lamentar más la muerte de
un niño o de un joven que la de un anciano, cuando, si se atiende al
“contenido” de una vida, cabe pensar que la muerte de un anciano supone una
pérdida mucho mayor. Recordaba en mi columna una anotación de Rafael Sánchez
Ferlosio en la que habla de la “cantidad de muerte”. Ferlosio pone en boca de
un personaje la idea de que “cuanto más arriba en la vida, más cantidad de
muerte”. Y le hace decir: “La cantidad de muerte de un chacal es evidentemente
mucho mayor que la de un pez”. Esta idea de cuantificar la muerte –añadía yo en
mi columna– resulta chocante de buenas a primeras, al menos formulada en estos
términos, pero no deja de estar latente en la relación que mantenemos con ella.
Sólo que la lógica empleada suele operar inversamente. Medimos el dramatismo de
una muerte en función de la “cantidad de vida” que al que fallece le queda por
vivir, en lugar de hacerlo en función de la que ha vivido ya. Pero dejo ahora
de lado esta consideración para estirar otra que me inspira ese concepto
ferlosiano de “cantidad de muerte”, concepto que de pronto me parece que empapa
por completo nuestra relación con ésta, más allá de cuál sea la edad de quien
muere. La pretensión de que “la cantidad de muerte de un chacal es
evidentemente mucho mayor que la de un pez”, ¿no es equiparable, por ejemplo, a
la de “la cantidad de muerte de un israelí es evidentemente mucho mayor que la
de un palestino”? Asumimos a diario declaraciones, informaciones y situaciones
que así lo confirman. Como confirman que “la cantidad de muerte de un europeo
es evidentemente mucho mayor que la de un yemení”. Y no sólo eso: dentro de
nuestras sociedades, la cantidad de muerte de un potentado o de un famoso es
evidentemente mucho mayor que la de un trabajador cualquiera. Años atrás obtuvo
cierta resonancia una exitosa película italiana titulada El capital humano
(de Paolo Virzi, 2013). El título de la película ironizaba sobre esta expresión
característica del ámbito empresarial –la de capital humano–,
supuestamente empleada por los expertos de las aseguradoras para cuantificar la
indemnización que debe pagarse por la pérdida de una vida, calculada conforme a
parámetros tales como la esperanza de vida de la persona en cuestión, sus
retribuciones potenciales y “la cantidad y calidad de sus lazos afectivos”.
¿Cabe una manera más flagrante de evidenciar que también la muerte está sujeta
a valoraciones económicas?
25.01.25
“El más hermoso ejemplar fascista con el
cual podemos tropezarnos hoy (y recomendamos a los expertos una más minuciosa
descripción y catalogación) es el supuesto antifascista dedicado exclusivamente
a llamar fascista a quien no es fascista” (Leonardo Sciascia, Negro sobre
negro, 1979).
29.01.25
Veo a Adan Kovacsics y me regala su
último libro, El destino de la palabra, recién publicado por Ediciones
del Subsuelo. Apenas llego a casa lo hojeo y me encuentro, nada más abrirlo,
con un apunte formidable, que comparto aquí. Al parecer, en unas declaraciones
hechas en septiembre de 2006, el presidente de Estados Unidos George Bush
consideró demasiado impreciso para ser entendido el artículo 14 de la
convención de Ginebra que prohíbe “los atentados contra la dignidad personal,
especialmente los humillantes y degradantes”. Lo que dijo literalmente Bush
fueron estas palabras: “La convención de Ginebra dice que no debe haber
atentados contra la dignidad humana. Es muy impreciso (wagen). ¿Qué
significa atentados contra la dignidad humana?”. Entre 1951, fecha de la convención
de Ginebra, y 2006, cuando George Bush hizo esa declaración, habían
transcurrido poco más de cincuenta años, observa Kovacsics. Y comenta: “Quienes
redactaron los artículos de la Convención sabían lo que era la dignidad humana
y lo que era atentar contra ella. Precisamente por esas fechas, a comienzos de
los años cincuenta del siglo pasado, Albert Camus situaba la dignidad en el
centro de su pensamiento. Poco más de medio siglo después ya no se sabía lo que
es”.
04.02.25
Insólito titular en la sección de
Cultura de El País: “Los nueve días que los actores españoles hicieron
temblar al franquismo”. Leo intrigado la crónica correspondiente y veo que
trata sobre un documental que se estrena hoy mismo, Mucha mierda,
dirigido por Alba Satorra. El documental reconstruye una huelga de actores que
durante algo más de una semana paró, al parecer, en buena parte de España,
teatros y rodajes, incluidos algunos de la televisión. “La cosa acabó con la
detención de ocho intérpretes, entre ellos Rocío Dúrcal, Tina Sainz y Enriqueta
Carballeira.” Eso fue lo que, según la crónica, hizo “temblar” al franquismo.
Pero lo más concluyente es la fecha en que tuvo lugar la huelga de marras:
febrero de 1975. Es decir, ocho meses antes de la muerte de Franco.
Fue
un error no ver que la libertad y la igualdad siempre estuvieron relacionadas
10.02.25
Leo la entrevista que
publicó ayer La Vanguardia al historiador estadounidense Timothy Snyder.
Lo hago atraído por la frase que le sirve de titular: “En EE.UU. creímos en una
idea de libertad que nos ha dejado sin ella”. Me pregunto si la frase no es
aplicable a Europa también, y en general a todo Occidente. El mismo Snyder
ofrece la clave de que haya ocurrido así: “Durante cincuenta años en mi país
hemos descuidado el problema de la desigualdad, y la desigualdad está
directamente relacionada con la libertad. [...] Si dejas que la desigualdad se
vuelva demasiado grande, la libertad se vuelve difícil, porque las cosas que
todos necesitan para la libertad ya no son una política gubernamental. Fue un
error no ver que la libertad y la igualdad siempre estuvieron relacionadas.
Para la libertad se necesitan escuelas públicas o buenas carreteras que solo un
gobierno puede hacer”. De nuevo cabe preguntarse si no viene pasando lo mismo
en todas las democracias occidentales. Extrañamente, parece que Snyder tiende a
idealizar la salud democrática de Europa, conforme sugieren sus ideas acerca de
cómo debería resolverse la guerra de Ucrania.
11.02.25
No hay día que los titulares de la
prensa no destaquen la nueva animalada proferida horas antes por Trump. La de
hoy es, otra vez, una amenaza, cómo no, en esta ocasión a Hamás. Si no libera a
los rehenes israelíes antes del mediodía del sábado 15 de febrero, “se abrirán
las puertas del infierno”. Palabras que confirman lo que viene insinuando, días
tras día, el tono cada vez más subido del color zanahoria del rostro de Trump:
que él mismo es el cancerbero del infierno. Un diablo, sí. Un pobre diablo,
pero diablo al fin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario