LA GRAN BORRACHERA DEL 23
DE FEBRERO DE 1981
DOMINGO
GARI
No sé cómo serán
ahora los mandos militares ni, por extensión, los de la guardia civil, pero por
mi contacto con ellos en 1980, cuando me tocó ir a la caja de reclutas, salí de
allí con la idea de que aquella gente bebía sin medida. Desde primera hora de
la mañana exhalaban aromas a brandy o similares. Como los coches de gasoil de
antes, arrancaban a ralentí y comenzaban a funcionar tras los primeros tragos.
Aquella impresión se me quedó grabada y, después, ocasionalmente, cuando he tenido contacto de algún tipo, no ha hecho sino reafirmarse. Y, ahora, que estamos a las puertas del 43 aniversario del golpe de estado del 23 de febrero de 1981, leo un nuevo libro recién salido que indaga un poco más a fondo sobre lo que sucedió ese día.






