NOVIEMBRE, CUANDO LOS “MUERTOS”
CELEBRAN LA VIDA
ITZAMNÁ
OLLANTAY
Todas las
civilizaciones y culturas buscaron respuestas a las grandes preguntas
existenciales que inquietan al ser humano. Así como la inquietud sobre el
origen del mundo y de la humanidad, también la pregunta sobre la muerte, fue y
es una constante en la vida.
En el caso de las
civilizaciones Quechua, Aymara, Maya, Azteca, entre otras, explicaron la
“muerte”, como parte de un ciclo de la Vida en constante regeneración. Mas no
como un fatal final, o fracaso existencial. Por eso, incluso en nuestras
comunidades bautizadas la “muerte” de un ser querido no se llora, se celebra
con fiesta. Abundante comida, bebidas y música.
Quienes fallecen y
se reincorporan al vientre húmedo y fresco de nuestra Madre Tierra no
desaparecen de nuestra convivencia cotidiana. Ellas y ellos, renacidos a una
nueva dimensión existencial, diferente a la nuestra actual, continúan siendo
“sujetos” en y para la comunidad cósmica, con sus derechos y obligaciones.
Continúan siendo sujetos históricos colectivos, acuerpando e impulsando las
inconclusas historias familiares y/o nacionales.






