PAJARILLOS CONTRA RIFLES
ANÍBAL MALVAR
La cosa es pendular. En los años ochenta, los fascistas de siempre se peleaban a ver quién era más súper demócrata (dentro de un orden, señor cura). Recuerdo a Manuel Fraga, fundador del PP, llorando en actos de homenaje a Castelao, aquel político, dibujante y escritor gracias a quien los gallegos nos enteramos, tarde, de que éramos gallegos. Lloraba Fraga muy auténticamente, como si se le hubiera muerto la esvástica, y uno, periodista recental, lo miraba flipado en aquellos actos de homenaje al genio rianxeiro: sollozaba Fraga por la memoria de un hombre cuya obra había perseguido ferozmente cuando ministro de Franco.
Ahora la tendencia se ha invertido. Demócratas incontestables hacen ímprobos esfuerzos por parecer fascistas. Y es que Santiago Abascal, más que un fenómeno político, es un influencer.
Nuestros grandes periódicos de tirada nacional no tuvieron a bien sacar en sus portadas las amenazas de muerte recibidas por Fernando Grande Marlaska, Pablo Iglesias y María Gámez, la primera directora general de la Guardia Civil que ha tenido España. No se trataba de pintadas en los buzones o rajadas de neumáticos. Eran proyectiles reales, de Cetme, muy difíciles de comprar en los chinos, y llegados al umbral de su intimidad.






