EL DÍA EN QUE MURIÓ UMBRAL
DAVID TORRES

En la primera frase
de Umbral en Anatomía de un dandy, el documental póstumo que explora su figura,
ya hay varias imprecisiones, las suficientes para comprender que Umbral sigue
siendo terreno resbaladizo, un agujero negro con melena y bufanda, un enigma
relleno de trampas, artimañas y equívocos, desde aquella voz que venía ronca y
desfigurada a través de una armadura hasta la ropa traída desde diversos
tenderetes literarios. Le dicen que en sus libros siempre habla de sí mismo y
él responde que por supuesto: "Yo lo que tengo que hacer es contar mi vida,
que es lo que han hecho los buenos, porque todas las vidas son iguales y tienen
temas comunes a la especie humana". La última afirmación es cierta, lo
demás, desde luego, no: ni todas las vidas son iguales, como lo demuestra, sin
ir más lejos, la de Umbral; ni los buenos (es decir, los grandes escritores) se
han dedicado a contarnos su vida. No lo hicieron Homero, ni Cervantes, ni
Shakespeare, ni Dante, ni Flaubert, ni Gogol, ni Poe, ni Conrad, ni Kafka, ni
Borges.