jueves, 25 de agosto de 2022

GOBIERNO FULLERO

 

GOBIERNO FULLERO

DAVID BOLLERO

El decreto energético es un batiburrillo de

medidas dispares. - Kwon Junho

Mañana se someterá a votación en el Congreso el decreto de medidas de ahorro energético. Todo indica que saldrá adelante con el apoyo de los socios de investidura y la oposición frontal del PP, que a estas alturas continúa sin aportar alternativas viables a la grave situación energética que atraviesa toda Europa. A pesar de la urgente necesidad de adoptar medidas, este decreto no debería salir adelante mañana; el modo en que el Gobierno de España ningunea a sus socios es intolerable y ha de ser parado en seco pues, de otro modo, las consecuencias serán peores.

 

Nadie duda de la necesidad de medidas similares a las contempladas en el decreto energético, pero la unilateralidad con que ha sido diseñado desaconseja su aprobación. Se trata de la enésima ocasión en lo que va de legislatura que el Ejecutivo de Pedro Sánchez va por libre, ignorando a quienes en los momentos más críticos le insuflan respiración asistida a este gobierno, incapaz de aprobar por sí solo medidas clave en su programa.

 

La falta de respeto por sus socios de investidura es absoluta y, como sucedió en el caso de la reforma laboral, ya se ha llevado algún varapalo. Otras veces, partidos como el PNV han apoyado las medidas pero reiterando sus quejas y advertencias por haber sido ignorado. Sánchez desoye estos avisos y continúa gobernando a golpe de decretazo como si disfrutara de una mayoría absoluta que ni tiene ni tendrá en las próximas elecciones.

 

 

 

Quizás ha llegado el momento de parar en seco este proceder y retrasar unas semanas la aprobación de las medidas de ahorro energético, para confeccionarlas de manera conjunta, no sólo con sus socios, sino con un conjunto más amplio de actores. Aunque la derecha se pierde en minucias, lo cierto es que las medidas propuestas son notablemente mejorables; por citar alguna de las demandas de los hosteleros, nada tiene que ver el clima de A Coruña con el de Córdoba y, sin embargo, se impone el café para todos.

 

El voto en contra no sólo ha de servir para que Sánchez se tome de una vez por todas en serio a sus socios, también para desenmascarar el proceder tramposo que comienza a ser costumbre. El decreto energético, en realidad, no es tal, pues incluye un batiburrillo de medidas, como las becas de estudio de 400 euros a las familias, que nada tienen que ver con la energía. Este gobierno fullero adosa esas ayudas o la gratuidad del transporte público a otras medidas más polémicas/cuestionables para que si se quieren las primeras haya que tragar con las segundas. Al más puro estilo de la Transición, cuando se nos coló la monarquía en la Carta Magna para que si queríamos democracia tuviéramos que tragarnos al Borbón, el Gobierno recurre a esta trampa para, en caso de votar en contra del decreto, soltar toda suerte de reproches, como de hecho ya hizo esta semana la portavoz del Gobierno Isabel Rodríguez.

 

Mientras, el PP no está a la altura. Con un Feijóo cada vez más parecido a Casado y un liderazgo absolutamente desdibujado, el principal partido de la oposición vive de los desméritos ajenos más que de los méritos propios. Y lo hace porque, desafortunadamente, funciona, al menos para alcanzar el poder, porque en lo que se refiere al bienestar ciudadano, juega en nuestra contra. Comunidades como Castilla y León o Madrid ya perciben la consecuencia de sus votos pero en el margen izquierdo continúan los patinazos y pasará factura.

 

No es la primera vez que Sánchez recurre a este juego de trileros; ya lo hizo en el pasado con el aumento del 15% de las pensiones no contributivas de jubilación, metido en el paquete de medidas anticrisis para poner así contra los pensionistas a quien no votara a favor de todo el pack. Del mismo modo que no es de recibo que Sánchez pretenda gobernar en solitario cuando no tiene los escaños necesarios para ello, tampoco lo es que haga trampas en esta partida en la que arriesgamos tanto. No juega limpio y hay que denunciarlo, incluso, aun cuando las medidas por separado tengan sentido. Es hora de reivindicar una política decente.

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