DIVAGACIONES DEL 11 ABRIL
DUNIA SANCHEZ
Esbozo una línea
parada en el horizonte. El blanco de la hoja se enhebra de acuarelas donde la
calma rebrota tras el descanso. Ahora,
gentes aplauden a sus rejas, a sus velos, a esas verjas que nos impiden el paso.
Un paso en la tranquilidad de nuevos atardeceres que caen en su roce con la
luna. Y yo aquí, pasmada con cada acontecimiento que prematuramente nos
desalma, nos abate en un instante mínimo para luego ser lucidez. Me meto entre
fogones y hago algo de comer. Siempre
ideando, siempre en la quietud de estas puertas cerradas.
Me miro al espejo y dejo caer mis canas, mis
ganas y pausadamente al ritmo de tambores alargo un baile para mis adentros.
Desde mi ventana, un cielo despejado, con sabor a algunas nubes blancas de la
nostalgia. Esbozo una sonrisa parada en el horizonte y vago como pajarillo
picoteando con mis ojos cada rama. Aquí tengo semillas, las esparzo por el
jardín. Me trae sin cuidado las miradas de agujas. Y mañana vendrán nuevos
pájaros que cantaran al ritmo de alegría, libres. Y pausadamente miro mi piano,
me siento y me dejo ir. No hay partituras, solo las notas del silencio, de la
quietud, de la serenidad. Los versos revolotean en cada una de su teclas y
cierro los ojos y me encuentro en que no soy yo, este exterior de las
apariencias, sino las profundidades misteriosas de mis venas. Esbozo un gesto
de complicidad con él y continuamos. Eso
mismo, continuar. Tenemos que seguir con nuestros pasos aunque sean callados.
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