domingo, 16 de febrero de 2020

DERECHOS HUMANOS Y HUMANOIDES DE DERECHAS


DERECHOS HUMANOS Y HUMANOIDES DE DERECHAS
ANÍBAL MALVAR
En una decisión insólita, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos acaba de avalar la devolución en caliente de migrantes que no han demandado asilo previamente, y la derecha mediática española no ha tardado en ponerse cachonda y albriciosa para celebrarlo. El Mundo, por ejemplo, no califica de "insólita" la resolución, sino de "histórica", pues "contradice una primera sentencia de los jueces de Estrasburgo que condenó a España por esta práctica, entonces considerada incompatible con los estándares humanitarios europeos".
Se colige de todo esto que esos "estándares humanitarios europeos" son cambiantes y mudables, lo que nos viene a hacer sospechar que la ultraderecha europea está haciendo muy bien su trabajo. La Declaración Universal de Derechos Humanos ha caducado en Europa, amigos. Si no le gustaban a usted nuestros principios, señor Trump, tenemos otros.


Esta sentencia del tribunal de Derechos Humanos más bien parece escrita por derechistas humanoides, que suena parecido pero no viene a ser igual. Pongamos un ejemplo. Si es usted un niño sirio al que acaban de bombardear la casa, matar a sus padres y amenazarlo de muerte, no huya, que correr es peor. Diríjase tranquilamente a la oficina de correos más cercana o menos bombardeada y curse una solicitud, manténgase atento al móvil y al buzón y espere, que la vieja Europa atenderá sus demandas con celeridad.

Digo que la ultraderecha está ganando la batalla, incluso en las más exquisitas instancias europeas, porque ha conseguido cambiarnos el foco para señalarnos que tenemos un problema con la inmigración, olvidándonos de que son los migrantes los que sí tienen un gran problema. Y nuestro deber humanitario es ayudarlos, con tribunal o sin tribunal europeo. En 2018, último dato conocido, entraron por España, con destino a toda Europa, menos de 60.000 migrantes. No parecen demasiados. Con los millones de dinero público distraídos por Eduardo Zaplana o Luis Bárcenas hacia paraísos fiscales, a esos 60.000 los ponía yo enseguida a vivir como marajás y sin dar un palo al agua. Disculpad la simpleza e infantilismo de mis razonamientos, pero me he dado cuenta de que Einstein tenía razón. De que la cuarta guerra mundial solo se puede dirimir con palo y piedra.

Mientras todo esto ocurre, pasan los años, los quinquenios y las décadas y la Unión Europea se nos muestra incapaz de dar una respuesta coordinada al fenómeno migratorio, y al final el único recurso que se avala es ofrecer a los migrantes una patada policial de vuelta hacia el hambre y la muerte. Pues, ya puestos, ahorrémonos también el alto tribunal. Preguntarle a Abascal o a Orban sale mucho más barato.

Según el editorial ya citado, mis palabras serían enmarcadas por El Mundo entre "las visiones más ingenuas del contexto geoestratégico europeo".  No sabéis lo orgulloso que me siento de mi geoestratégica ingenuidad.

Ya lo dice La Razón, encantada con el fallo: "Afectará a la legislación europea". Se ha sentado un precedente jurídico. Y, con un gran corazón, añade el periódico de Planeta: "Ahora toca hacer política de verdad, invertir en el control de fronteras y establecer formas rápidas y eficaces para atender a los refugiados políticos --lo que no es fácil cuando se trata de regímenes totalitarios-- de la inmigración económica". O sea, que a los muertos de hambre por la desertización de sus tierras causada por nuestro cambio climático, ni agua. Como mucho, el agua del Tarajal, donde aun flotan los cadáveres de nuestras conciencias extraviadas.

Dejo de escribir aquí, aunque voy corto en palabras, pues se me están poniendo los dedos perdidos de asco.

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