jueves, 2 de noviembre de 2023

PUESTA DE LARGO

 

PUESTA DE LARGO

Ser buen monarca consiste en saber leer bien lo que toca leer y evitar salirte del papel institucional. Imaginen que Leonor hubiera jurado llevarse la pasta a paraísos como su abuelo o meterse en política como su padre

GERARDO TECÉ

La princesa de Asturias jura la Constitución

española. / Casa de SM el Rey

Un amigo me contó que estuvo una vez en una puesta de largo en la que la protagonista decidió hacer esperar media hora a sus invitados para luego entrar al salón de celebraciones vestida de blanco y solemnemente acompañada de unos sones que se parecían sospechosamente a los de la marcha nupcial. Justo cuando iba a empezar a contarme detalles de eso que había presenciado y que había llevado a una chica de 18 años a recorrer el camino hacia el altar casándose consigo misma ante la incomodidad de los asistentes, lo frené en seco: ¿qué te han invitado a una puesta de largo? Hasta donde yo sabía en ese momento, las puestas de largo eran un rito tribal de la alta sociedad y mi amigo era informático. Usó el sistema binario para explicármelo: hay quien lo hace y hay quien no, pero eso ahora ya se ha democratizado y la gente monta unos saraos que no veas, me advirtió, confirmando que democratizar no siempre es un verbo positivo.

 

Hablando de democracia y puestas de largo, bienvenidos al Congreso de los Diputados en el que hoy los leones tienen exactamente la misma mirada de estupor que los asistentes a aquella autoboda. Piensen que el edificio donde estamos representados los ciudadanos españoles mediante el voto luce sus mejores galas cuando a él acuden quienes no se someten a voto. Son detalles en los que usted no cae, pero los leones tienen mucho tiempo libre. Sea como sea, la princesa Leonor llega a la mayoría de edad y qué mejor plan para una joven de la Generación Z que celebrarlo jurando la Constitución ante diputados, senadores y resto de autoridades del Estado. Como sobre gustos no hay nada escrito, yo lo celebré con mis amigos. Me regalaron el Agila de Extremoduro y nos fuimos de botellona porque echamos cuentas y salía más económico eso que decorar las grandes avenidas con mi cara.

 

La princesa Leonor llega a la mayoría de edad y qué mejor plan para una joven de la Generación Z que celebrarlo jurando la Constitución

 

Jurar la Constitución no es algo que se haga todos los días. Ni siquiera algo que haga todo el mundo. Yo no la he jurado y usted, probablemente, tampoco. No se agobie, que no es para tanto. Otros que sí la juraron fueron el Juan Carlos I de la gran trama corrupta o el Felipe VI que se mete en política de vez en cuando rompiendo el mandato constitucional que le exige neutralidad. Es decir, que lo de hoy no dejaba de ser un acto homeopático.

 

Y publicitario. Esta especie de anuncio de la Teletienda nos vendría a contar que la monarquía no es ya ese pelador de patatas en blanco y negro que no sólo no corta y además es peligroso para sus dedos, sino un moderno pelador de patatas con un bonito y novedoso diseño con el que usted, además de disfrutar de su eficaz uso, podrá decorar su cocina. Llame ahora y le regalamos una batamanta. Por si nos lee Abascal a la salida del acto y no pilla el símil, el pelador de patatas viejo sería Juan Carlos I y el colorido y eficaz, Leonor. Es decir, que como los medios le llevan a usted repitiendo desde que el primer caso de corrupción del abuelo de la hoy protagonista salió a la luz, lo importante no es la persona, sino la institución. Argumento que cojea haciendo girar la institución en torno a la figura de Leonor y ante la ausencia en el bolo del Juan Carlos que representó a la institución durante 38 años. Una ausencia que, de rebote, ha dejado fuera del acto a la reina Sofía. Toda precaución es poca: la presencia de la una y ausencia del otro podrían haber levantado suspicacias y hasta rumores de crisis en la pareja.

 

Quien sí ha estado ha sido el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. Como sucediera en 1986 con el entonces socialista Felipe González presidiendo la jura de la Constitución del ahora rey Felipe VI, es de nuevo un líder socialista quien avala desde el Poder Ejecutivo la patada adelante que supone ratificar que, cuando Tik Tok sea ya una reliquia, en España seguiremos sin poder elegir la Jefatura del Estado.

 

 

El recorrido hasta el Congreso de los diputados donde esperaba abierta para la ocasión la Puerta de los Leones ha sido precioso. Los españoles se han echado a la calle para agitar banderitas financiadas por el Ayuntamiento de Madrid. Por suerte eran de España y no de Israel, así que es de aplaudir que Martínez Almeida haya sido capaz de controlar ese entusiasmo genocida que hubiera empañado este día tan especial. Bandas de música al paso de la comitiva, gente cantando cumpleaños feliz y la unidad de caballería de la Guardia Real escoltando los dos Rolls Royce. En uno viajaban doña Letizia y don Felipe, que mostraba en su mano izquierda una férula tras haber sufrido un accidente laboral jugando al pádel. En el otro, doña Leonor y doña Sofía saludaban con sincronía a los plebeyos concentrados a un lado y otro de la acera en el recorrido hacia la Cámara Baja. Una tertuliana de TVE destacaba un dato la mar de curioso: siendo distintas en forma de ser, estas dos hermanas tienen mucha complicidad. Como si fueran hermanas, podría decirse. El día era muy especial no sólo para Leonor. También para todo español que sabe la suerte que supone tener una familia real. Pobres franceses y pobres estadounidenses. Quizá para celebrar esta dulce fortuna, la Comunidad de Madrid ha repartido pasteles por las calles. Pasteles que han triunfado entre el campesinado concentrado en las aceras, necesitados de glucosa para poder gritar vivas sin descanso. Pasteles con los colores de la bandera de España, por supuesto. Y es que todo, excepto Feijóo, triunfa cuando lo vendes envuelto en la bandera. Feijóo también estaba en el acto viendo desde abajo cómo el sanchismo ocupaba un lugar central en la celebración. A la hora a la que la comitiva de Leonor enfilaba ya la Carrera de San Jerónimo, el gallego había repetido cincuenta y tres veces en los corrillos de espera que él había ganado las elecciones, recibiendo igual número de felicitaciones por ello.

 

Media hora después y vestida de blanco, Leonor llegó por fin a la tribuna del Congreso. Himno de España y ovación de los diputados y senadores puestos en pie que abarrotaban el Congreso en tan histórica cita. También la tribuna del hemiciclo estaba repleta. En ella, los cuatro expresidentes vivos. Rajoy en una fila y otra fila más abajo Aznar que, sentado entre Felipe González y Zapatero, les hacía el favor de evitarles la incomodidad. Pero las presencias no son lo destacable en estos actos, sino las ausencias. ¿Qué es la monarquía, sino una foto fija que mantiene los privilegios de los actores cercanos a ella? De ahí la importancia de las ausencias. Las ministras de Podemos, Belarra y Montero, así como el ministro de IU Garzón, no acudieron al acto, como tampoco lo hicieron los diputados de PNV, Junts, ERC, Bildu y BNG y algunos de Sumar. Sí lo hizo Yolanda Díaz que, desde los escaños del Gobierno, daba la bienvenida a quien hoy era presentada como la futura reina de este país sin derecho a votar la más alta institución.

 

El acto en sí fue breve y tuvo como maestra de ceremonias a la presidenta del Congreso, Francina Armengol. Su discurso previo a la jura estuvo plagado de guiños a la modernidad y pluralidad de España con citas a poetas y poetisas de lengua vasca, gallega y catalana. Un discurso que no fue interrumpido por la derecha como hubiera sido habitual en este caso. Entendemos que los diputados, que en condiciones normales estarían golpeando los escaños e insultando, creyeron necesario guardar hoy cierto respeto y educación, teniendo en cuenta que sobre la tribuna estaba la familia real. Lo cual despeja la ecuación de qué es lo que hacen con el respeto y la educación cuando sobre la tribuna simplemente hay alguien elegido por el pueblo. Dicen que, acabado el acto, varios diputados de Vox se fueron directos a urgencias de traumatología con las muñecas fisuradas de apretar los puños en silencio mientras Armengol hablaba de igualdad entre hombres y mujeres, del sometimiento de todos al derecho (sí), del problema del cambio climático y de los discursos de odio ante una princesa Leonor que asentía con la cabeza. Llegado el turno de la protagonista del día, Leonor llegó, juró y venció, a juzgar por el larguísimo aplauso que provocó en el Congreso que leyese de forma correcta la fórmula “Juro desempeñar fielmente mis funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes, respetar los derechos de los ciudadanos y las Comunidades Autónomas y fidelidad al rey”. Cuatro minutos de aplauso merecido, ya que ser buen monarca consiste precisamente en saber leer bien lo que toca leer y evitar salirte del papel institucional. Puede parecer obvio, pero imaginen que hoy Leonor hubiera jurado llevarse la pasta conseguida con comisiones ilegales a paraísos como su abuelo o meterse en política como su padre. Tan solo las señorías de PP y Vox hubieran aplaudido y el acto, quieras que no, hubiese quedado bastante deslucido.

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