viernes, 11 de junio de 2021

YOLANDA 'LA MILAGROS'

 

YOLANDA 'LA MILAGROS'

ANÍBAL MALVAR

La vicepresidenta Yolanda Díaz durante una

comparecencia en el Congreso.-

No es uno muy de andar comentando en este forillo buenas noticias, pues ironía y sarcasmo, mis más dilectas flores, germinan mejor en vertederos que en jardines. El gran Gila tenía que irse a la guerra, tan dolorosa para él, dos veces fusilado, para hacernos reír. Berlanga, otro ilustre arthumorista, nos llenaba la carcajada de verdugos, caciques fascistas y dóciles oprimidos.

José Luis Cuerda, que aborrecía la prostitución como evidente esclavismo, nos desternilló con sus elecciones democráticas para puta del pueblo. A Oscar Wilde no lo asesinaron penal, cultural y socialmente por maricón, sino más bien porque una tarde la oligarquía victoriana se dio cuenta de que llevaba lustros riéndose de sí misma por culpa del divino irlandés. Hay que andarse con mucho cuidado con el humor, sobre todo en regímenes ultra confesionales de tapado como el nuestro, donde la superstición y la beatería persiguen la risa con más ahínco que aquel Jorge de Burgos de El nombre de la rosa (que no en vano era español, y Umberto Eco dejó muy claro el porqué en sus apostillas: porque, mismo antes de la Inquisición, no ha habido mejor raza que la española a la hora de impartir dogmas y partir sonrisas).

 

El caso es que tenemos los mejores datos de descenso del paro desde que la ira divina obligó a Adán y a Eva a ponerse a trabajar, día en el que el desempleo universal descendió del cien al cero por ciento. Y no sabemos muy bien cómo deglutir tan albriciosa noticia. Si fuéramos un periódico feo, católico, sentimental y decente lo solucionaríamos apodando a Yolanda Díaz La Milagros, pero no somos ninguna de las cuatro cosas, por desgracia, y además el milagreo económico ya está copado por Rodrigo Rato, que anda todo el tiempo apareciéndose vaporosamente en las cárceles españolas subido a pedestales de billetes suizos.

 

Uno, que es más bien soso y realista, comprende que las economías más débiles y más estructuralmente dañadas son las que más sensiblemente disfrutan de los periodos alcistas. Es mucho más sencillo pasar de ser ameba a ser ostra que transformarte de ostra a ostra con perla. Sobre todo cuando en los últimos tiempos no has vendido en almoneda un par de docenas de empresas públicas.

 

Nuestros economistas y gurús mediáticos no saben cómo deglutir la buena nueva. Sobre todo cuando llevaban meses advirtiendo de que la subida del salario mínimo iba a dejar a todos los españoles, incluyendo a Felipe VI y a Ana Patricia Botín-Sanz de Sautuola O'Shea, en la indigencia más crudelísima.

 

Con Yolanda Díaz habremos visto caer el paro, pero el desempleo que va a generar el despido de nuestros gurús económicos nos va a enturbiar el dato de aquí a nada.

 

Quizá por eso, nuestro prudente Banco de España, ese que no se dio cuenta de la burbuja inmobiliaria, del perverso destino al que nos abocaban las privatizaciones de servicios básicos, del abuso de las preferentes, del trile piramidal de los sellos y las Rumasas, de las estafas de Bankia y los rescates bancarios ("recuperaremos hasta el último euro", dijeron Luis de Guindos y el inefable socialista Fernández-Ordóñez), ese Banco de España que nunca se entera, saca en estos días un fabuloso informe en el que nos asegura que la subida del SMI ha lastrado la creación de 176.000 empleos. Yo, si fuera miembro de este rabudo gobierno social-comunista, privatizaba cagando leches el Banco de España.

 

Así reza el informe del que usted me está hablando (los subrayados son de Juan Ramón Rallo, economista rallo y truheno contra la redistribución de la riqueza: no hace nada, abogó por la liberalización del precio de las mascarillas).

 

"Podría estar", "podría ser", "aunque no hubiera habido", "se podría haber visto", "habría podido contribuir"... Ya se sabe que el uso de los condicionales es preceptivo en los más científicos textos. Que una verdad social-comunista no te estropee un condicional neoliberal. O sea, que de Yolanda La Milagros, nada


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