martes, 19 de febrero de 2019

EL FASCISMO QUE VIENE


EL FASCISMO QUE VIENE
LIDIA FALCÓN
Cuando Hindemburg, presidente de la República de Weimar, nombró canciller a Adolf Hitler la socialdemocracia alemana, el partido de izquierdas más grande de Europa occidental, aconsejó a sus militantes, “ahora a esperar”. Ya sabemos lo que sucedió después.

El fascismo avanza cuando la izquierda no sabe darle respuestas ni soluciones a los sectores más desprotegidos de la sociedad. En toda Europa. Incluyendo la poderosa Alemania, el descontento de los trabajadores se refleja en el aumento de los partidos filofascistas, mientras la socialdemocracia, muy herida después de la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética y el bloque comunista, pierde peso, afiliados y votantes.

Esta situación, de extrema incertidumbre, comienza a instalarse en España con el resultado de las elecciones andaluzas sin que se haya visto una reacción adecuada por parte de la izquierda que salió perdedora. La convocatoria de elecciones generales para el 28 de abril no parece que vaya a ser el remedio. Puede temerse, fundadamente, que ni la campaña electoral en plenas vacaciones de Semana Santa, ni la precipitación con que deben celebrarse los comicios vaya a beneficiar a las formaciones de izquierda, que siguen instaladas en su convicción de que las estrategias seguidas hasta ahora son las correctas.

Y el Movimiento Feminista sigue ensimismado en sus acciones de siempre. Con su instalación en la negativa a participar en política, considerando que la única pureza es declararse apolíticas y apartidistas, las participantes están dedicadas a organizar las manifestaciones del 8 de marzo, tarea que al parecer les ocupa todo el año, a pesar de que tanto los manifiestos como las pancartas y los recorridos son repetitivos desde hace veinte.

Me recuerda el título de la novela de Juan Marsé, Encerrados con un solo juguete. La manifestación del 8 de marzo se ha convertido en el mayor objetivo del MF, dedicado durante interminables meses e interminables horas a discutir los términos de los manifiestos que se leen, los recorridos y las pancartas de cabecera, sobre todo para rivalizar en protagonismos y visibilidad mediática.

Convertida en una Epifanía, las manifestaciones son el momento más álgido que visibiliza la fuerza del MF. Pero duran cuatro horas en un año. ¿Y después, qué? Pues a volver a reunirse para organizar la del siguiente.

Estos dos últimos años 2018 y 2019, se ha añadido a las movilizaciones la convocatoria de huelga, con falta de seriedad y conocimiento de lo que es una huelga. La huelga es el arma más poderosa que tienen los trabajadores y las trabajadoras asalariados, y ha costado doscientos años de luchas y numerosas víctimas que el poder la permita, precisamente por ello hay que utilizarla con racionalidad y sensatez, ya que su seguimiento acarrea numerosos conflictos, sanciones, marginación de las empleadas e incluso el despido, como saben muy bien sindicatos y trabajadores. Eso en el empleo asalariado, si hablamos de las tareas de cuidados y trabajo doméstico es absolutamente irreal plantearle a las mujeres que se encuentran aisladas en el domicilio y tantas veces, desgraciadamente, sometidas a más represión por parte del hombre que domina la pareja que la que se sufre en la empresa.

Una huelga de 24 horas para el trabajo asalariado sólo puede tener alguna expectativa de éxito si la convocan todos los sindicatos, en ninguna medida puede salir adelante en las mujeres que trabajan en el domicilio y los cuidados, ya que ni los niños ni los ancianos y enfermos pueden estar desasistidos 24 horas. Y el llamamiento a los hombres para que las sustituyan tendrá un seguimiento minúsculo, no solo porque muchos de ellos estarán en desacuerdo con la huelga, sino porque la mayoría trabaja en empresas que no consentirían la ausencia del trabajo. Ello, en realidad supondría pretender una HUELGA GENERAL, lo que es impensable en estos momentos, dada la situación del mercado laboral. Imposibilidad que bien conocen los sindicatos.

Con estas perspectivas, se ha añadido a las disensiones en el seno del MF la actuación del lobby proxeneta en las Comisiones del 8 de marzo, camuflado de organizaciones feministas, que han condicionado durante años las declaraciones de los Manifiestos impidiendo que se reclamara la abolición de la prostitución, incluso tratándolo de trabajo sexual. Hoy además se evita también pedir  la prohibición de los vientres de alquiler.

Ha sido una dejación del MF permitir estos últimos años que los prostituidores y sus cómplices se hicieran con la dirección de las Comisiones  8 de marzo, consintiendo que en las manifestaciones incluso acudieran grupos con pancartas pidiendo la legalización. Hora es ya de que el abolicionismo tenga el protagonismo que precisa y se avance en una legislación que ponga coto al infame negocio de la prostitución y frene el imperio de la mafia de la prostitución que ha convertido España en el prostíbulo de Europa.

Mientras tanto, y desde hace años, numerosos grupos feministas, organizan exposiciones de fotografías de mujeres luchadoras, de artistas, concursos de relatos feministas, festivales de cine de directoras, jornadas sobre literatura, presentaciones de libros de escritoras. Dedican a ello, como es evidente, miles de horas, de esfuerzos y de dinero, para, en algunos casos, seguir recordando las consignas misóginas de autores medievales.

Mientras, la derecha lleva meses en plena campaña electoral.

Este alejamiento del MF de la implicación política, esta negativa sistemática a apoyar una opción electoral, aparta a miles de mujeres de participar en los comicios con una opción de izquierda. Las de derechas no están influidas por el feminismo. No supimos que el MF hubiera dado consigna de voto antes de las elecciones andaluzas. Ni siquiera podemos estar seguras de que hubieran votado todas las que salieron a manifestarse después del 2 de diciembre.

Con la determinación de que todas las acciones han de circunscribirse a manifestarse en la calle con una pancarta apolítica, el MF está permitiendo que muchas de sus participantes se abstengan en las elecciones, y es incapaz de apoyar un partido feminista que las represente.

Después del 28 de abril y del 26 de mayo volveremos a vernos en la calle protestando por la pérdida de derechos y posibilidades que el triunfo de la derecha traerá consigo. Pero entonces  ya será tarde.

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