viernes, 27 de julio de 2018

JUAN CARLOS I, EL INVIOLABLE


JUAN CARLOS I, EL INVIOLABLE
DAVID TORRES
Se montó un buen pifostio hace unos años al descubrirse que Mike Mayhe, dibujante de la casa Marvel, se había inspirado en una fotografía del rey Juan Carlos vestido de Capitán General de los Ejércitos -con banda azul, Toisón de Oro, condecoraciones varias y charreteras doradas- para dibujar a Magneto con uniforme de gala. La Casa Real protestó lo suyo porque la Marvel no sólo no había pagado derechos de imagen sino que encima había puesto al rey de España en el bando de los mutantes malvados, cuando todos sabemos que los borbones son más buenos que el pan. Años después, Marvel insistió al sacar un video juego donde de nuevo se veía a Magneto levitando cargado de medallas, como si estuviera a punto de paralizar otro 23-F.

Con todo, la equiparación con Magneto daba grima más que nada porque sus superpoderes, al lado de los de rey Juan Carlos, son una triste mierda. El campo magnético de Magneto puede detener balas, doblar vigas de acero y reclutar tenedores, mientras que el de Juan Carlos puede enmudecer periódicos, parar rotativas, encarcelar raperos y secuestrar portadas. Como superhéroe, el borbón no tiene parangón, y disculpen la rima fácil. Superman tenía que dar varias vueltas al mundo para dar marcha atrás al tiempo y regresar un par de horas atrás, pero don Juan Carlos, sin mover ni un dedo, tiene a España firmemente anclada en el período absolutista.


Con relación a las grabaciones de Corinna destapadas por el comisario Villarejo (que ponen al descubierto una numerosa red de propiedades a nombre de testaferros y cuentas no declaradas en paraísos fiscales), la ministra de Justicia Dolores Delgado ha preguntado a la Abogacía General del Estado si el rey emérito podría ser investigado por un juzgado. Le respondieron que la inviolabilidad del monarca cesó tras su abdicación, pero diversas fuentes del ministerio se han apresurado a matizar que la consulta fue realizada de modo informal, en plan buenos amigos, con el único fin de informar a la prensa del barullo legal en que estamos encharcados. Por otra parte, el director del CNI, Félix Sanz Roldán, compareció ayer tarde ante la comisión de Secretos Oficiales del Congreso a puerta cerrada, no fuese a ser que se escapase el gato.

Lo más gracioso no es que los Secretos Oficiales hasta el más tonto sabe cuáles son, sino que la comisión se formó con el propósito de crear otra comisión de investigación, esta vez ya de naturaleza parlamentaria, cuya iniciativa se debatiría en un pleno de la Cámara donde el PSOE tendría que elegir una vez más entre servir de papel higiénico a la institución monárquica o servir de babero a la institución monárquica. La barrera de la inviolabilidad, supuestamente inutilizada tras la abdicación real, quedaría sustituida por el superpoder del aforamiento, con lo que la montaña de porquería podría llegar hasta el Tribunal Supremo, donde les encanta dilucidar estas cuestiones relativas al sexo de los ángeles y la situación legal de los borbones. Frente a este despliegue estatal de anticuerpos, la capacidad de regeneración de tejidos de Lobezno da más bien risa. Queda claro que, desde un principio, los dibujantes de la Marvel no andaban muy desencaminados y que lo que necesitamos a marchas forzadas para explicarnos la historia de la España reciente es un cómic.
 


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