domingo, 3 de septiembre de 2023

SUAM 9

SUAM 9

DUNIA SANCHEZ

Durante años con los otros, si los otros, viví en una cueva escondida en las inmediaciones de la cumbre. Yo Suam llegué en el amanecer, aquel amanecer después de una tórrida y malévola noche. Tocaran en casa, la entereza de mis padres ahora me asombra, se los llevaron. No hubo discusiones. No hubo palabras solos ojos de colmillos sanguinolentos que los atrincheraban, una dejadez para mantenerme a salvo. Yo Suam vi como se llevaron a mis padres hace años en una noche donde la luna era censura y los estallidos de los llantos impregnaban la atmósfera. Entonces comprendí, hui. Salí corriendo, la mirada de mis padres distraía aquellos, aquellos hombres extraños, rígidos, firmes en su cometido. Mi pulso seguía el de la calle, incendios, explosiones, gentes que no sabían a donde iban. Yo con la advertencia que me dieron cuando tocaron no hice caso a nadie, tira para la cumbre hijo, solo dijeron, no te detengas. Yo Suam no tenía muy claro a donde iba, pero corría, corría como el espíritu del viento, de una lluvia que te hace pesado sumergido en un pozo de rabia y dolor. Una masa espesa de vegetación

 me salpicaba en su latido más profundo. Y subía por barrancos nunca vistos por mí. La nada alborozaba. Yo Suam en esa noche sin luna iba reptando en la pena y la molicie de estar solo ante la madre naturaleza. Un lugar que nunca había ido, sin embargo, su frescor me daba golpecitos de aliento. Lo único que sé que era como un mundo distinto, extravagante y alentador a la vez. A medida que avanzaba me sentía más seguro y mi mente esbozaba los ojos de mi madre, de mi padre arrebatados.  Pasé la noche en la intemperie sin nada llevarme a la boca, un escalofrío se trenzaba en mis piernas, un temblor cuando me detuve jadeando de que si todo esto era real o no más que una historia, un mal cuento. Hasta que me rendí, caí de rodillas rasguñándome las mismas, una sangre suave y un ardor en ellas no me hacían activarme. Estaba cansado…una niñez cansada se podría decir. Quería acurrucarme en cualquier sitio y dejar que la noche descansara conmigo. Un miedo vibrante palpitaba en mi corazón, acelerado. Vi los ojos de mi padre, de mi madre . No es si es sueño o realidad, lo cierto es que bajo sus sombras me dormí con las rodillas supurando el dolor ¡Suam recoge la mesa¡  Sentí la voz de mi madre y desperté, miré a mi alrededor y ella no estaba. Un pensamiento amargo me hacia madurar velozmente y lo terrible de todo es que estaba solo. Yo Suam me levanté, seguí andando. La ciudad quedaba lejos solo ecos de una tormenta centelleaba débil en mi paso. Yo Suam, veo como la luna blanca se desvanece, la gaviota al lado mío. Caemos cansados y nos sentamos en un viejo sillón donde los sueños de este hombre duermen en el misterio. Otras notas suenan, sucumbo en la tranquilidad y cierro los ojos. De inmediato pasajes pasados se apilan en mis pensamientos e intento descifrar el por que.

 

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