viernes, 12 de mayo de 2017

CUATRO BODAS Y UN FISCAL



CUATRO BODAS Y 
UN FISCAL

DAVID TORRES
Una de las grandes ventajas de contar con una organización criminal desorganizada al frente del país es que te ríes mucho. Mucho. Es verdad que luego casi todo lo demás son desventajas y que da bastante pena, más miedo y no digamos asco, pero por lo menos unas risas no te las quita nadie. Por ejemplo, Francisco Granados ha pedido que lo excarcelen para poder ayudar a sus dos hijas adolescentes, que viven, según él, de alquiler en una modesta casa hipotecada. Se queja de que su mujer apenas consigue lo suficiente para vivir y que, en comparación con otros insignes casos aislados del PP, se encuentra en una situación de injusticia absoluta, como si hubiera sido el único que hubiese metido mano. Es triste de pedir, más triste es de robar.
Como criminal, vale, lo que quieran, pero como organización, el PP deja bastante que desear. Granados -un tipo que en las tertulias de extremo centro iba dictando lecciones de honradez y clamando que había que expulsar del país a los sinvergüenzas- recibía novecientos mil euros de comisión por cada colegio concertado adjudicado y ahora se encuentra sin un céntimo en el bolsillo y a punto de montar una colecta. Unos constructores le regalaron en Ávila una finca de casi un millón de metros cuadrados en la que Granados, su familia y varios amiguetes acudieron regularmente durante una década a darse la vida padre. En el registro de la propiedad que llevaron a cabo efectivos de la Guardia Civil encontraron seis vehículos “quads“, un Ford Ranger, una excavadora, una furgoneta y 24 caballos españoles de pura raza. Lo más probable es que los caballos y los coches los olvidaran allí unos fontaneros, igual que el maletín con un millón de euros escondido en un armario de la casa de sus suegros.
Para parecerse todavía más a El Padrino, los grandes putrefactos del PP siempre incluyen una ceremonia nupcial en mitad de la película. Matas consiguió un permiso para asistir a la boda de su hija en Mallorca sin el traje a rayas: unos esponsales pantagruélicos como no se veían en España desde los tiempos en que Jose Mari casó a la suya en El Escorial con un montón de testigos de la trama Gürtel. Se ignora también de dónde sacó Matas el dineral para pagar semejante dispendio, sobre todo teniendo en cuenta que se había declarado insolvente a la hora de sufragar los gastos judiciales. Probablemente fueron los mismos fontaneros de antes.
La hija de Ignacio González, el hombre que susurraba a los fiscales, también se casa en septiembre por todo lo bajo pero su padre ya ha anunciado que probablemente no hará acto de presencia para no quitarle protagonismo. González tiene tantos contactos en la Policía Nacional, la judicatura y las altas esferas del poder que el fiscal Carlos Yáñez ha desestimado su puesta en libertad con un escrito que menos mal que lleva sellos oficiales porque si no parecería un avance del próximo tomo de Mortadelo. Allí queda probado que el ex presidente de la Comunidad de Madrid recibió un chivatazo del secretario de Estado de Seguridad, José Antonio Nieto, a través de su hermano Pablo González, para que todo quedara en casa. Cuanto más se conocen los entresijos de esta investigación secreta -que la conocía hasta el bedel-más recuerda un caso del inspector Closeau. En cuanto a González, da la impresión de que tiene los mismos conocimientos legales que aquel guardabosques que interpretó una vez Manolo Gómez Bur, quien ante la acusación de asesinato creía que le iban a aplicar un código penal del siglo XVI y le dijo al juez antes de que dictara sentencia: “El destierro, si pudiera ser a Zamora: es que tengo familia”.


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