domingo, 12 de marzo de 2017

LOS CIMIENTOS DE GOMORRA



LOS CIMIENTOS DE GOMORRA
POR ANTONIO ARROYO SILVA
Hace unos cuatro años, con motivo de la publicación del poemario de Agustín Gajate Barahona Palabra de momia paria publicada en la editorial Idea-Aguere, le preguntaba a este— a propósito de una afirmación del catedrático de la universidad de Las Palmas Dan Manteanu sobre la escritura de una fábula en lengua indoeuropea— por qué no intentarlo en lengua guanche.

Agustín me contestó entonces que quería saber si la lengua guanche conservaba a día de hoy los suficientes contenidos simbólicos para poder ser una herramienta de creación artística. Y a continuación manifiesta: «La antropología me puede ayudar en ese proceso, pero el objetivo era experimentar con la capacidad expresiva de las palabras guanches y eso solo podía intentarlo mediante la poesía de vanguardia, porque necesitaba libertad y no atarme a ningún tipo de estructura como la que requiere un proyecto de investigación. No necesitaba demostrar que se podía escribir en guanche, sino que tenía que hacerlo».
Ahora nuestro autor nos propone en su novela Los cimientos de Gomorra nuevos retos. Ya no se trata de expresar de forma lírica los sentimientos, pensamientos y visiones de un mundo aparentemente desaparecido, sino— como dice el narrador— de expresar los hechos con palabras verdaderas, ya que el que utiliza las palabras con falsedad, al menos en el mundo que narra, será rebajado a la categoría de paria dentro de la imaginaria sociedad donde viven los personajes. Achicaxna-paria llamaba Agustín Gajate en el mencionado poemario a una momia que actúa como sujeto lírico. Ahora achicaxna-paria-despreciado por la sociedad es quien no cumple con esa palabra dicha y articulada, la palabra como única ley de la tribu.


Los cimientos de Gomorra transcurre en tres momentos temporales comprendidos en mil años. Un primer  momento se remonta a las raíces de la civilización en un lugar llamado Garaldea; el segundo, en Gomorra y el tercero en ese mismo lugar pero mucho tiempo después. Se trata, como ya se anuncia desde el título, de indagar sobre los cimientos de Gomorra. De esta manera trifocal se va articulando la trama; pero no en capítulos sino en fragmentos lo cual le da un ritmo si acaso más acelerado al total. Respecto a esto, lógicamente, el narrador omnisciente utiliza la técnica del flash back desde esa Gomorra de los primeros pobladores y también en un supuesto momento presente en que se ha llegado a un desarrollo tecnológico, social y cultural supremo. Es decir, desde dos puntos temporales hay un plegamiento hacia el pasado, una evocación que va desde el mito y la leyenda hasta la realidad que vivieron esos antepasados que se evocan. Lo vemos reflejado incluso en los nombres de uno de los personajes principales Guardunet-Quedehui-Bentejui. Su nombre mítico sería el primero y su nombre verdadero el segundo. Bentejui es el nombre que él mismo se puso para lograr convivir con Ytara que llegó a la isla en busca de Jared y Gaifa. Así, Quedehi, Ytara, Magog, Evila y Anaqua forman el primer grupo de colonización de un lugar al que con posterioridad se le llamó Gomorra. Todos los acontecimientos de los dos primeros momentos hacen mención al trasiego desde Garaldea a través de lo que se llama el vacío profundo hasta otro mencionado la nada, constituido por una o varias islas de un clima, paisaje, flora y fauna peculiares. Después de este primer asentamiento, viene la fase de adaptación al medio hasta conseguir la alimentación, la procreación y la supervivencia, dando lugar a una forma de cultura distinta a la inicial.
En cuanto al espacio narrativo, resulta llamativo que muchos elementos que lo conforman evoquen lugares o ambientes de las Islas Canarias. Incluso los nombres de todos los personajes nos remiten a la cultura prehispánica. Los diálogos entre los personajes están en esa lengua guanche que Agustín Gajate intenta reconstruir ya desde su obra anterior. Este hecho puede que sea polémico o todo lo más curioso. No quiero hacer un análisis filológico, pues estoy muy lejos de ser una autoridad y menos de la lengua líbico-bereber antigua por lo que no puedo afirmar que la reconstrucción del habla que aparece en tales diálogos sea correcta. Desde el punto de vista narrativo, al menos al que comenta le parece pertinente, sobre todo porque entra en la ambientación de la novela. Además, no sería la primera vez que un novelista «se inventa» un habla más o menos codificada con el mismo fin, como El tambor de hojalata, de Günther Grass, incluso esa neolengua que el Estado del Gran Hermano establece en la novela 1984 de George Orwell, por poner algún ejemplo. Y si apuntamos a la poesía, observaremos la reproducción del habla africana nada menos que en las letrillas de Góngora.
En resumen, no se trata de una novela histórica, como algunas que intentan reconstruir la vida y costumbres de los guanches. El autor nos presenta un intenso juego de la imaginación, independientemente de que haya utilizado algunos de los recursos de la cultura prehispánica. Una novela que se enraíza en la ciencia ficción blanda o antropológica de la escritora norteamericana Úrsula Le Guin. Agustín Gajate, como dicha autora, se detiene a analizar con profundidad el desarrollo tecnológico, las costumbres sexuales, sociales y políticas, hasta el punto que sienta las bases de una sociedad hipotética y ficticia, pero siempre verosímil.




 

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