jueves, 16 de marzo de 2017

ELLAS. CAPÍTULO 3



ELLAS. CAPÍTULO 3
DUNIA SÁNCHEZ

El sol vuelve de su remota estampida de nubarrones. Salgo. Necesito cualquier bar lejos, muy lejos, donde los vecinos no rumoreen mi conducta. Con celeridad bajo dos calles más. Ahí, en una esquina, un bar de borrachines, si de esos en los que entras al baño y está cubierta de mierda y mal olor. Me siento en un rincón y llamo al camarero. Le pido un vaso de vino. Rápidamente atraviesa mi garganta seca, mi garganta engarrotada, mi garganta que pide más y más. Otro y otro, me lo tomo a la misma velocidad. Pago. Intento levantarme e irme de ese lugar, todos me miran. Mis ojos lagrimosos es señal de lo que pueden o no pensar. Una mujer ahogando sus penas en el alcohol, eso dirán. Me balanceo y cierto mareo hace que mis piernas tiemblen, que cada paso que intento dar es como si danzase en el aire. Todo para mi es doble, una distorsión que me embarga en penalidades. Me voy. De farola en farola voy sosteniéndome. Intento estar erguida pero la fatiga brota y me consume. Vomito, los transeúntes ni se inmutan. La pestilencia que debo soltar lo dice todo. No sé como llego a casa. No atino en la cerradura por unos momentos, pero ya…ya logro entrar. Todo me da vueltas. El baño…el baño. Sigo vomitando hasta quedar desfallecida. A cuatro patas llego al salón, me siento en el sillón. Vueltas y vueltas…caigo en un letargo, no por mucho tiempo.  Despierto, veo una luz penetrar por mi ventana. Cavilo por unos instantes. Una luz que viene a por mí como parte de mi espíritu mundano. Intento tocarla pero me doy cuenta de que es la luna, la maravillosa luna: grande, exultante, bella. Me yerto y la miro y le hablo “ ¡Por qué¡ ¡Por qué de esta situación¡ Me alcanza un baile de desdicha y me columpio entre la duda y la realidad. Sí, tenía que irse pero sobre mis espaldas pesa el daño. Un daño irreversible ¡Por qué¡ ¡Por qué¡…galopo en el vértigo , en la maldita esencia que me ata. Yo. Sí, soy yo. A ella la quiero y a el no. Todo ha sido muy largo…largo para corazones en el regazo de la lealtad ¡lealtad¡ ah que asco de palabra. No, no lo soy. Solo un ser que juega en dos bandos…no sé, por lástima, por aprecio o por qué se yo”. Callo. Silencio. La noche viene con su eternidad en los pensamientos, en lo embustera que he sido. Arrepentirse o no. Mis piernas perdidas en una resaca me hacen caer. Y caigo. Me arrodillo ante la oscuridad de mis ojos  y amarro lo que queda de mi. Siempre, amigo, amigo mío…Agárrame luna y llévame donde la existencia no sea tan cruda, tan hiriente. Cierro los ojos, quiero dormir. Las horas pasan y solo hago recordarlo, regenerando un no sé que de arrepentimiento...

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