sábado, 16 de junio de 2018

EL PATRIOTISMO CONSTITUCIONAL DE ALBERT RIVERA: UN COMPLEJO DE NACIONALISTA PIJO


EL PATRIOTISMO CONSTITUCIONAL DE ALBERT RIVERA: 
UN COMPLEJO DE NACIONALISTA PIJO
ANTONIO MAESTRE
A comienzos de Pradial conviene remitirse a Brumario. Decía Karl Marx que la historia se repite dos veces, la primera como tragedia, la segunda como farsa. Esa es la sensación que el conocimiento de la historia del siglo XX dejan los métodos empleados por Albert Rivera para llegar al poder. La bojiganga patriotera representada con pendones digitales y exaltación chovinista marca el alcance exacto de la tragedia venidera. No se puede esperar de la inanidad ideológica e intelectual de Albert Rivera nada más que la repetición de representaciones del pasado realizando un pastiche con una pátina de modernidad que se parece demasiado a una de las figuras más oscuras de nuestra historia.


Uno de los mitos de la Europa postcrisis es que en España no ha prendido ninguna opción de extrema derecha. Solo la cercanía de los grandes medios de comunicación con Ciudadanos impide que el partido sea catalogado así de forma mayoritaria en la opinión pública. Es debatible si el término científico para denominar a estos partidos es el de extrema derecha, es más extendido el de derecha radical, pero deja poco margen para el debate que la última proclamación nacional-populista de Albert Rivera en la puesta en marcha de su plataforma España Ciudadana esté más cerca de Libertas que de Emmanuel Macron.

Los asesores de Albert Rivera deberían saber que los procesos políticos, los discursos y la escenografía no son exportables. Si intentas plagiar, casi literalmente, el discurso de Barack Obama en la Convención Demócrata de 2004 y trasladarlo a la realidad social española no vas a parecerte al expresidente de EEUU, te pareces más a Unión Patriótica de los años 20. Te pareces más a José Antonio Primo de Rivera. El discurso de Obama era una oda a la diversidad, el de Rivera ha sido un grito a la uniformidad. Un repliegue identitario que busca capitalizar la identidad de España frente la antiespaña.

El líder de Ciudadanos terminó su intervención con un alegato tercerposicionista que intentaba minar cualquier matiz, que buscaba transmitir que los intereses de un empresario y un obrero serán los mismos por el simple hecho de compartir bandera y nación. Un alegato joseantoniano que eliminaba las clases para apelar a la emoción de la patria y que establecía una diferenciación entre buenos y malos españoles, entre ciudadanos que se adhieren a sus formas y símbolos frente a aquellos que tienen otra visión del mundo, del país, y de la vida:


Cuando viajo por España yo no veo rojos y azules, yo veo españoles. Yo no veo urbanistas o rurales, veo españoles, yo no veo jóvenes o mayores, veo españoles, yo no veo a trabajadores o empresarios, yo veo españoles. Yo no veo a creyentes o agnósticos, yo veo españoles. Por eso, os propongo a todos que a partir de ahora nos pongamos las gafas de la España ciudadana. Unas gafas que permiten unir a la gente. Una visión que no divide sino que une, una visión de la España que suma pero no resta. Una visión de una España futura, que está al llegar, que es la España que viene. Compatriotas, conciudadanos, vamos a por esa España. Vamos a volver a sentirnos orgullosos de ser españoles. Vamos a recuperar la dignidad que nunca debimos perder. Una España de libres e iguales. Ya está aquí la España ciudadana. Únete”.

El 1 de enero de 1935 José Antonio Primo de Rivera hizo una declaración pública a los medios para intentar explicar por qué su proyecto se diferenciaba de los fascismos europeos. Las similitudes discursivas con lo enunciado por el líder de Ciudadanos no son difíciles de encontrar: “Tengo una fe resuelta en la que están vivas todas las fuentes genuinas de España, España ha venido a menos por una triple división, por la división engendrada por los separatistos locales, por la división engendrada entre los partidos, y por la división engendrada por la lucha entre clases. Cuando España encuentre una empresa colectiva que supere todas esas diferencias, España volverá a ser grande como en sus mejores tiempos”.


No habría ningún problema si las complicidades ideológicas entre Albert Rivera y su primo homónimo no pasaran de calcar un discurso falangista ultranacionalista en un momento puntual de exacerbada emoción patria. Sería irresponsable, pero no preocupante para el futuro. El problema aparece cuando es reiterativo en el tiempo y ocupa el vacío ideológico de un partido oportunista con ambición desmedida.

“¿Qué lee para conformar su pensamiento?”, preguntaba Pepa Bueno a Albert Rivera para cuestionarle sobre cómo conforma esa idea del patriotismo civil que contrapone al nacionalismo. “Desde Popper a Ortega”, contestaba Rivera. Lo cierto es que no aclaró qué ha leído de estos autores, más allá de citarlos porque estuvo en un acto de Mario Vargas Llosa sobre su libro La llamada de la tribu, donde el autor peruano habla de ellos. La mención de Rivera a José Ortega y Gasset como referente aplicada al tema que nos concierne es también definitoria.

La doctrina falangista bebía de dos intelectuales: Eugenio D´Ors y José Ortega y Gasset. Preguntado José Antonio Primo de Rivera por el periodista Francisco Bravo sobre la influencia de estos autores, respondió: “No cabe duda que en Ortega están las raíces intelectuales de nuestra doctrina, en especial en este postulado que yo estimo fundamental de la ‘unidad de destino’, para situar firmemente nuestro Movimiento ante los problemas de la realidad española y el futuro Estado”. Pero no es la única premisa del pensador que comparten los antiguos falangistas y el nuevo ciudadanismo. La soberbia intelectual y la división entre clases de individuos está influida por la doctrina de la masa orteguiana expresada en su obra La rebelión de las masas. Para José Antonio existían unas minorías excelentes que debían encauzar a las masas. Ese pensamiento es radical en la conformación de Ciudadanos, tal y como expresaba Félix de Azúa, uno de los fundadores de la formación naranja en los estadios iniciales del partido: “Las masas agonizan de horror vacui cuando no se les da todo muy evidente”.
El orgullo de nación se construye obviando la culpa 


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