domingo, 10 de marzo de 2024

AMNISTÍA O KOLDO

 

AMNISTÍA O KOLDO

Pocos progresistas iban a dejar de votar en unos hipotéticos nuevos comicios por causa de la amnistía. Pero si la cuestión es la corrupción, entonces el daño puede resultar demoledor

ANTÓN LOSADA

Pedro Sánchez saluda a sus seguidores en la sede de Ferraz,

tras conocer los resultados del 23J / Twitter (PSOE)

Quién les iba a decir al PP o a Isabel Díaz Ayuso que el dilema al que se enfrentaba España en esta hora crítica no era “amnistía o libertad”, tampoco “amnistía o democracia”. Ni se imaginaban que la disyuntiva acabaría siendo “amnistía o Koldo”. Quién les iba a decir al PSOE o a Félix Bolaños que, tras tanto hacer como que no oían bien cuando les preguntaban por la amnistía, acabarían arrojándose a pecho descubierto a las cámaras para contarnos todo lo que queríamos saber sobre la amnistía y no había manera de preguntar. La política hace extraños compañeros de relato, que diría sir Winston Churchill si aún estuviera entre nosotros.

 

La mejor prueba de que la legislatura andaba en el filo de la navaja es que Miguel Tellado se presentara como el Torquemada que iba a quemarla ante la Santa Inquisición y a nadie le pareciese raro y bizarro a la vez. Los mismos medios que ya dieran por muerto a Pedro Sánchez antes del 23J y llevaban desde ese día preguntándose dónde habían fallado, acudían excitados al olor de las mascarillas pagadas al precio de venta más IVA y más comisión. La trama de corrupción urdida desde el entorno de máxima confianza del entonces ministro José Luis Ábalos parecía un pozo sin fondo del que iban a salir toda clase de caimanes, cocodrilos y monstruos del abismo. De hecho, el problema para los socialistas continúa siendo que, con amnistía o sin ella, la trama aún parece ese pozo negro y siniestro al que se tira la moneda y no acaba de llegar al fondo.

 

 

Los populares tienen ahora también su propio conflicto. Koldo García era ese regalo de Reyes retrasado para su estrategia de desgaste total del ejecutivo Sánchez, con el objetivo final de convertir las europeas en un referéndum sobre el sanchismo y lograr una victoria tan catastrófica para los socialistas que no hubiera más opción que adelantar de nuevo las elecciones. Lo ideal sería seguir hurgando en esa herida a tiempo completo y sin distraer la atención del público con un asunto que, según la demoscopia, no figura en la lista de preocupaciones más importantes para los ciudadanos. Pero a Feijóo no le queda otra que hablar de esta medida legal que, hace apenas unos días, suponía la mayor amenaza de su historia para nuestra democracia y por cuya causa sacó a los suyos a la calle hasta en media docena de ocasiones.

 

La amnistía es un asunto que indigna a los votantes que Feijóo ya tuvo el 23J. En los votantes socialistas puede provocar dudas y ni siquiera en la mayoría, pero no una deserción masiva. La amnistía supone, además, un tema incómodo para las inevitables futuras alianzas que la derecha española deberá tejer con los nacionalistas vascos o catalanes. Tampoco se antoja menor el riesgo que implica que un exceso de hipérbole patriotica, el terrorismo fakede la justicia española o la fantasía sadomasoquista de las amistades peligrosas entre Vladimir Putin y Carles Puigdemont acaben operando como soporte vital para Santiago Abascal y sus alegres, pero divididos, camaradas de Vox.

 

El caso Koldo es un chollazo, la ganga de la década. La corrupción sí constituye un tema ideal para acosar y derribar a un gobierno. Indigna a los tuyos y a los suyos por igual, aísla al partido en el poder, no tiene costes en términos de futuros pactos y alianzas y el discurso y el relato se hacen prácticamente solos porque, además, si sobre algo atesoran experiencia en el PP es, sin duda, sobre gestión y exégesis de la corrupción.

 

Pocos progresistas iban a dejar de votar en unos hipotéticos nuevos comicios por causa de la amnistía. Pero si la cuestión es la corrupción, entonces el daño puede resultar demoledor. Si el referéndum va sobre Pedro Sánchez, traidor a España, las posibilidades de ganarlo resultan inciertas para Feijóo. Si el referéndum va sobre Pedro Sánchez, jefe de la trama, las probabilidades a favor se disparan para un candidato popular que tendrá asegurada la comparecencia masiva de sus votantes y buenas perspectivas sobre una deserción relevante entre los votantes de izquierdas.

 

Volver a hablar de la amnistía es, efectivamente, lo mejor que le podía pasar al Gobierno de coalición y a Pedro Sánchez. Sobre la amnistía en sí.  Para no dar otra vez la chapa con lo mismo, la referencia al derecho europeo –parte del derecho español–, parece lo más sensato ante esa chapuza interminable que ha ido conformando el código penal español. Una norma penal básica que ha sido reformada treinta y cuatro veces desde su aprobación en 1995 no puede ser buena.

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