lunes, 31 de agosto de 2020

MIGUEL, EL HIJO ÁRABE DEL REY FERNANDO EL CATÓLICO

 

MIGUEL, EL HIJO ÁRABE DEL REY

 FERNANDO EL CATÓLICO

ANA SHARIFE

Amanece el 2 de enero de 1492. Boabdil contempla Granada desde Torre de Comares cuando un oficial castellano entra en el salón del Trono. El último sultán del reino nazarí lo recibe y le entrega las llaves de la Alhambra, el palacio donde había nacido él y la dinastía que dominó el Reino de Granada durante cinco siglos.

 

A las tres de la tarde abandona la Alhambra por la puerta de los Siete Suelos. La entrada se tapió para siempre, para que nadie pudiera volver a atravesarla, recordando de esta forma la desgraciada suerte del último de los Reyes de Granada.

El destronado sale a las puertas de Granada para rendir homenaje a los Reyes Católicos, quienes le devuelven, escoltado por soldados castellanos, a Ahmed, uno de sus dos hijos. Los pequeños habían permanecido nueve años cautivos dentro de la corte castellana con su propio personal a su servicio, donde crecieron educados en la fe cristiana, jugando con los hijos de Isabel y Fernando, según las memorias sobre Boabdil del Conde de Benalúa, duque de San Pedro de Galatino. Del pequeño Yusuf nunca más se supo. Murió siendo muy niño.

 

Boabdil entrega las armas y se encamina con su familia hacia la Alpujarra. Según la leyenda, al salir de Granada volvió la cabeza para ver su ciudad por última vez y, desde el Cerro de las Lágrimas lloró, escuchando de su madre la sultana: “llora como una mujer lo que no supiste defender como hombre”.

 

Sólo un año después de la entrega de Granada moría Morayma, la mujer de Boabdil, hija del famoso príncipe Aliatar, un personaje mítico vencido en la Batalla de Lucena. Había caído gravemente enferma durante el prolongado cautiverio de sus hijos y no pudo soportar la pérdida del pequeño Yusuf.

 

Boabdil pide asilo al sultán wattásida Al Sheikh y se instala en Fez con Ahmed. Sin embargo, su hija Aixa Abd Muhammad (1472-1560) se queda en la nueva corte asentada en la Alhambra por Isabel la Católica. Durante la larga conquista del reino de Granada, entre el doble juego, el enfrentamiento e incluso las alianzas entre Boabdil y Fernando II de Aragón de Trastámara, el rey católico había conocido a la joven Aixa, una princesa nazarí que vestía como las cristianas.

 

El linaje árabe Trastámara y Borgoña

 

El rey de Aragón tenía 40 años y la princesa nazarí 20 cuando empiezan a tener encuentros amorosos, de cuyo romance nace un hijo al que Fernando II bautiza como Miguel Fernández Caballero de Granada (Reino de Granada, 1495 - Priego de Córdoba, 1575).

 

Aixa, arrepentida de haber concebido fuera del matrimonio, se recluye por voluntad propia en el convento de Santa Clara de Santiago de Compostela, como sor Isabel de Granada, donde se conserva un documento que señala que en 1549 fue su abadesa.

 

Mientras tanto Miguel, un niño rubio y de ojos celestes, permanece en la Corte y se convierte en hermano de Catalina de Trastámara (reina de Inglaterra) –de apenas 10 años–, y las jovencitas Juana I de Castilla (Juana la Loca) e Isabel de Castilla (reina de Portugal). Al rey Fernando sólo le había sobrevivido descendencia femenina, salvo Juan, príncipe de Asturias que muere al año de nacer el nieto de Boabdil.

 

Cuando el monarca nombra a Miguel Infante español, levanta la furia de la reina Isabel de Castilla, celosa del pequeño al ser el único descendiente varón del rey y de una amante regia, de estirpe real. Para protegerlo, el rey solicita a una de las familias más importantes de Castilla, los marqueses de Priego, Pedro Fernández de Córdoba, señor de la Casa de Aguilar y de Córdoba (sobrino del Gran Capitán), y su esposa Elvira Enrique de Luna, que se encarguen de la educación de Miguel.

 

El pequeño recibe los mejores tutores y el mejor de los tratos como Infante de España. Su padre el rey Fernando de Castilla y Aragón le regala haciendas, lo arma caballero y le otorga el título nominal de Príncipe del Nuevo Reino de Granada. Miguel tiene la misma edad que Catalina, la primogénita de los marqueses de Priego, con lo que crecen muy unidos en el seno de un matrimonio que tendría seis hijas más.

 

A los 20 años de edad, Miguel pierde a su padre y a su preceptor casi al mismo tiempo. Catalina se había prometido en matrimonio con Lorenzo III Suárez de Figueroa y Álvarez de Toledo, conde de Feria, un hombre muy rico de Castilla y de linaje nobiliario con enorme poder. Ante la ausencia del padre, se le encomienda a Miguel conducir las capitulaciones esponsales de la pareja.

 

En 1519 Francisco I, rey de Francia, solicita los servicios del Infante español como bibliotecario de la corte. El joven lleva consigo una carta del obispo de Córdoba, Alonso Manrique de Lara, en la que se deshace en elogios hacia el hijo de Aixa, al que describe como inteligente, culto y diplomático.

 

‘El Príncipe’

 

Sólo tres años antes de llegar el nieto de Boabdil a la Corte del rey de Francia, Leonardo Da Vinci se había instalado en Amboise con su ayudante y secretario, el pintor Francesco Melzi. El rey los había acomodado en el castillo de Clos-Lucé para convertirse en su nuevo mecenas y protector, a cambio del placer de escucharle conversar. Miguel asiste a los encuentros y entabla una profunda amistad con Francesco. Cuando muere Da Vinci asisten a su sepelio. Según su última voluntad, sesenta mendigos siguieron su séquito y fue enterrado en la capilla Saint-Hubert del castillo de Amboise.

 

Es entonces cuando Miguel y Francesco se trasladan a su villa en Vaprio de Adda en Milán. Se llevan La Gioconda, La Virgen y el Niño con Santa Ana y un San Juan Bautista que el genio del renacimiento había terminado de pintar en el castillo de Clos-Lucé. Leonardo había legado el conjunto de sus obras artísticas y científicas y colecciones a su discípulo. Juntos se encierran en la villa y trabajan en la recopilación y organización de los manuscritos, cuadernillos y documentos del maestro.

 

En 1520, una serie de alianzas dinásticas y fallecimientos prematuros convierten a un joven Carlos, de veinte años, en el monarca más poderoso de Europa

 

El príncipe del reino de Granada se traslada a Italia, donde permanece tres años como secretario del diplomático y teórico político Nicolás Maquiavelo, cuando trabajaba traduciendo la obra griega de Polibio, uno de los primeros historiadores (junto con Tucídides) en excluir la acción divina entre las causas materiales y sus consecuencias, de donde Maquiavelo recogió muchas ideas sobre el gobierno de una República.

 

Curiosamente El príncipe (1531, obra póstuma) está inspirado no sólo en gobernantes como Lorenzo de Médici, mecenas de las artes y filósofo renacentista, sino también en Fernando II de Aragón (padre del infante Miguel) a quien retrató como “el hombre que conseguía grandes conquistas bajo el manto protector de la religión, pero que en realidad desconocía los principios de la piedad”. Algunos historiadores relacionan este texto con su estrecha relación con Miguel.

 

En 1520, una serie de alianzas dinásticas y fallecimientos prematuros convierten a un joven Carlos, de veinte años, en el monarca más poderoso de Europa que, aun así, necesitaba el apoyo de la nobleza centroeuropea para poder contrarrestar el poderío del Imperio otomano. Para ello, concertó el matrimonio de su hermana María de Austria con Luis II, rey de Hungría, Bohemia y Croacia. La boda se celebró en Praga el 13 de enero de 1522. Miguel, el nieto de Boabdil, acudió como representante de su sobrino el emperador Carlos V a la imperial boda de la hija de Juana y de Felipe el Hermoso.

 

El 9 de enero de 1522, Adriano VI fue elegido Papa cuando se encontraba en Vitoria ejerciendo como regente de España. El 30 de agosto, el infante Miguel se integra como su secretario personal y, al día siguiente, tiene lugar la ceremonia, mientras el sultán Solimán el Magnífico tomaba la isla mediterránea de Rodas. En septiembre de 1523, el infante regresa al reino de Hungría solicitado por el rey Luis II como consejero y lo nombra príncipe de Transilvania.  Durante siglos, el reino húngaro se había convertido en el bastión de defensa del cristianismo. Tras la batalla de Mohács, donde el Imperio otomano pasó a ser la potencia más fuerte de la Europa Oriental, Miguel regresa a su tierra natal, Córdoba.

 

Boabdil y los Lara

 

El príncipe de Granada contrae matrimonio el 27 de noviembre de 1528 con la hija menor de su preceptor, Ángela Fernández de Córdoba y Enríquez (Priego de Córdoba, 1512-1560), con quien tiene un hijo: Juan Fernández Caballero y Fernández de Córdoba (Priego de Córdoba, 1550-1627), de la dinastía Trastámara y Borgoña por parte de padre, y de los Fernández de Córdoba por parte de madre.

 

El bisnieto de Boabdil sería el último de los Caballero, depositario del linaje de la Casa de Borgoña y Trastámara en llevar el apellido Fernández al ser descendientes del rey Fernando y del rey Boabdil.

 

El hijo de Miguel contrae matrimonio con la noble Isabel Gómez, de quienes nació Juan Cristóbal Caballero Gómez (Priego de Córdoba, 1611-1684) manteniendo vivo de esta manera el linaje de Borgoña y Trastámara por esta vía.

 

Juan se casa con la noble María de Espinar y tiene descendencia, Juan Esteban Caballero y Espinar (Priego de Córdoba, 1655-1724), quien a su vez contrajo nupcias con Mariana de Ojeda y tuvieron un hijo: Juan Caballero y Espinar de Ojeda (Priego de Córdoba, 1680 - 1744).

 

 

 

Este noble español, bisnieto de Miguel, se casaría con Ana Antonia de Góngora y Lara. La sangre de Boabdil se mezclaría con el linaje de los Lara, descendientes de Alfonso X el Sabio, Luis IX de Francia, Jaime el Conquistador y Teobaldo de Navarra, entre otros.

 

Un tataranieto de Boabdil, Antonio Caballero y Góngora (Priego de Córdoba 1723- 1796), se convierte en virrey de la Nueva Granada (actual Colombia y Ecuador), gobernador de Perú y miembro de la Orden de Carlos III. Era un prelado culto y amante de las artes. Coleccionó pinturas de Velázquez, Rubens, Tiziano, etc., y su biblioteca contenía las obras más modernas de todas las ramas del conocimiento. En 1788 regresa a Córdoba, donde es nombrado obispo, funda la Escuela de Bellas Artes y dona su colección a la ciudad.

 

Juan de Granada, capitán General

 

Los tres últimos reyes nazaritas (Zagal, Muley Hacén y Boabdil) dejaron descendencia. La rama del gran Zagal en tierras de Tlemecen, donde se autoexilia. El resto se queda y entronca con la nobleza española.

 

Saad y Nsar, los hijos de Muley Hacén (padre de Boabdil) casado con la noble cristiana Isabel de Solís (Zorayda), fueron bautizados como príncipes Hernando de Granada y Juan de Granada, y fueron “colmaron de prebendas y posesiones. El servicio de vigilancia y espionaje de la Corte les buscó mujeres de la nobleza castellana para contraer matrimonio”, señala el periodista e investigador Gabriel Pozo Felguera, autor de obras como Sulayr. La tumba de Muley Hacen (1998) o El Evangelio de la Alhambra (2016). Zorayda entra a formar parte de la Corte como dama de honor de la reina Isabel I.

 

El príncipe Hernando de Granada fallece muy joven, su cuerpo reposa en el monasterio de Nuestra Señora del Prado (Valladolid). Juan de Granada fue gobernador y capitán general del reino de Galicia. Aunque la Junta Santa requiere desde Ávila su intervención, el infante permanece fiel a Carlos I, que le confía en 1530 el gobierno de Galicia en calidad de virrey y nombrándolo gobernador y capitán general de Galicia el 29 de julio de 1531. El hermano de Boabdil residió después cerca de la Corte, con casa solariega en Valladolid y posesiones en Granada, un señorío en tierras de Castilla y el castillo de Monleón en León.

 

Conocemos su azarosa vida gracias a un minucioso trabajo que realizara el historiador medievalista López de Coca. Entroncado plenamente en la nobleza castellana, Juan de Granada estuvo casado en primeras nupcias con Beatriz de Sandoval (nieta de Diego de Sandoval, I conde de Castro), y en segundas con María de Toledo y Monzón. Su hijo Juan de Granada y Sandoval fue caballero de la Orden de Santiago y casó con Beatriz de Velasco y Mendoza (hija del virrey de México Luis de Velasco). Su hija Magdalena de Granada y Sandoval tuvo por esposo al caballero luso Luis de Alencastre (nieto del rey de Portugal don Juan, gran maestre de la Orden de Avís).

 

“De Diego se sabe (por una carta de su hermana María) que fue militar en la batalla de San Quintín y posteriormente también estuvo como capitán en Flandes”, de Pedro que “acabó con un cargo real de las Indias”, señala Felguera.

 

Entre las leyendas que circulan por Granada, se encuentra la última voluntad del abuelo de esta rama, Muley Hacén. Vencido y destronado por su hijo Boabdil, se ocultó en algún lugar de Sierra Nevada acompañado de su amada Zorayda. Entonces le rogó que, cuando le llegase la muerte, lo enterrara en el pico más alto de Sulayr (la Sierra Nevada de la Edad Media), en un lugar lo más cercano posible a su Granada y el cielo, en zona olvidada y desconocida, pues solo donde nadie pudiese llegar, conseguiría el descanso eterno, y allí se quedó, en las laderas del pico que recibiría su nombre, el Mulhacén.

 

Los poderosos Granada Venegas

 

Retrocedemos en el tiempo. “Un par de años antes de la capitulación de Granada, Cid Yahya, príncipe de Almería y primo de Boabdil, había decidido pasarse al bando cristiano; a cambio recibió cuantiosas prebendas, posesiones y distinciones por la entrega de Baza y Almería”, explica Pozo Felguera.

 

Cidi Yahya, nieto de Yusuf IV, sultán nazarí de Granada, se bautiza con el nombre de Pedro de Granada Venegas, lo que marcaría el inicio de la poderosa familia morisca de los Granada Venegas. Se convierte en uno de los colaboradores más directos de los Reyes Católicos y toma partido en los hechos más importantes hasta que se produjo la caída de Granada. Por los hechos que fue considerado un traidor por el pueblo de Granada, la familia obtuvo nuevos y grandes beneficios, todos sus descendientes recibieron trato de grandes caballeros y numerosos títulos nobiliarios.

 

“Aquella familia de origen nazarita fue propietaria de los palacios de Cetti Meriem y Casa de los Tiros”, indica Felguera. Se les respeta una serie de heredades de viñedo, fortalezas y alquerías enteras que habían sido propiedad de él recibidas por herencia de su padre. “Sirvieron a la corona castellana con absoluta fidelidad, tanto en lo militar como en la diplomacia”, y Pedro llegó a ser alguacil mayor de la ciudad de Granada (1500).

 

Los Reyes Católicos le otorgan al nieto de Yusuf I privilegio de hidalgo. Adquiriere la caballería de Santiago, el señorío de Campotéjar, la mitad de las salinas de Malahá, todas las tierras y morales de la Taha de Andarax y el reconocimiento de otras heredades, y lo nombra alcalde de Baza.

 

Todos los descendientes de los reyes nazaríes que se quedaron en España recibieron tierras, palacios, títulos nobiliarios y entroncaron con la nobleza

 

Le sucede en el mayorazgo su hijo Alonso de Granada que capitaneó tropas cristianas contra los moros como capitán general de mar y tierra.  Este bisnieto de reyes nazaríes destacó militarmente participando en el cerco de Granada (20 de mayo de 1490), en la batalla de Adra. También en la cruzada africana, destacándose en la toma de la ciudad de Orán en 1509 como jefe de Infantería, y se convierte en alguacil Mayor de Granada y alcaide del Generalife.

 

Esta rama obtuvo numerosos títulos nobiliarios, entre ellos los marquesados de Casablanca y Campotéjar, incluso se mezclaron con la más alta nobleza italiana que detentó el uso del Generalife y sus fincas durante los siglos XVIII, XIX y parte del XX.

 

Tras un histórico pleito por el expolio de La Alhambra, los jardines pasaron a otra rama de los Granada Venegas, los “Casilda de Bustos y Figueroa, XIX marquesa (de la familia del Conde de Romanones) y José María Finat y Bustos, XX marqués”, señala el investigador. La actual Casilda Finat y Riva, XXI marquesa de Campotéjar.

 

“A principios del siglo XX, el IX marqués de Corvera, Alfonso de Bustos, se declaró descendiente de Cidi Yahya (nieto de Yusuf IV, sultán nazarí de Granada)”, destaca. Y “solicitó al rey Alfonso XIII la concesión del título de duque de Cidi Yahya con categoría de principado”.

 

Todos los descendientes de los reyes nazaríes que se quedaron en España recibieron tierras, palacios, títulos nobiliarios y entroncaron con la nobleza. Sus descendientes se encuentran entre los grandes de España, tienen ducados, marquesados, condados, señoríos y baronías. Sólo Al Sad, ‘el Zagal’ (el valiente), el verdadero estratega y militar inteligente, el penúltimo rey nazarí de Granada se autoexilia en 1490 con su familia a África, donde le esperaría un desventurado final.

 

La rama del infante Miguel (el hijo del rey Fernando el católico con Aixa, la princesa nazarí) se halla entrelazada con algunas de las más importantes casas nobiliarias de España. Juan Fernández Caballero y Fernández de Córdoba (nieto de ambos) fue el último Caballero depositario del linaje de la Casa Borgoña y Trastámara en llevar el apellido Fernández como descendiente de rey. Su más joven descendiente es príncipe de Antares, entre otros muchos títulos nobiliarios. Es cristiano, tiene 13 años y se llama Luis.


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