jueves, 10 de marzo de 2016

Prepotencia de PODEMOS

Prepotencia de 
PODEMOS
                                                      JUAN HENRÍQUEZ

Enjuiciar y extraer conclusiones antes de leer el artículo, no es nada intelectual y recomendable. Por ello me van a permitir que me declare públicamente votante de Podemos en las pasadas elecciones del 20-D, lo que no sé, al día de hoy, es si volveré a votarles tras la mediocridad y prepotencia de sus teatrales escenas para negociar con el PSOE de Pedro Sánchez un pacto de Gobierno. Por supuesto que hablo desde un análisis personal, sin carnet o afiliación ha partido político, es decir, desde la más estricta independencia como ciudadano universal y librepensador.
Aquella noche electoral del 20-D, muchos votantes de Podemos pensamos que los resultados obtenidos por la formación política arraigada en la movilización del 15/M, no fueron los esperados, ni siquiera las encuestas previas se acercaron al pronunciamiento real de las urnas. El pueblo que acudió a votar, había colocado a Podemos, al conjunto de la coalición electoral, cómo la tercera fuerza en número de votos (5.189.333) y escaños (69). Desde el primer momento, la decepción se hizo patente y pública, y en lugar de asumir con deportividad democrática los resultados, hicieron todo lo contrario, se subieron a la parra, y, lo que nadie esperaba, es que pensaran que habían ganado las elecciones, que a partir del 20-D el mundo político español giraba en torno a ellos, en exclusiva. Y ahí no acabó el ficticio poderío.
Todavía me suena en los tímpanos aquel surrealista día en que Pablo Iglesias convocó a los medios de comunicación para ofrecerse, en calidad de Secretario General de Podemos, a un pacto de Gobierno, “progresista y reformista”, con el PSOE de Pedro Sánchez, subrayando y destacando, de todo lo que dijo, las carteras ministeriales que exigían para votar la investidura del socialista; un servidor, se quedó estupefacto al oír la insolencia y prepotencia con la que Podemos pretendía formar parte del Gobierno, sin que previamente se hubieran producido encuentros para acordar un denominador común en el programa o cometido de Gobierno. Para mí fue un grave error de Podemos anunciar la exigencia de las carteras ministeriales, sin previamente sentarse a negociar un acuerdo de Gobierno. Ahora se amparan en que se trataba de una estrategia; en mí opinión mal calculada y fuera de lugar y tiempo.
Conste que un servidor está a favor de la autodeterminación de los pueblos, a que decidan su futuro territorial y social, pero quizás -pienso en el marco de un ejercicio democrático- colocarlo cómo “línea roja” para determinar un pacto de Gobierno estatal, puede que no sea lo más práctico y prioritario, también es verdad, que depende de dónde provenga la “línea roja”. Tengo la sensación de que la actitud de Podemos frente al PSOE para encauzar un encuentro y acercamiento, ha sido prepotente y descalificadora, como si de manera intencionada la propuesta fuera todo lo contrario, quiero decir, no acordar para provocar nuevas elecciones pensando que el rédito electoral les beneficiará más que al resto de fuerzas políticas. Obvio éste último aspecto porque no tengo argumentos en los que sostener mi respuesta.
No estoy descargando una rabia contenida, no se trata de eso. La cosa es más sencilla: estoy defraudado. Al final me he sentido estafado ante unas expectativas insatisfechas. Puede que con los años me haya sentido desplazado en las nuevas formas y discursos, pero la arrogancia con las que Pablo Iglesias se enfrentó al voto de investidura, no terminaron de convencerme; menos aún los descalificativos a los que recurrió sin que vinieran a cuento o tuvieran una estrecha relación con los argumentos; por ejemplo, aquella referencia a la “cal viva” de Felipe González, tenía muy poco que ver con el debate de investidura, simplemente se podría haber prescindido de la mención contra una figura política de relevancia y prestigio para el PSOE, puede gustar menos o más, pero indiscutiblemente es una realidad incuestionable. Lo siento, no estuvo nada acertado, salvo que, recalco, lo que se intentaba era provocar nuevas elecciones, en ése caso, si parece haber dado en el clavo.
Alguien pensará que estoy vomitando de Podemos, y no es lo que el cuerpo me pide. Los problemas internos del partido del movimiento del 15-M, se lo crean ellos solitos. Las voces cada vez más públicas que ponen en evidencia las guerrillas por el poder dentro de la cúpula de Podemos, y las maniobras para el control del partido en distintas comunidades autónomas, son evidentes. Y por último, el descontento en las bases por no apoyar la investidura de Pedro Sánchez, es manifiesto. Votar lo mismo que Rajoy en la investidura, o sea, en contra del candidato socialista, son muchos los seguidores que no lo han visto muy positivo y rentable, políticamente hablando, pero  dejar al títere del PP vivito y coleando, es imperdonable. Éstos chicos no parecen haber entendido a los ideólogos impulsores del 15/M.
Podemos necesita una cura de humildad, bajar el diapasón de la prepotencia, asumir el rol que las urnas le marcaron, hablar mucho de programa y compromisos con los problemas de la sociedad, y menos de sillones ministeriales y galones, sobre todo, favorecer el apoyo a Pedro Sánchez para que sea investido presidente del Gobierno. ¡Ojo visor!

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