martes, 25 de abril de 2017

ELLAS. CAPÍTULOS 18 Y 19 “NARRATIVA”



ELLAS. CAPÍTULOS 18 Y 19
 “NARRATIVA”


Ha vuelto, me habla y habla. Yo aquí resignada cociendo un vuelto de pantalón de él. Coge a los niños y se va. Me detengo por un momento y después cruzo esa puerta y escaleras abajo los sigo. Quiero ir con ellos. Los alcanzaré y unidos iremos a ese parque donde los niños puedan jugar mientras  meditamos en la llanura franca de un océano quieto. Ya estoy al lado de ellos. El serio pero se de esa emoción después de una discusión terminada en buenos vientos. Aunamos nuestra energía, despacito entramos en ese paraje donde arboles de no sé dónde y cascadas artificiales embelesa a los viandantes. Dejamos a los niños y nos sentamos de espaldas mirando el mar. Ese mar emancipado de nuestros quebrantos, de nuestros apuros. Sencillamente lo bello caricia nuestras pupilas en el sentido angosto de esta ínsula. No sé lo que sería de mi si viviera lejos de él, de este minúsculo trozo de tierra en la inmensidad del océano. Estaría rota, oxidada, cargando añejas cadenas condenada a la desidia, a la dejadez. Sí, te necesito. Abráceme con tus estrellas marinas y caracolas. Dame de aquello que carezco. Nos perdemos en toda su amplitud, en todo su afable fragancia. Me gusta, me gusta su olor. Sal y algas cabalgando en su inmersión en los viejos barcos.  Mis hijos vienen, se sientan con nosotros y me digo que estarán pensando en vernos juntos…hace tanto tiempo…Felicidad, amor, compasión describen sus ojos y se quedan al lado nuestro, callados, disfrutando de la perfección de este mundo. Galopo en sus destinos, todo está tan mal. Violentos espíritus succionando de este globo. Nos matamos, nos herimos, nos odiamos. Todos…si, todos. Un gato escuálido y gris pasa ante nosotros, los niños lo señalan y ríen. Les hace gracia. En el allí y ahora, más allá del horizonte, pueblos horrorizados por bombardeos,  inocentes que no se pueden defender del exterminio que se lleva a cabo. Ellos no se dan cuentan pero él sí , me limpia una lágrima.  Ay esta tierra, sometida a la nada. Y buscamos y buscamos en otros misterios del universo. Qué idiotas somos. Sanar todas las heridas, todas las cicatrices, todas las carencias de este planeta…este planeta llamado azul, llamado tierra. Bosques ennoblecidos algún día se irán y nosotros no más que seremos cenizas sobre un mar difunto, sobre una esfera llameante de vacío. El mañana...el mañana de mis hijos. Juro ser vertical, asomarme contra los vendavales de la anti prosperidad e ir por delante de todos los rastros no valerosos en el resurgir de sus destinos. El mañana…el mañana de mis hijos. Yo y mi marido nos marcharemos entre cenizas proyectadas al universo y ellos se valdrán autónomamente con el devenir serpenteante de sus huellas. Baja más y más la marea. Iremos a la orilla y allí con nuestros pies descalzos chapotearemos nuestra unión, nuestro compromiso a lo largo de los años, dure lo que dure
ELLAS. CAPÍTULO 19
Mi lugar ¡Qué extraño¡ ¿Será aquí? En la lejanía de esa ciudad girando y girando en el ímpetu de la oquedad ronca de su sonido. Lo cierto que es grato estar, ser ave libre en busca de las dimensiones de nuestras alas al unísono. Pero no sé. Soportaría tanto silencio, la precariedad a mi vista de un océano que no siento. Sí, el callar bronco de los coches, de los bocinazos, de la charlatanería, de la hipocresía enderezada allá abajo. Yo sé que desea lo mejor para mí. Pero no…esto no. Prefiero estar bajo un techo y con la soltura de nuestra intimidad revolcarnos bajo los fuegos del amor. No hace falta la huída. Sería fatal. Tendremos que hacer frente a la cotidianidad, alejarnos de todo insuflar de las murmuraciones. Es más ya me siento mejor, quiero irme de aquí, de este equilibrio entre hombre y tierra. Los respeto, los aplaudo pero el engendrar de nuestras singladuras pienso deben de ser envergadura del cara a cara, no los ojos blanco frente a lo real. Mi lugar, no Laum, te equivocas. Sí, me gusta este amplio campo en la cima de la montaña, en la cima ajeno a los desordenes de nuestro globo. Pero Laum tenemos que volver. Ándate, antes que la noche regrese con su mutismo mortal.  Iremos como tú quieras, caminando por senderos agotados, por piedras dormidas hasta el océano. Sí, espero, cuando terminemos de comer. Nos despediremos de estas bellas personas calladamente y vagaremos por las entrañas de esta isla donde todos sus caminos nos llevan a la costa, a la costa. Da igual lo que tardemos, nos abastecemos y en alguna cueva donde los aborígenes tomaron como sagradas reposaremos. Mi lugar. Nunca sabremos de cierta manera donde está. A lo mejor está en un desierto, en una tundra, en parajes glaciales desheredados del devenir. Espero la partida a lo que yo creo mi lugar. Mi lugar, soles dorados, lunas plateadas, astros emergiendo en el regir de las leyes del universo.  No somos nada. Mi lugar, planeta tierra, es lo único sincero que puedo decirte. Una mota de polvo encasillada en no sé dónde. No quiero otro, no quiero a nadie más. Curar la sangre escandalosa de este globo es lo único. Para que más vidas extrañas en el confín del cosmos, galaxias comiéndose unas a otras, galaxias expandiéndose y contrayéndose en un caos. Mi lugar, aquí sentada, contigo. No pido más. Otros seres de otros mundos, que se queden en su casa, su lugar. Primero tenemos que resolver la matanza desbaratada de este lugar. Impresionante es el paisaje. No Laum no me identifico con él, adoro todo sea ya alquitrán como lindos los lindos boscajes que nos rodean. Es la evolución. El imperio de la masiva  tecnología del bien y el mal. Ciclos. El ser humano vive ciclos, este terminando en la estampida aborrecible del poder. No me mires así, este lugar me hace cavilar. Y ahora en estos instantes, en estos momentos me surgen ideas de este lugar llamado tierra, el mundo azul. Ay la belleza…eres bella…me atiendes y unos ojos llenos de vigor me socorren, me sanan del ayer. 


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