domingo, 9 de abril de 2017

ELLAS. CAPÍTULO 13 (NARRATIVA)



ELLAS. CAPÍTULO 13
(NARRATIVA)
DUNIA SÁNCHEZ
Al alba, al alba
Luces invernales
Seduciendo las neblinas
De un ayer hambriento,
Jadeante en el deseo,
Derrotado en el ocaso.
Solo, virgen estallido
De mis sienes
Bajo el influjo de lo novo.
Al alba, al alba
Trozos de hielo seco
Entorpeciendo mi razón.
Me yerto
Banderas negras
Sacudiendo mi estancia
Perecedera bajo esta lámpara.
Situado frente a la ventana del hotel medito el ronroneo divergente del pasado. Frente a la ventana me estimulo, soy impulso de un nuevo día mecido entre lo pesado y la agilidad de mis ojos en ser vertiente de un nuevo designio. Frente a mi ventana contemplo los coches que pasan, de las pitas para llegar al trabajo. Una plaza se extiende más allá de esta avenida. Estatuas de mármol blanco desfilan inertes al son que los pajarillos buscan el despertar, el sosiego después del estrés de la urbe. Estoy con un albornoz escribiendo, escribiendo frente a la ventana. La luminosidad de la jornada me da cierto ánimo de desplegar mis pisadas en su invisibilidad. La ciudad acoge al astro rey, arboledas brincan en su verdor disipado días atrás. Estamos en una isla que todo puede ser. Su climatología se fracciona según el momento, según el espacio y el paisaje variado nos da una riqueza indiscutible. Respiro de ella, de ese sol, de esos árboles, de esos automóviles, de esos pajarillos, de esa estatua engarrotada en el tiempo. Siento satisfacción en estos minutos, ella está feliz, lo presiento. Ha descargado todo ese fardo de púas, de agujas que cincelaban su rostro demacrado. Estará con su amiga, qué más da. La vida es así. Tenemos que volar en la dirección de los vientos fuertes que brotan en nuestra reconditez. Me ocuparé ahora de mis cosas, independiente, en el círculo de nuevos amigos, amigas engendrándose en mis brazos abiertos. Sí, me olvidé con ella de vivir más por ahora no quiero pareja, no quiero de amores. Eso es lo que me has dejado Anne después de tantos años. Sigo con mi libro.
Presente.
Aroma expandido
En las vías del callar.
Brisa eviterna.
Suculenta lucha
Entre los estados del vacío
Bajo los ríos secos.
Infieles cometas blancas
Al encuentro de la paz.
Todo es herrumbre
En el hueco deshecho
De la tibieza de sus manos.
No me rindo, seguiré en el flujo de las mañanas. Cada una diferente, prometedora supongo. Frente la ventana me veo. Gracias y bienvenido sea este día. Hoy reposaré aquí en este hotel. No iré al trabajo pondré cualquier escusa. La escusa de la degradación de una persona ante la sorpresa nefasta. Pero me encuentro bien…no sé, me he quitado algo de encima. Mejor frente a esta ventana donde el parloteo de la ciudad me conmueve, me dice de avanzar, de madurar. No entiendo, madurar en el dolor. Será así. Sí, crecemos en el aprieto, en la dejadez del bien. Me sonrojo frente a esta ventana. Aquí, hablando solo en este hotel. Tocan a la puerta, será la camarera. Se me olvidó poner no molestar. Aun así dejo la ventana y me dirijo a la puerta. Me detengo, dudo y abro. Espere un momento que me vista, le digo. Cierro la puerta, ella seguirá en otras habitaciones hasta que me haya marchado. Muchacha joven. Recogeré un poco todo, no me gusta abusar. Miro la habitación, todo bien. Pongo los poemas dentro de la maleta y la cierro. Pantalones vaqueros, camisa, jersey y me voy por unas horas de mi mundo, de mis pensamientos. Iré a la plaza que está frente mi ventana...

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