lunes, 14 de mayo de 2018

LA MUJER DE ARENA(NARRATIVA, CONTINUACIÓN)6 y 7


LA MUJER DE ARENA(NARRATIVA, CONTINUACIÓN)6 y 7
DUNIA SÁNCHEZ
Adiós Ann , cuéntame lo que has visto cuando el viento sur vuelvas. Eso sí, si quieres volver con tus alas plateadas de gaviota. Dime si en tu viaje encontraste la felicidad, ese lugar donde el corazón reposa en el bien, en la belleza de los sueños. Se parte de ellos con el susurro de los sentidos-
Se despide la mujer de arena, deja sola a Ann la vagabunda con sus plumas, con su canto, con sus tristezas y las alegrías por llegar. Y Ann toma vuelo, se va lejos…muy lejos donde su fiero pasado no la atosigue, no la moleste, no la haga caer otra vez en las calles eclipsadas de la ciudad. No mira atrás, en cierto sentido le da lástima esa mujer, la mujer de arena. La luna sigue ahí, intacta, impenetrable, fiel al comienzo de la vida para aquellos de espíritu desastrada. La mujer de arena mira hasta que Ann desaparece en el infinito océano, en un horizonte ya difícil de distinguir. Se siente invadida por no sé cierta nostalgia pero sigue adelante. De nuevo el viento, el viento. De nuevo la calima en esa isla donde todo parece en paz. Las constelaciones se apagaron y el amarillento polvo perseguía cada hueco de sus calles deshabitadas.  Calles aplastada por la ansiedad ante tanta brisa fuerte polvorienta. La visibilidad se agranda, cuerpo de ella en la soledad de las almas. Cuerpo que sigilosamente avanza por cada recoveco de una ciudad somnolienta, oscura, desconectada de la realidad de sus habitantes.  Habitantes capturados por las tempestades del destino. Un destino agarrado al pensamiento difuminado ante tanta y tanta hipocresía y violencia.  Su paso locuaz, ávido, integrante de toda ella se acercaron donde lo pecaminoso, las sombras y las silbantes ratas corrían por las tapias de la desidia. Y lo descubrió. Sí , descubrió en un muro apoyado a un chico con la palidez de la fatiga, con su rostro lleno de lágrimas y con el letargo de la mudez de sus ojos.  No lo despertó en ese estado de rota existencia  solo lo examinaba, buscaba y buscaba en sus sueños de derrota, de quejido, de frenético vértigo.  Algo lo había dañado, ese retraimiento en la noche acusada de siroco…
CAPITULO 7
Te has olvidado de ti. Sí muchacho en la ausencia del amor. Cristales rotos amputan tu pecho  y has engendrado granizo en tus sentidos. Si muchacho te has olvidado, ese olvido de los años que pasan cuando ibas en su búsqueda. Ya no, te has dormido en marmóreas atmósferas que te destiñen, que te alejan. Dónde…dónde está el calor bajo un techo. Nunca , nunca el fuego de una hoguera ha encendido tus ojos, ahora , impenetrables, asumiendo el derrumbe de tus vuelos. Ya sé que te equivocaste, un tropiezo descomunal con tu fuga de las sensaciones, de las emociones. Pero, me entiendes, todo pasa. El pasado no más que es un instante efímero que a veces nos empeñados desmesuradamente en rescatar en la memoria. Pero date cuenta que la memoria también puedes asesinarla en el cambio de tu rumbo. La necedad, la negatividad te embarga ¡por qué¡ ¡por qué¡ No, jamás piense que hubo una sola oportunidad los rieles siempre están ahí para que te deslices y converses con una nueva existencia. Todo cambia, puede que te señalen pero tú no reconoces, la desmemoria tejera un nuevo camino más edificante, más brioso, más sutil en tus caídas porque siempre habrá alguna. Una barca te espera, allá, en la orilla de la playa. Allí te llevaré y dejare tu cuerpo cuasi inerte en el ronronear de las olas. Tal vez despiertes, quizás no. Pero la mar te desnudará de todo mal, de toda ruptura con el ahora.
La mujer de arena lo recogió en sus brazos y lo llevo a la orilla de playa. Allí estaba la barca solitaria, la barca blanca, la barca que lo llevaría en la aventura del despertar, la que lo desposará de las grises jornadas. Amanecía  y de costa a costa con el azul del océano era travesía de toda su vida. Aún dormido y en calma se fue regenerando. Ahora la pesadilla del ayer no lo olisqueaba para azorarlo sino para ser más vital, más cauto, más previsible en sus movimientos al mañana, al despertar. Sería el, más gordo, más flaco, más alto, más bajo, más el.  Nunca más su verdad sería envuelta en tangibles apisonadoras que lo depredaría.  Cuando vuelvas dime si encontraste la felicidad y tenlo presente en esta existencia todo se puede menos la muerte, la muerte blanca, negra con huesos o sin huesos, solo, con la fuerza de los sentidos. …continuará
Publicado por DUNIA para DUNIA SÁNCHEZ PADRÓN ©2007-2018
 


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