miércoles, 16 de mayo de 2018

LA MUJER DE ARENA( CONTINUACIÓN, NARRATIVA) 8 y 9


LA MUJER DE ARENA( CONTINUACIÓN,
 NARRATIVA) 8 y 9
DUNIA SÁNCHEZ
Qué busquen la felicidad, se decía.  Ella después se alejaba tras mermar la tiranía de los sueños  con su aroma a desierto.  Volvía solo cuando la noche sin astros cantaban al son del viento. Cuando el alba la llamaba retornaba al desierto. Se disolvía allí en sus doradas arenas y una paz errante en silencio y soledad.  Pero en ese silencio y soledad ella observaba, intuía el malestar de la civilización y acudía aunque fuera solo una a su ayuda para sanar las penas, para sanar las desgracias, para sanar los lamentos. El viento, el viento…su mejor amigo, su acompañante en cada conversación.

Y hablaban con la sugerencia del descanso entre tantas sombras y luces, entre tantas batallas sin resolver, entre tantos sentimientos eclipsados cuando el nocturno  venía. Venía con su agresiva palabra evidenciando un encuentro fatal en las dimensiones de este mundo.  Solo una, con solo una se hallaba ella reconfortada y los demás ¿qué hacer? Meditaba en su silencio y soledad ahí en el desierto donde las dunas son eco sonoro. La tierra sigue igual desde su engendrar a los humanos, a esos seres donde la fealdad y las terribles abatida a los débiles, a los frágiles, a los inocentes.  Guerras infinitas, violaciones eternas, atentados de invierno, hambre agujerando los pasos,  sed…mucha sed, traficantes de cuerpos en la huída a la libertad, náufragos  en las mareas alteradas por la agresiva violencia de los océanos, fronteras intangibles, imprecisas, innecesarias. Somos  parte de un universo caótico donde todo se expande y contrae. Somos minúsculos. Polvo, solo polvo en un apartado lugar del cosmos. Como serán los otros mundos, las otras dimensiones donde no llegaremos. Para qué  tantos nocivos alientos hacia los demás. Para qué tanta basura derramada sobre las aguas de la vida…¡Ay la vida¡  tan corta, tan ajena a sus creencias, tan efímera ¡dejémosla tranquila¡ en el continuar de las estaciones, en el transcurrir de nuevos crepúsculos, en el canto de un pajarillo sobre una rama ¡qué no se rompa¡ ¡qué no se rompa¡  Ya la claridad de la mañana se asomaba, una bóveda celeste perfecta, llameante en sosiego y el silencio y la soledad…CONTINUARÁ

CAPITULO 9
Esboza su aliento la mujer de arena en su estado de vigía ante lo que pueda ocurrir en esta esfera. Sintió pisadas. Pisadas en ese desierto donde se hallaba aislada, meditativa, observadora. Ella en vertical acudió a sus pensamientos, a sus recuerdos, se preguntaba si no sería algún malhechor. Allí , en el desierto donde todo parecía estar sereno y equilibrado.  Contemplo la figura de alguien extraño, alguien ajeno a sus visitas, alguien nómada de ese lugar apartado de la civilización, alguien donde el dolor era impenetrable, donde el uso de sus huellas se desvanecía en la arena.  Se acercó a él y le habló con su cuerpo de mujer.
- Es de día. Tú estás aquí apartado, envuelto en tus ropajes azules evitando así este clima. No temas, yo y tú no somos murallones donde el inalado desprecio es continuo en el más allá. Somos solo dos espíritus en el intacto insuflar del viento y la soledad.
El de espaldas se viró lentamente y la miro. Una extrañeza comenzó a palpitar en sus entrañas, una rareza de hallar una mujer en el  implacable desierto. Estuvo largo tiempo examinándola, en su razón no cabía encontrar algo de vida ahí. Cuando se asentó  sus pensamientos le hablo.
- Buenos días mujer- asombrado, arropado de cierta desconfianza- ¿Estás solas? ¿Qué haces aquí?
- Por qué te de extrañar el de esta soledad. El miedo y el temblor penetran en tus ojos y no dejas de mirarme como si fuera una enemiga, alguien ajeno a tu ruta. Yo y este desierto somos hijos de la sequedad, de la erosión, del agravio, del castigo durante la existencia.
- Pero aún así extraña mujer puedes correr peligro aquí, hay muchos depredadores que pasan y se van después de hostigar a los más vulnerables y tú , que eres mujer, estás en el más oscuro de los peligros, en el más oscuro de los túneles que tal vez no hallen la luz jamás. Yo acostumbrado, con mi camello a divagar por estos lares solitarios, está es mi vida pero tu…tu, no sé,  siento desconcierto.
- Deja de mirarme. Deja que mis ojos descansen. Allí…allí , no muy lejos hay un sitio donde palmeras datileras y un pequeño manantial corre por sus venas podrás comer y beber algo para que continúes. Te acompañares, como almas de la soledad caminante del mutismo y hermetismo de éste  apartado lugar.
- No entiendo. No comprendo que haces aquí, algo me dice de un agudo dolor navega por tus manos, por tus piernas, por tus ojos callados, por tu corazón.  Seguro que no vienes con nadie ¡tanta soledad¡
-¿Tú crees que es soledad? Estamos en la inmensidad del vacío, de la nada. Pero este vacío, esta nada me complace. En su regazo me acoge y me siento bien. No te interrogues más. No me mires más. Sigue tu camino, te acompañaré hasta aquel vergel y luego la despedida. 
Caminaron y caminaron hasta enlazar con aquella minúscula selva irradiante en fertilidad. Y el bebió agua, y el comió algo. Mientras, ella, cantaba algo. Pero ese algo qué es, se preguntaba el nómada.  Aunque no entendía nada le seguía la corriente, ¿sería un espejismo?...CONTINUARA
Publicado por DUNIA para DUNIA SÁNCHEZ PADRÓN ©2007-2018
 


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