jueves, 1 de junio de 2017

EL FISCAL DEL PARAÍSO



EL FISCAL DEL PARAÍSO
JUAN CARLOS ESCUDIER 
Un grupo de fiscales ha iniciado una campaña en sus cuentas personales de Twitter para dejar en evidencia al jefe de la Fiscalía Anticorrupción, Manuel Moix, copropietario de una sociedad en Panamá que posee un chalet de lujo en la sierra de Madrid, tal y como ha desvelado Infolibre. “Soy fiscal y no tengo ninguna sociedad en Panamá” han empezado a tuitear los fiscales en un vano intento de sacar los colores a Moix, que no es de los que se ruborizan fácilmente.

Lo de estos fiscales no es para presumir. Por todo lo que hemos venido sabiendo en los últimos tiempos lo realmente anormal es no tener alguna empresa activa o inactiva en uno de estos paraísos, ya sea voluntariamente o por generación espontánea, como le ocurrió al exministro Soria, que un buen día descubrió que él y su hermano dirigían una sociedad en las Bahamas de la que no tenían constancia porque eran gente muy ocupada y no podían estar en todo.

Desde la hermana del emérito, por eso de que la realeza está siempre a la vanguardia del pueblo llano, hasta Carmen Lomana, pasando por políticos, empresarios, deportistas, espías, periodistas, actores, filántropos, médicos, clubes de fútbol y bancos, lo de montar sociedades ocultas a Hacienda se ha convertido en una tradición tan española como los toros, la siesta o la tortilla de patatas. Si en los años 60 del siglo pasado los padres abrían cuentas de ahorro a los recién nacidos, ahora les montamos una offshore en las Caimán y en el reverso de la medalla del niño Jesús les grabamos la dirección del bufete Mossack Fonseca por si se pierden en el supermercado. Lo de la empresa de Moix es lo más normal del mundo. ¿Por qué si no iba a apellidarse fiscal el paraíso?

A diferencia de otros países, donde hay una relación directa entre la tenencia de estas compañías y la defraudación tributaria, en España lo habitual es que sus titulares sean contribuyentes ejemplares con transparentes bolsillos de cristal de Bohemia, despistados como Soria que no recuerdan para qué demonios eran aquellos papeles que firmaron, incautos que hicieron caso a sus asesores legales y a los que denunciarán si se demuestra que evadieron impuestos sin su consentimiento, o involuntarios receptores de herencias familiares, más conocidos como pujoles, y entre los que se encuentra la familia Moix y su casoplón con piscina cubierta y vistas a Guadarrama.

Como no podía ser de otra forma, Moix ha afirmado que todo es legal ya que, de no haber sido así, él mismo se habría denunciado y la UCO le habría hecho un informe fetén, que para eso es un fiscal inflexible salvo con los que se llaman Ignacio González y sus amigos. Tal y como ha explicado, a partir de 2012, tras recibir el legado panameño de su progenitor, los afligidos herederos declararon a Hacienda la existencia de Duchesse Financial Overseas. Hubieran querido disolverla en estos cinco años pero, lo que son los imponderables, alguno de sus hermanos no podía hacer frente a los costes y el resto no iba a adelantarle la pasta. “Uno no puede tirar una herencia a la basura. Tendrá que aguantarse con la herencia hasta que la pueda legalizar”, dijo en la Cadena Ser. Legalizar lo que, según él, ya era legal es digno de un fiscal intachable, pero muy caro por lo visto.

¿Que por qué papá Moix compra una vivienda a su nombre y al de su santa y al año siguiente traslada su titularidad a una sociedad panameña de la que son únicos accionistas? Primeramente, para ahorrarse la tributación por imputación de rentas inmobiliarias en su IRPF, aunque parece un traje demasiado elegante para ir a merendar al campo. Se infiere por tanto que existía un segunda intención, que no podía ser otra que no tributar por las ganancias patrimoniales futuras en el supuesto de que la vivienda fuera vendida.

Por resumir, el fiscal Moix recibe en herencia una sociedad panameña y se convierte en propietario de la cuarta parte de un chalet de 500 metros cuadrados. Los hermanos conocen la existencia de Duchesse Financial Overseas no al morir su madre en 2008 – como afirma el fiscal- sino 20 años antes, hasta el punto de que la mayor de ellos es apoderada de la misma desde 1988. Declaran a Hacienda la existencia de la firma en 2012, tras 24 años fuera del control de la Agencia Tributaria, pero a día de hoy siguen sin “legalizar” el pastel y sus superiores se enteran del dulce por la prensa. “Es ético que los hijos hereden de los padres”, ha sentenciado el caballero por toda justificación.

Quienes denunciaban que Moix fuera nombrado fiscal anticorrupción para complacer los deseos de el Chino de la coleta que una vez fue presidente de Madrid y que en su designación se hubiera pasado por alto su inexperiencia en ese terreno se equivocaban, al menos, en esta segunda parte. Moix llevaba años preparándose para el cargo. Obligarle ahora a dimitir sería tirar a la basura sus conocimientos y experiencia en lo que a la corrupción se refiere. Un desperdicio, vaya.


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