lunes, 19 de junio de 2017

LA INIGUALABLE VIDA DE CONCHI



LA INIGUALABLE VIDA 
DE CONCHI
EVA NAVARRO SAN LUIS
Conchi es esa mujer glamorosa que se gana la vida en un banco. Como detesta el trato con los clientes y las personas, la meten cuatro horas en un archivo en el que revuelve diariamente los mismos papeles.
Su marido la engaña hace meses con una filipina, pero como Conchi es un cerebro frío acostumbrado a los números, ha calculado cuánto cuesta el divorcio y cuando le preguntan te dice que  los filipinos son galletas bañadas en chocolate que se consiguen en el supermercado.
La vida de Conchi transcurre monótona, invariable, comiéndose los trienios sin pena ni gloria en su papel de empleada de oficina. Desconfiada donde las haya recuerda a todas horas al vigilante de seguridad que no deje entrar a nadie porque podría tratarse de un vagabundo, persona de mala fe, a saber, como está el mundo,
a lo mejor nos matan o lo mismo nos violan. Al llegar a esto último Conchi hace una pausa y suspira ¡hace tanto tiempo que su marido no la toca!
En el fondo Conchi se siente a gusto con la vida, su sueldo de dos mil quinientos euros le permite vivir desahogadamente, pagar el alquiler de la residencia con piscina donde vive, aunque ella no sabe nadar ni se ha metido nunca en ella ni tan siquiera para comprobar si el agua está fría.
Conchi admira  a su jefe que vive en Londres, un tipo al que no ha visto ni siquiera en pintura, pero que es la cabeza que pone en marcha esta maravillosa máquina de hacer dinero, de la que sale también su sueldo, lógicamente.
Pero a Conchi lo que más le gusta es viajar. Este año se irá a Rhode Island que es un pueblo que ni ella misma sabe dónde está pero que se lo recomendó el empleado de la agencia de viajes un día con un catálogo a color que acababa de llegar. Bueno si será porque una amiga de ella conoció a su tercer marido en este lugar. Al pensar esto Conchi vuelve a suspirar como suspiraba al pensar en el violador que la iba a sorprender cualquier día en el banco.
Su mamá quería que fuese pintora, pero el arte da mucho trabajo y no siempre está bien remunerado. En cambio en el banco, aunque no trabajes te pagan siempre bien.
El refrán dice que el que se pica ajos come. No pretendo que nadie se sienta aludido al hablar de Conchi. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.


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