martes, 6 de diciembre de 2016

PP Y PSOE EN LA CUEVA DE LOS LADRONES



PP Y PSOE EN LA CUEVA DE
 LOS LADRONES
JUAN CARLOS ESCUDIER

A mediados de los años 50 del siglo pasado, Muzafer Sherif, y su esposa Carolyn, llevaron a cabo en Oklahoma uno de los estudios más celebrados de psicología social. El matrimonio observó el comportamiento de dos grupos de 11 adolescentes cada uno, sin relación previa entre ellos, a los que trasladaron por separado a un campamento de verano. El estudio tuvo tres fases: en la primera se alimentó el sentimiento de pertenencia al grupo; en la segunda se les permitió conocer la existencia del otro y se fomentaron las fricciones y el conflicto; y en la tercera se consiguió su cooperación, tras identificar a su enemigo común: unos supuestos vándalos que habían dañado el suministro de agua. Los 22 jóvenes acabaron siendo colegas, o casi.

El experimento de la Cueva de los Ladrones, llamado así por haberse realizado en las inmediaciones del Parque Estatal del mismo nombre y no por lo que todo el mundo está pensado, se ha reproducido con éxito en la política española entre el PP y el PSOE, cuyo amancebamiento político en las últimas semanas está demostrando que para constituir una gran coalición no hace falta pasar por la vicaria y firmar los papeles ya que el amor puede florecer en la oscuridad sin necesidad de dar tres cuartos al pregonero.

Tras consolidarse como adversarios irreconciliables y odiarse mucho, populares y socialistas han encontrado finalmente un objetivo que compartir, que no es otro que desactivar a las fuerzas políticas que amenazaban con comerles la tostada del desayuno, esto es, a Ciudadanos y Podemos, que siguen a la luna de Valencia. Es así como hay que interpretar sus recientes acuerdos sobre la subida del salario mínimo y el techo de gasto, que, finalmente, permitirán a Rajoy sacar adelante los Presupuestos y al ‘susanato’ confirmar que Pedro Sánchez era un hooligan al que no hay que dejar que vuelva a los estadios y evitar elecciones anticipadas.

El entendimiento de los supuestos antagonistas tiene muy desconcertado a Albert Rivera, que se ha topado con la evidencia de que su bisagra se ha quedado sin aceite y que los tríos no funcionan si dos no quieren. En Podemos, enfangados en una discusión bizantina de galgos y podencos, deben de seguir preguntándose qué está pasando para que otros se cobren las piezas que levantan, para congoja de Errejón y regocijo de Iglesias, que últimamente es más de cazar en la calle a campo abierto.

La derivada final es que parlamentariamente el país está sin oposición real, o mejor dicho con un artificio de oposición, y que Rajoy, con sus 137 diputados, es capaz de pastorear a su antojo mientras rehabilita su imagen y saca brillo a su nueva pose de maestro del pacto. Mientras completa el golpe de mano, la junta militar del PSOE está encantada con una situación que le permite presentarse como la supuesta izquierda cabal que dobla el brazo al Gobierno. El PP, por su parte, conduce a Ciudadanos hacia la irrelevancia y convierte a Rivera en un fantoche. En la Cueva de los Ladrones todos ganan, o eso parece.

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