lunes, 5 de diciembre de 2016

(ENTREGA DEL ALMENDRO DE LAS LETRAS Y LAS ARTES 2016)


 
FRANQUEZA
(ENTREGA DEL ALMENDRO DE LAS LETRAS Y LAS ARTES 2016)
José Rivero Vivas
La próxima ceremonia de entrega del Almendro de las Letras y las Artes ha de tener lugar en aguas profundas, de modo que no se advierta el ambiguo espacio de espectadores vanos, particularidad perteneciente al fondo oscuro de aquellos seres reacios a valorar este tipo de glosa, considerada nociva para la preponderancia de quienes optan por mostrarse remisos a liberar su conciencia, ante el temor de que el poderoso no simpatice con el homenajeado, motivo por el cual no le compensa en sus fatigas y le niega acceso al ágape tradicional, establecido en flaco favor concedido a los primeros pobladores del planeta.
No es, empero, objetivo de este tema, enmarcado en final de comedia, que el elegido se apreste a realizar, con voz doliente, un cántico elevado a su mística contenida, cual acervo esotérico destinado a dosificar alivio a la víctima propiciatoria, sometida al dictamen de la figura señera, precursora del bienestar anhelado que, tras solicitud de su aquiescencia, se convierte en solaz recóndito, permitido su gozo a través de la paz que mantiene, con exhibición de su poderío, basado en su alta alcurnia, vigente en línea directa de sus abuelos.
De hecho, nadie faltó a la recepción de cuantos quisieron celebrar la parte positiva de aquella escena, de extraño origen tal vez, por percibir las rosas sin espinas, que dejan de ser bellas si rehúsan pinchar a quien intente cogerlas por presumir con su aroma y color. En cambio, el canto poderoso de quien triunfa, sobresale por encima de los demás, instaurando su emblema por doquier, lo que constituye su impronta, sin subterfugio ni desmayo en su implantación. Pero no es hora de conservar habladurías ni de escuchar lugares comunes, dirigidos a ensalzar la figura de un hombre que, diseñado tras profuso argumento, instruye en método eficaz sobre cumplimentar órdenes de los más avezados asesores prehistóricos, especialistas en son de la voz abstracta, surgida en mitad de su propio silencio.
Justo en ese instante se acercó aquel amigo de otrora, y capcioso preguntó:
-¿Qué tal el Acto?
-Colosal. Nunca hubiese podido suponer su maravilla.
-¿Hubo estruendo?
-Mediático.
-¿Y eso?
-Toda la Prensa estuvo presente: reporteros, fotógrafos, columnistas, ocasionales y…más.
-¿Ellas y ellos?
-Sin faltar uno. Cargaban sus cámaras, sus proyectores, sus micrófonos y sus tics nerviosos, que volcaban en esas libretas electrónicas cuyo nombre no consigo descifrar.
-Pero, ¿tan importante era el Premio?
-Lo ignoro. Sé de cierto que se trataba de un sencillo galardón, humilde en su alcance, austero y genuino, como el propio Movimiento Cultural 3 Orillas, su iniciador y demás colaboradores.
Resulta por más edificante constatar la prontitud de la extremada singularidad exenta de iniciativa; sin embargo, se brega todavía con objeto de vaciar el saco de desdichas, a riesgo inclusive de llenarlo de frustración, aun cuando acaba de nacer la nueva tribuna donde, exaltados por el éxito apoteósico del funcionario, gracias a sus buenos oficios, mañana se tachará de soberbio a quien no acepte la propuesta de formar parte del núcleo integral de la oficialidad, posición admitida por los más, como grata aproximación al borde de la mesa del auténtico protector. Mas, ¿dónde hallar sosiego, con este ruido causado por los altavoces al servicio de la fiesta? Irá a pique el barco por no declarar la dotación su extravío en el planeta, firme certeza de que todo esto es demora aletargada de la barcaza que habrá de transportar víveres para esta población, adormecida al calor de la brasa, que espera tener junto a sí, para saborear cómodo y agradable rincón a lo largo del húmedo y frío invierno.
-¿Disfrutaste?
-En plenitud.
-¿Y el público?
-Abarrotaba la sala, amplia y espaciosa, atestada de libros y buena armonía.
-¿Cómo fue su impresión?
-De asombro y estupor. Nunca habían asistido a un evento de tanta dimensión.
-¿Muchos amigos?
-Todos.
-¿Y enemigos?
-Numerosos. Vinieron sin ánimo de ofensa contra el autor laureado.
-¿Mantuvo silencio la audiencia?
-Pétreo. Escucharon con atención las palabras del presentador, amigo Ánghel, y aplaudieron enardecidos su ditirambo.
-Tenía entendido que el local es pequeño.
-Depende de la óptica personal de quien analiza el caso.
Ello explica lo relativo de una situación donde unos prosperan y otros se hunden en la miseria. Su ironía insta, además, a coger la oportunidad, si se presenta, de ser uno de tantos, que de la noche a la mañana pasa a ser millonario. De aquí la premura en dar la noticia del fracaso obtenido en la fusión de ansias equívocas en persecución de la fortuna y la notoriedad que el roto cautivo pensaba fruir hace décadas; pero la adversidad se ceba con tanto vecino que explica su decisión de apoyar la incertidumbre de quien no alcanza a vestir de gala en noche serena y fulgente.
Guardé silencio y decidí no detenerme en minucias, sino proseguir mi avance hacia el horizonte imaginado por allá de la deuda impagable, que comprendía toda la región rica, puesto que de ello alardeaba el ingenuo habitante, sin preocuparle el velado alboroto que después habría de acontecer.
-No se dijo nada de cuánto se terciaba ese día.
-Llamaron superiores estamentos dando justificación a su ausencia por razón del compromiso en la gestión de gobierno, al tiempo de instituir la disposición del entramado social, que proporciona sustentación y enjundiosa estabilidad a la vida en nuestro Archipiélago.
-Al parecer, me perdí un gran suceso.
-No creas. En realidad éramos diez, con cinco más que acompañaban a quienes obtuvieron premio también: Yaiza, por su libro sobre el legendario Hupa-Lupa, su padre; el otro designado, de quien no capté su nombre, Profesor del Instituto de Bachillerato Mencey Acaymo de Güímar, por sus trabajos referidos a Don Quijote, llevado en equipo con sus alumnos.
Los dones de los más altos dignatarios pueden provocar desconcierto en sus incondicionales, quienes creen pertenecer al celoso privilegio, por obrar sin necesidad de colocar su asiento entre los demás. Levantado el emporio económico corren todos en pos de aquel que mejor tributa, y derecho van a realizar su seguimiento en el término de rescate, para aprovechar el idilio de soberanía, compartida en el hechizo de su quehacer, aupado en volandas al parnaso.
-Me conturba tu declaración.
-¿No entiendes mi plante?
-De ningún modo.
-Personas como tú y yo, a pesar de vernos a diario, poca afinidad tenemos. Ello significa que, con tu asistencia, algo se desmoronaría de un acto entrañable, por su autenticidad y carencia total de parafernalia y alharaca.
Vendrán variadas opiniones a ratificar el desencuentro de un pueblo cautivo de sus miedos, con temor a perder cuanto cree de su posesión, sin advertir que el proceso de su estirpe sigue en pasos forzados hasta el punto de ser un día desvalijados sin necesidad de asalto en el camino, de casa al trabajo y viceversa, yendo diligentes a la búsqueda de su medio de vida, júbilo pregonado desde la cumbre y la ladera, el barranco y la playa.
Reinó invicta conciencia de que hubo asimismo quien no pudo estar presente, pero su apoyo se notó en cada vibración, procedente del exterior, registrada fielmente, lo que induce a pensar que el desinterés de la gente canaria, hacia algunas cosas, eminentemente autóctonas, no es mera negligencia por parte de autoridades, administrativas y académicas, así como por los medios de comunicación.
Amable Cecilia, con su bondad, me entregó la escultura que, dado su peso –mocán de Canarias, okapi de África, caoba de América- sostuvo en sus manos, mientras se sucedía, de Ángel Vizcaya, la serie de fotos, juntos esta vez todos los galardonados.
Nos acompañaron los que verdaderamente intuían la magnitud del hecho, que cobra relevancia por sí, no porque suponga condecoración que eleve a las alturas, merced a su categoría social y crematística aureola. En definitiva, fuimos suficientes porque estuvimos los que teníamos que estar, y todos nos sentimos honrados con el homenaje, por sincero y legítimo, con absoluta omisión de pretensión y pompa, deslumbramiento y acorde final.
Su límpida naturaleza confirma que es, por excelencia, un bello gesto, del que por siempre habrá de quedar sumamente agradecido este autor.
José Rivero Vivas
San Andrés, Tenerife,
Diciembre de 2016
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