lunes, 26 de diciembre de 2016

NO DESPERTÉIS...




NO DESPERTÉIS...
DUNIA SÁNCHEZ
No aún no despertéis, dejad que esta jornada donde la lluvia y el viento os deslice en el silencio de un largo letargo. Cierro ventanas, cierro puertas, es oscuridad casi eviterna hasta que este día que viene se extinga en las manos de la luna ¡Ay mis hijos¡ Doce como las campanas de hace pocas noches. Duermen, que sigan así en este día donde las emociones se exaltan al descubrir los regalos de una larga madrugada del seis de enero. Ellos no lo saben, son aún muy pequeños. Qué se yo, muy inocentes. Yo me miro al espejo, estoy acabada, desdeñada. No tengo recursos suficientes para un detallo, un regalo que haría que sus bocas hambrientas se regocijarán en la alegría. Cierro ventanas, cierro puertas. Por un orificio secreto mío veo la sacudida del amanecer. No se oye nada. Mejor. Me siento cobarde, no sé cuánto durará esto pero espero la celeridad de las agujas del reloj. Escucho unos pies desnudos andar por la casa, será el mayor ¡Vete a la cama hijo mío todavía es de noche¡ Me mira, sus ojos buscan, ojean, inspeccionan. Aún legañoso pero vital observa, me pregunta el por qué esta todo clausurado. No sé qué decir, que se yo… hace mucho frío hijo mío vuelve con tus hermanos, con tus hermanas al sueño de los ángeles que nos protegen. No. No sé quiere ir, sospecha algo, algo extraño se mece en el ambiente. Algo que me desencaja, que me abate, que me aísla en mis pensamientos. Siento terror, se me estremecen las manos, la voz. Pero hoy no son los reyes madre ¿Hoy no son los reyes madre…?, me pregunta. Una ola de hielo se implanta en mi corazón, me siento caer a ras de la desesperanza, de la desilusión. Ay su carita, su ignorar de las miserias bajo este techo. Todos despiertan. Todos vienen. Intento mantener la compostura pero no puedo. Me llevo las manos a mi rostro y lloro ¡Mis niños¡ Ellos conmigo expulsan lágrimas desgarradoras, abolicionista de toda mi entereza. No, no puede ser. Abro ventanas, abro puertas y ellos, ellas miran con ojos tristes está atmósfera infectada de pobreza ¡Son solo niños¡ No comprenden ¡Por qué os habéis levantado¡ A ras de agujas candentes me columpio. Me detengo y medito. No más.  No más desoladas sorpresas. Mañana…Sí, mañana no sé cómo me embarcaré en una hipoteca. Sí, hipotecaré todo, todo lo que tengo y algo les traeré. Les diré…les diré que se han retrasado, no, a lo mejor…ya plantearé algo. Mientras cerraré de nuevo ventanas, puertas. Qué el dolor no se escupa más allá de estas desconchabadas paredes. Iros a dormir hay tormenta, esperemos un nuevo amanecer donde los sueños se hacen realidad. Os quiero tanto…

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