martes, 8 de noviembre de 2016

JUSTICIA DE CHISTE

JUSTICIA DE CHISTE
DAVID TORRES
Finalmente, tras no pocas deliberaciones, el concejal Guillermo Zapata se ha sentado en el banquillo para responder sobre los ofensivos tuits en que se mofaba de Irene Villa, de las niñas de Alcàsser y de millones de judíos asesinados. Este peligroso terrorista pretendía escabullirse de la justicia mediante el socorrido argumento de que los chistes no eran de su invención, que él sólo los había hecho rular, pero su defensa resulta tan absurda como si un pistolero de ETA argumentase que él no ha inventado la pólvora.

La causa contra Zapata fue archivada tres veces por culpa del juez Pedraz, a quien le parecía que penalizar el humor negro, por pésimo que fuese, era una praxis que podía taponar los juzgados españoles en cuestión de días, puesto que en los libros, las televisiones y las redes sociales circulan docenas de miles de chistes similares. Lo que no acaba de entender Pedraz es que Zapata era culpable en primer lugar por su filiación política con el agravante de apellido revolucionario. Por eso mismo Pablo Casado, Rafael Hernando y otros célebres humoristas del PP pueden soltar sus divertidos comentarios sobre fusilados en las cunetas y familiares de las víctimas del franquismo que sólo se acuerdan de ellos cuando hay subvenciones: porque están bien apellidados y empadronados donde Dios manda. Carina Mejías, de Ciudadanos, también se rió mucho con unos tuits de unos amigos suyos donde anunciaban que iban a colgar de una farola a Gabriel Rufián y a Joan Tardá tras un hipotético golpe de estado -aunque no especificaban si en la misma farola. El caso de Jiménez Losantos -que una mañana empezó a soltar espuma por las ondas mientras amenazaba con disparar una lupara contra Errejón, Bescansa o Maestre en cuanto se los encontrara por la calle- no se consideró humor negro ni amarillo ni de ningún otro color puesto que Losantos hablaba completamente en serio.

En su escrito de descargo, el juez Pedraz también advirtió que los chistes de Zapata no llevaban intención de humillar, que los amparaba el derecho a la libertad de expresión y que en la legislación española no existe “el derecho a no ser ofendido”. De hecho, Irene Villa, blanco de uno de los chistes más crueles del concejal, puntualizó que no se sentía ofendida en absoluto y hasta intervino en la discusión añadiendo los comentarios de humor negro que más gracia le habían hecho sobre su atentado. Alguien señaló en su momento que quién era Irene Villa para salirse del tiesto ideológico sobre víctimas y verdugos, con el cuidado que regamos ese tiesto en España desde 1939, y la acusación popular (formada por Dignidad y Justicia y el sindicato Manos Limpias, el Dúo Dinámico de Plaza de Castilla) subrayó la gran alarma social que habían causado los tuits de Zapata: una bomba con la espoleta retardada cuatro años.

Afortunadamente, por pura casualidad, el caso fue a caer en un tribunal de la Sección Segunda de lo Penal formado por los jueces Concepción Espejel y Enrique López, quienes ya fueron recusados en cinco causas relacionadas con el caso Gürtel por su afinidad ideológica con el PP. Basta este último detalle para comprender, por si alguien no se había dado cuenta, que la justicia española es de chiste y últimamente se dedica sobre todo al humor negro.

En los juzgados no se veía nada igual desde que Chiquito de la Calzada, a quien no le faltaba razón, acusó a Florentino Fernández de haberle copiado sus gestos y plagiado sus mejores frases. El juez le preguntó a Florentino: “¿Es cierto que usted utiliza regularmente en sus espectáculos frases como fistro, diodenal o por la gloria de mi madre?” Florentino lo admitió pero el juez falló que no era una conducta punible y con ello perdió la oportunidad de que la justicia sancionara en todo su esplendor, como lo está haciendo contra Zapata: “Hombre, malo, violento, pecador de la pradera, ¿pero qué le estás haciendo al cuerpo humano?”

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