viernes, 29 de marzo de 2024

PARTIDO CONTRA EL RACISMO (QUE SUFRE VINÍCIUS)

 

PARTIDO CONTRA EL RACISMO 

(QUE SUFRE VINÍCIUS)

En la grada aplaudieron y disfrutaron de un 3-3 algunos que mañana insultarán llamando negro, moro o gitano a quien se les ponga por delante siempre que no sea flamante delantero del Real Madrid

GERARDO TECÉ

Vinicius dando un empellón a Laporte, en el partido de homenaje

del martes 26, en el Bernabéu.

70 años después de que Rosa Parks se negase a abandonar su asiento en el autobús y con el recuerdo aún reciente de aquella semifinal de Champions en la que los futbolistas del Real Madrid observaban impasibles cómo sus compañeros del Manchester City se quedaban solos clavando sus rodillas en un Bernabéu que silbaba el gesto antirracista, el coliseo blanco se vistió de gala para celebrar un gran evento contra el racismo. El bolo, un amistoso España-Brasil, era herencia de un Luis Rubiales que, por aquel entonces en el cargo, sin picos y sin causas penales pendientes, supo leer a la perfección que al racismo se le combate “celebrando un partido top” que generase ingresos para la RFEF cuyas cuentas son ahora investigadas.

 

Si hay que ponerle una pega a esta iniciativa irreprochable en lo social, quizá sea el título elegido: partido contra el racismo. Porque lo de ayer era algo mucho más específico. Era un partido contra el racismo que sufre el delantero del Real Madrid Vinícius. No hubiera pasado nada por ponerlo tal cual en la entrada y así evitar confusiones. Como la de aquel tipo que, a las puertas del estadio, se preguntaba si por los videomarcadores aparecería en forma de homenaje y reparación la cara de Wilfred, el portero nigeriano del Rayo Vallecano que en ese mismo estadio tuvo que escuchar a la grada corear “negro, cabrón, recoge el algodón”. O la del madridista Freddy Rincón, cuyo nombre aparecía frecuentemente rodeado por una diana en las paredes del Bernabéu junto a la palabra sudaka por gentileza de los Ultras Sur. Esos Ultras Sur con los que los compañeros de Freddy se fotografiaban amigablemente y a cuyo líder, Ochaíta, Florentino Pérez reconvirtió en encargado de la blanqueada grada de animación. Luchar contra el racismo, como luchar contra cualquier tipo de discriminación, es más complicado que celebrar “un partido top”. Luchar contra el racismo conlleva un proceso de revisión incómodo, molesto y doloroso. Por eso ni Wilfred ni Fredy aparecieron en el videomarcador y por eso los periodistas de la órbita florentina que hace sólo dos años criticaban al City porque clavar la rodilla en homenaje al asesinado George Floyd era mezclar política y deporte, fueron los narradores de este partido de desagravio.

 

Que Vinícius sufre racismo en los estadios de fútbol es tan evidente como que quienes recurren al color de su piel para insultarlo son unos racistas de mierda que seguirán apestando por mucho que disimulen su olor tras el cutre argumento de que el tipo es un chulo que va provocando. Vinícius tiene todo el derecho a ser el chulo provocador que decida ser sin que el color de su piel juegue ningún papel en esa historia. Además de ese derecho, Vinícius podría decidir autoimponerse ciertos deberes básicos en esta lucha contra el racismo que dio título a la cita televisada. Podría, el delantero brasileño, haber aprovechado los focos y cámaras de Netflix para explicar que si lo suyo es jodido más lo es el racismo que sufren los negros que caminan por las calles de Madrid, que son continuamente detenidos e identificados por la misma policía que en ese momento se encargaba de la seguridad del estadio. Eso, tan incómodo y necesario, sería antirracismo. Podría haber dicho que él no saldría más al césped si al palco de su estadio seguían siendo invitados líderes de ultraderecha como Santiago Abascal, entregado a la política de llamar delincuente al negro pobre. Eso, tan polémico y necesario, sería antirracismo. Vinícius, que no unió su rodilla a la de sus compañeros del Manchester City, podría haber aprovechado el evento mundial para explicar que no hay lucha social sin conflicto, que no hay discriminación que se solucione con homenajes personales, ni es el más indefenso aquel por quien se apagan las luces del Cristo Redentor de Río, sino el mantero con una mano delante y otra detrás, pero nada de esto pasó en el partido contra el racismo que sufre Vinícius. En la grada aplaudieron y disfrutaron de un 3-3 algunos que ayer insultaron y mañana insultarán llamando negro, moro o gitano a quien se les ponga por delante siempre que no sea flamante delantero del Real Madrid. Y lo cierto es que no podremos señalarles la incoherencia, porque ellos a lo que acudieron fue a apoyar a Vini. Lo cual, a las personas horribles y malpensadas como yo, nos deja la enorme duda de si todo esto no será un postureo monetizable que nada tiene que ver con la lucha contra el racismo.

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