jueves, 9 de agosto de 2018

LAS MARISMAS DE LA OSCURIDAD. 4 Y 5


LAS MARISMAS DE LA 
OSCURIDAD. 4 Y 5
DUNIA SÁNCHEZ
La ventana se abre, la luna roja aun presente. Una cierta brisa penetra en esa caótica estancia donde ella se debate con su personaje. Detenidamente lo perfecciona, lo incrusta en la pantalla como alguien sonriente al ritmo de sus vivencias. Un ser que no se rinde, luchador ante las desavenencias de los días. Siente algo en su espalda, un cosquilleo inquietante, una caricia del viento débil que ha abierto su ventana. Deja la escritura y mira a través de ella. No entiende el por qué se abierto. Tanto no es el vientecillo de noche de luna roja para ello. Las ramas del árbol frente al edificio ahora parecen reales, se mueven solo un poco. Ella se levante de su silla y se va hasta la ventana. Mira, observar y examina todo lo que tras ella transcurre. La tranquilidad, el oleaje sereno, el árbol casi quieto. Desconcentración es la palabra. No puede volver a su narración un cierto ruido alborota sus sentidos. Ojea su derredor, su habitación pero no ve nada.

Aun así, siente la llamada, la llamada protagonizada de los ahogados, un quejido que la enfrenta a su entereza. Cierra la ventana con violencia. Se vuelve abrir, no comprende el por qué. Otra vez la llamada, una luz potente se hace eco en su estancia. Una luz azul, verde, blanca. Los espíritus de los océanos en la pena tras llegar a esta tierra donde la indiferencia duele, quema, rompe cada sentimiento de libertad, de bienestar, de vida. Ella estática, insonora, con el miedo en su vientre la sigue. Paulatinamente la luz variopinta se va toma forma, una forma de cuerpo humana. Noche de luna roja, noche de almas ajadas en el ayer, en el hoy, en el mañana. Un sudor cae por su tez, no comprende porque esa visión del más allá. Ella, creadora, en la nulidad de las creencias. Pero ahí están, espíritu flotante envolviendo toda su habitación con su luminosidad, envolviéndola a ella pero sin tocarla…continuará

CAPITULO 5
¿Quiénes sois?, les pregunta. No me hacéis ningún mal pero me desequilibráis. Me amparo en que no puede ser esto que me está pasando. Luz humanizada en sus transparencias, colores danzando a mi derredor y el silencio. Sobre todo, el absoluto silencio. No los entiendo, ¿qué queréis? Yo no os he llamado, estoy aquí con la voz de un personaje, un personaje que se pierde en lo hondo de mi pecho cuando soy metamorfosis de su existencia ante este teclado. Lágrimas emocionantes rozaban mi rostro mientras se erguía su figura. Pero ahora, vosotros. De donde carajo salís. Necesita aire, aire  absorbente ante esa aparición cuando la madrugada es cuna de una luna roja. Cierra los ojos, mientras deja su tez con el frescor de la brisa. No siente nada, solo el impulso de respirar con lentitud. La calma pacificadora juega con su corazón ¡El mar¡ ¡El mar¡ escucha el rumor de las olas cuando rompen con la avenida, abre los ojos firmándose en sus manos. Lo que fuera se ha ido y el flojo viento se ha parada. Ramas quietas, manos donde todo se mezcla y explosiona en el sentido de la siembra de su yo. Manos inamovibles en el paso de los años, arrugadas, donde el trabajo señala cada línea que esconde sus palmas. Manos que han amado sin ser amada por el dulce resonar de la ternura. Manos desérticas donde solo corre el agua, el agua de la vida en cada jornada. Hoy noche de luna roja, luna enaltecida por los amantes, por los amados, por las amadas, por las corrientes sonoras al fin al cabo del amor ¿Qué es el amor?, se pregunta. Se encoge de hombros, evoluciona hasta su estado más arcaico y simplemente acapara la complicidad de una mirada, de un arco iris en el mutismo de las pisadas. No llega a comprender, besa sus manos y por unos instantes se ausenta, se difumina en témpanos de hielo que la hace temblar ¡Extraña¡, si extrañeza cuando las miras. Sus manos,  vírgenes llanuras donde no habrá amor…Se aparta de la ventana y otra vez esa pantalla, esas hojas que parecen dormidas en sus letra...continuará
 


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