sábado, 4 de junio de 2016

OTRA DIMENSIÓN...

OTRA DIMENSIÓN...

DUNIA SÁNCHEZ
Otra dimensión, otro mundo donde el rodar y rodar de sus pies cansados lo llevaba a un vergel de indescriptible imagen. Sonaban los ritos de las aves que se amaban. Cantaban las olas la vejez de sus andaduras. Suspiraban las arboledas el reverder de una sonrisa que se insuflaba más a más a medida que penetraba en aquella belleza. La pena no tenía cabida, solo, el aliento de las estrellas que acariciaban su corazón. La noche lo ataba a fijar sus ojos a la luna, un firmamento limpio del ruido sucio de aquella otra esfera. Sí la muerte fuera así, se preguntaba. Qué placer albergaría en mis sentidos. Su mirada blanca estampaba instantes de eterna vitalidad. Todavía no era su hora o eso creía. No quería ahora volver a su lugar de tan dichoso que se hallaba. Solo había un inconveniente allí la nada de seres como él rondaba. Solo él y el rumiar de las mareas, de los árboles, de las aves, de los astros…Caminaba lento, sosegado, estaba cansado tras las cicatrices de antaño. Pero ahora se miraba en un arroyuelo y todo había desaparecido, era joven otra vez. Sus arrugas no más que eran fruto de un ayer, un ayer doloroso ¡Qué más da estar solo¡ se decía. Al menos puedo andar y andar con la libertad que aquí se respira. Qué linda noche con la calma de las ramas, con el silencio de las aves y solo el taconeo incesante del océano. Aun así se sintió vigilado. Quien podía ser. Descubrió una cascada en su paso, una cascada plateada que hechizaba su corazón. Se aproximó. Penetró en ella y halló solo huesos y más huesos. Qué podría ser, se dijo. No temió sino una paz se le incrusto en su vientre, en sus piernas, en sus manos, en su mente ¡La muerte¡ Allí entre aquellos esqueletos se sentó a la espera de la sentencia de los dioses del universo. No lloró, un halito de alegría se festejaba en su reconditez y durmió y durmió hasta el fin de sus días

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