martes, 7 de julio de 2020

LA PELÍCULA DE CORINNA Y EL REY JUAN CARLOS


LA PELÍCULA DE CORINNA Y 
EL REY JUAN CARLOS
DAVID TORRES
Puede que algún día hagan la película de las amistades peligrosas entre el rey Juan Carlos y Corinna Larsen, aunque casi seguro que no la estrenarán en España. Puede incluso que, de rodarla aquí, dentro de tres décadas o más bien tres siglos, les salga algo parecido a Pepito Piscinas, Agítese antes de usarla o Cristobal Colón, de oficio descubridor, curioso subgénero de los tiempos del destape en el que lo de menos era el guión y lo de más los muslos y pechotes que atiborraban la pantalla. En la fabulosa historia de amistad y enemistad del rey emérito y Corinna -tal y como se desarrolla en los juzgados suizos- tampoco es que el guión tenga pies ni cabeza. En el mejor de los casos, el público del futuro va a tener que tragarse chorradas e inverosimilitudes como ruedas de molino y a lo mejor el público del futuro no cuenta con las tragaderas inmensas de las que disponemos los actuales súbditos de la corona española. Otra posibilidad sería rodar directamente una película porno.



Lo de blindar al jefe del estado español con un artículo especialmente diseñado para ello en mitad del mazacote constitucional no ha funcionado muy bien del todo, más que nada porque los fiscales suizos no entienden un carajo de castellano y tampoco son muy de hacer reverencias. Quién iba a sospecharlo, cuando desde siempre en Suiza se han guardado los mejores secretos y las más sucias fortunas, desde las facturas pútridas del Vaticano a las cuentas de los Corleone y la Yakuza. No hay derecho. ¿En qué diablos vas a confiar si no puedes confiar en la banca suiza?

Los afortunados espectadores del juicio deben de estar alucinando con los vaivenes de un culebrón que deja los chanchullos millonarios de Dallas, Falcon Crest y Los Colby a la altura de un golpe del Torete. Corinna declaró en diciembre de 2018 que recibió 64.8 millones de euros de parte de su majestad el rey Juan Carlos no para hacer de pantalla financiera ni para cuestiones de blanqueo, sino por amor y gratitud. Traducido libremente del francés, casi 65 millones de euros ganados a golpe de ingle. Nos hemos enterado ahora porque con los borbones las noticias siempre llevan mucho retraso. El fiscal Yves Bartossa no acaba de entender ni el origen del dinero ni los motivos por los que acabaron en manos de Corinna, lo cual dice muy poco acerca de su imaginación y no digamos de su espíritu romántico. Si antes, en la prensa española, se llamaba a Corinna sin el menor reparo "la querida amiga" del rey , ahora se la llama "la ex amiga" y aquí paz y después gloria. Más claro, agua del lago Constanza.

Es una pena que el elenco habitual de la época del destape ande de capa caída o, peor aun, difunto porque con ellos la película de Corinna y Juan Carlos podría alcanzar cotas cómicas insuperables. Mariano Ozores, por ejemplo, ya está muy mayor como para bordar el papel de aquel jeque árabe que bajaba de un helicóptero regalando dinero y joyas a espuertas en Los energéticos. Normal que, excepto Podemos y unos cuantos insensatos más, en el Congreso hayan decidido una vez más correr un tupido velo sobre estos feos asuntos palaciegos. Con una república seguro que no pasábamos ni la mitad de vergüenza pero, la verdad, tampoco nos íbamos a reír tanto.

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