martes, 4 de julio de 2023

¿Y Margarita Robles no?

 

¿Y Margarita Robles no?

ANA PARDO DE VERA

 

Es una pregunta retórica, y seguramente ya conozcan la respuesta. La semana pasada se difundió masivamente el terrible caso de Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib, detenidos como violadores en serie en 1991 y condenados porque el tribunal que los juzgó no consideró correctamente la prueba pericial de semen que demostraba su inocencia y que ahora, más de 30 años después, ha servido para que el Tribunal Supremo confirme una vez más -lo hizo en 1997 con una de las violaciones- la inocencia de Tommouhi y Mounib. El primero no salió de la cárcel hasta 15 años después, en 2006, el segundo murió en ella de un infarto y tras varias huelgas de hambre para exigir su puesta en libertad.

Todo fue un desastre en este caso, incluyendo las dieciséis violaciones que quedaron sin culpable, porque tras el error descomunal de un tribunal de la Audiencia de Barcelona, presidido por la hoy ministra de Defensa, Margarita Robles, vinieron las incomprensibles dilaciones que tuvieron a Tommouhi tres lustros en la cárcel y que mataron de falsa culpabilidad a Mounib. Hubo después un culpable de varias violaciones, un cómplice constatado y nunca hallado y varios ciudadanos comprometidos con la causa de los dos inocentes, como cuenta uno de ellos, el periodista Braulio García Jaén en la crónica escalofriante publicada el pasado domingo en El País y que había denunciado el caso de Tommouhi también en Público, en 2010, en un reportaje titulado "Ahmed Tommouhi, el punto ciego de la Justicia española". Y tanto.

La noticia sobre el segundo reconocimiento de la inocencia de Tommouhi por parte del Tribunal Supremo la conocimos la semana pasada; que el tribunal que lo condenó en Barcelona lo presidía una ministra actual del Gobierno de coalición progresista viene de lejos. Sin embargo, la responsabilidad de Robles en este asunto ha pasado de puntillas, con apenas un tuit relevante del omnipresente Esteban González Pons (PP), perdido en la compulsión frenética de Twitter. Tal vez se me escape alguna reacción más, pero en general, me ha sorprendido mucho el silencio disimulado, por ejemplo, de quienes pedían noche y día, semana a semana, mes a mes ... la dimisión de la ministra de Igualdad, Irene Montero, por una ley con un fallo en el diseño de las condenas del que fue asimismo responsable un ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, que hoy es magistrado del Tribunal Constitucional como cortesía por su error.

¿Qué ha podido pasar en este país de hiperventilados furibundos, tan preocupados por que a unos condenados se les reduzcan las penas unos días, meses, algún año y en cambio, cuando un inocente pasa 15 años en la cárcel, otro se muere en ella y varias mujeres siguen sin poder poner cara a su violador por un error de primero de juez, no se pida apenas la dimisión de Robles? En algún sitio he oído, incluso, algo así como que pobre ministra, bastante tiene con cargar con la culpa, como si eso fuera incompatible con asumir estrictamente la responsabilidad por un hecho tan lamentable: nadie dice que lo hiciera a propósito, pero lo menos que puede hacer es pedir disculpas públicas a dos inocentes, uno muerto, e irse; ya queda muy poco de legislatura.

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La cultura penal (mejor inocentes encarcelados que culpables libres), xenófoba y clasista de este país (los inocentes eran migrantes marroquíes sin riqueza), que tanto se han trabajado las derechas (no solo partidistas) y que regresa ahora con fuerza al modo trumpista, se ha visto perfectamente reflejada en este caso, un escándalo que apenas ha tenido repercusión en la clase política, muy consciente de que es un tema muy incómodo para todos los partidos. Todas, menos el puñado de gente que estuvo al lado de Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib, hemos llegado tarde a este caso cruel de incompetencia judicial, primero, y de dejación administrativa después. Lo menos que debemos exigir es que alguien que ocupa hoy una alta representación en el Estado asuma ejemplarmente su responsabilidad por haber arruinado, como mínimo, la vida de dos inocentes. ¿Cómo es posible tanta querencia a los cargos en este país, que nuestros/as políticos siguen siendo incapaces de dimitir aun en lo más obvio?

 

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