miércoles, 1 de noviembre de 2017

TRÁNSITO, por José Rivero Vivas

TRÁNSITO
a las esferas celestes
de
JESÚS MARÍA ÁLVAREZ ORAMAS_
José Rivero Vivas
Jesús María Álvarez Oramas y José Rivero Vivas – Agosto/septiembre de 1960
APUESTA TENAZ
Texto para la Autobiografía de
JESÚS MARÍA ÁLVAREZ ORAMAS
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José Rivero Vivas
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En esta era de innúmeras biografías, propias y extrañas, que relampaguean en escaparates de librerías, llenan módulos en supermercados y atestan estantes en colegios y bibliotecas, una más, para el lector, puede carecer de importancia e inclusive pasar desapercibida. Pero, no debe cundir el desaliento ante la profusión de fotografías y textos que abarrotan el ámbito de la popularidad. En general, tantos cuantos volúmenes, de este tipo, se aprecian expuestos al público, corresponden, sin lugar a dudas, a fulgentes astros, resplandecientes en un firmamento creado por leyes que mayormente obedecen a un fin material, acaso de interés común entre estrellas y promotores, girando todos en torno al sol que su objetivo contempla. De aquí que, tanto artista, como profesional de plena dedicación, quede rezagado, oculto y hasta ignorado por un mundo que se comporta insensible, a fuer de indiferente, hacia aquello que no destaca, no brilla ni enceguece con su rutilancia.
Éxito y renombre, además de golosos royalties, han hecho que cualquier persona, en la creencia de poseer mensaje substancioso que legar a la posteridad, decida escribir su libro, con el propósito de ser también un día aupado a la celebridad y la fama. Pues, bien: manos a ello. ¿Por qué no? Todos tenemos algo que decir; al menos, para los más allegados. Bueno es que cada cual presione y se esfuerce en persistir, cabeza en alto, tratando de dejar huella de su constancia y dedicación, independientemente de cuál fuere su tarea. No sólo es cuestión de que los preeminentes de la sociedad expongan su fausto, su gloria, y aun sus cuitas y sus mórbidas vivencias. También el hombre llano, el ciudadano sencillo, cuya historia, sin altibajos ni acusados relieves, se considera gris y plana, debe notificar su satisfacción y sana alegría, pese a ser escaso su haber en estas regiones de muelle existir; pero, está obligado, sobre todo, a expresar su inquietud, su aflicción, su angustia y su tristeza: el desasosiego, en suma, que lo atenaza, sofoca y atribula en el transcurso de su estancia en la tierra.
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Jesús María Álvarez ORAMAS guarda ciertamente abundante activo en su arcano, como lo confirma su extensa y variada obra pictórica, producción creativa, realizada sin menoscabo ni titubeo, ajena a cese e interrupción que, firme y perseverante en el procedimiento de búsqueda y estudio, ha ido progresivamente multiplicando a lo largo de su itinerante carrera; ello le confiere su derecho a reseñar reflexiones y pensamientos acerca de su concepción del arte, rendir, a su criterio, homenaje a los grandes maestros, aludir a influencias que hayan enriquecido su bagaje individual y enumerar el recíproco intercambio de ideas sostenido con otros profesionales de su tiempo. Notoria fue, en este aparte, la década de los sesenta, etapa, durante la cual, se dio cita en París una pléyade de artistas, de distintas nacionalidades, donde muchos, como el propio Oramas, tuvieron, por punto de encuentro, el marco de la Place du Tertre de Montmartre. Rozagantes, en plena juventud e intenso desarrollo de su actividad, condicionados por la obtención del diario sustento, algunos hubieron de claudicar en su proyecto y desdorar su ejecución más íntima. Inmersos, no obstante, en su irresistible pasión por el arte, se mantuvieron íntegros en la persecución de su noble empeño, aun a costa, en determinados casos, de quiebra económica y ruptura familiar. Pero bullía también la vida, el entusiasmo y el contento, y se optaba por la juerga más que por el lamento y la melancolía. Así, muchas tardes, reunidos en el Vieux Pichet, cuando el vino había caldeado el ambiente, se había cantado y se había hablado interminablemente, en franca discusión, sobre infinidad de temas, Jesús me cucaba y me decía: “Pepe, aquí hay puro macho; vámonos a Pigalle, a oler hembras”, Y descendíamos de la butte para sentarnos en una terraza del bulevar Clichy.
Puede asimismo Oramas aplicarse a la descripción de peripecias y aventuras, diversiones y gratos recuerdos surgidos a lo largo de su accidentado discurrir, plagado de anhelos, esperanzas, ambiciones y sueños, al tiempo de relatar sus viajes, en barco, en avión, en tren, en autostop, como aquel de París a Estocolmo, que nos permitió visitar cuanto interesante lugar caía en los límites del trayecto; fueron muchos días juntos, mañana, tarde y noche, y estoicos hubimos de soportarnos nuestras rarezas, que afortunadamente supimos superar derrochando armonía y lealtad, civismo y mutuo respeto. Delicado fue el paso por el Youth Hostal del pequeño pueblo de Dinamarca. Oramas despertó enfermo. El encargado, al advertirlo, se puso nervioso y no paró de dar vueltas en la habitación, gruñendo enojado, mientras mencionaba la necesidad de ir a un médico. ¿Cómo, si no teníamos un duro? Había que esperar a que el pintor afilara el lápiz y perfilara el portraît de alguien que, generoso en su curiosidad, aceptara el retrato. Sensible a la situación, Jesús determinó levantarse. Enormemente pálido y dolorido por la punzante afección a su estómago, pero enhiesto y dando pruebas de su férrea entereza, se echó el morral a la espalda, me señaló al danés, y me dijo: “Hay que irse, Pepe; este hombre está asustado”. Anduvimos buen rato, carretera adelante, respirando el aire fresco de la mañana, hasta que el primer coche nos dio el lift oportuno, y continuamos hacia Copenhague. Pero, le toca a él hoy contar sus cosas; debo, por tanto, respetar su espacio y el tesoro de su memoria.
Nacido en época de extrema dureza, Jesús María Álvarez ORAMAS, hombre fino, pulido, metódico y aun meticuloso, con ojos reidores, de fijo y penetrante mirar, lo que denota su sagacidad y agudeza de observación y análisis, ha mostrado una voluntad inquebrantable para abrirse paso, salir adelante y forjarse un nombre en el panorama internacional de las artes. Siempre ha querido ser, imbuido tal vez de algún principio esgrimido por un presocrático, un francés de siglos pretéritos, o un filósofo de años presentes, a quien pudo haber conocido durante la serie de acontecimientos ocurridos en aquel Mayo que marcó hito diferencial respecto de educación, cultura y apremio sociológico.
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Conforme adquiere el individuo su grado de madurez, suele abandonar posturas, características de intransigencia y rigidez, para avanzar hacia una actitud más flexible, tolerante y comprensiva. Es transformación que el artista sufre a medida que adelanta en su destino, lo cual hace que, sin apartarse un ápice de su esencia, resulte comprometido en un estado de cambio permanente que lo libera de anquilosamiento, marasmo y fijación. Esta metamorfosis, superficial o profunda, se opera consciente, a veces inconscientemente, en el creador, quien, absorbido por su afán y ardor inventivo, ignora cuanto acaece a su alrededor y corre en pos de su hallazgo, olvidando el vínculo con su familia, sus amigos y gentes afines; como consecuencia de su vehemente y serena acción, en meditada perspectiva, paulatinamente se va incorporando a nuevas tendencias, de las cuales fue sumamente prolija la pasada centuria. De este modo vemos que, el tiempo, las circunstancias y otros factores susceptibles de intervenir en su proceso vital, han contribuido a que Oramas haya moderado, y aun cedido, en su exigencia de juventud, para abrazar diferentes estilos, tras ardua proeza de investigación y examen, por donde su pintura cobra una dimensión un tanto intelectual en su interpretación; al contemplarla, sin embargo, percibirá extasiado el observador que, a pesar del cambio experimentado, sus cuadros, invariablemente, destacan por su aguda sensibilidad, referida a forma y color.
En este capítulo, como en tantos otros, nadie mejor que él para manifestar su inquietud y aspiración, su meta y objetivo, prevalecientes en su producción, ya que es, en especial, el autor quien se halla en auténtica disposición para comunicar a los demás el secreto de su arte, la significación de su obra y el espíritu que la anima. De ello se deduce el riesgo que supone emitir un juicio sobre su pintura, que necesariamente habría de ser periférico, entendiendo que, para calar hondo en la elaboración de un comentario, es preciso escuchar la confesión que el autor tenga a bien realizar acerca de sí mismo y su propio desafío. La dificultad se agrava al considerar el extenso recorrido de su apuesta, sumado al hecho de nuestros esporádicos encuentros, de los últimos años, cuando hemos coincidido en Canarias. Es, pues, lógico y consecuente dejar libre opción a los expertos, con el fin de que sean ellos quienes hayan de exponer su crítica sobre la obra de Jesús María Álvarez ORAMAS, incidiendo acaso en la culminación de calidad, excelencia de colorido y acertada composición, así como en la ponderación de su esencia viva, su personal estima y su ineludible intención.
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Su talla, artística y humana, se agiganta en la constancia y tenacidad de su entrega al arte, vocación, gratificante en sí, colmada de reveses, impedimentos y acre vicisitud jalonando a intervalos su trayectoria, aunque de carácter positivo a la hora de sopesar su porfía. Inspirado de gentileza y coraje, Jesús María Álvarez ORAMAS ha querido evidenciar, en estas páginas de su AUTOBIOGRAFÍA, el conocimiento adquirido a través de labor y peregrinaje, así como la experiencia acumulada a lo largo de años de insistente industria y eficaz consagración; ello subraya lo fehaciente de su seria y edificante andadura, que es logro palpable de su exploración y magistral aporte en el cómputo de su fecundo quehacer.
Materializado el deseo, y hecha concreción, hasta el máximo, la unidad de acción en el curso de su existencia, podrá la lectura de su libro procurar estímulo al joven que, receloso o confiado, se aproxima al complejo, a veces descorazonador, mundo del arte. Prestará, igualmente, su lección apoyo sincero a quien, habiendo sobrevivido múltiples avatares de su adverso destino, suspira nostálgico junto a su ilusión que, en nítida fidelidad, alienta en su seno todavía.
José Rivero Vivas
APUESTA TENAZ
Texto para la Autobiografía de
JESÚS MARÍA ÁLVAREZ ORAMAS
Londres, abril de 2001
Obra: E.13 (a.93) Escritos 4
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Notre bon ami Jesús María Álvarez ORAMAS est parti, le 27 août 2017, pour un long voyage, en parcours des sphères célestes, que sûrement l’emmènera à trouver le sujet qu’avec imagination et fantaisie il cherchait dans son infatigable traversée d’artiste authentique.
Son absence dévient malheureuse pour nous; mais, en consolation, il nous a laissé l’empreinte de la chaleur humaine qu´il débordait tout autour de lui.
Qu’il soit en paix et divinement accueilli dans son éternel repos.
Je vous présente, cher Madame Mariette Loquet, mes sincères condoléances.
José Rivero Vivas
Tenerife, 21 de septiembre de 2017
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