viernes, 10 de noviembre de 2017

¿A QUÉ JUEGA EL PP? EL ESPERPENTO NUNCA VISTO

¿A QUÉ JUEGA EL PP? EL ESPERPENTO NUNCA VISTO
FRANCISCO J. CASTRO*
En los medios en los que he trabajado siempre me ha tocado escribir de política y economía, aparte de otras muchísimas cosas que a uno le tocan de rebote. No elegí yo esa faceta del periodismo, me vino así impuesta, pero podía haber pedido ser comentarista deportivo y alegrarme de los calzoncillos que anuncia Cristiano. Son cerca de cuarenta años en periodismo y nunca he visto un esperpento como el que se está viviendo con la crisis de Cataluña. Y, miren que en tantos años he visto cosas raras.
Recuerdo mis comienzos en La Tarde junto a mi querido amigo Anghel Morales y mis colaboraciones en la mítica Gráficas Yurena. Y recuerdo que esos tiempos todavía se hablaba de la independencia de Canarias con fuerza, o al menos seguían los ecos, y había publicaciones diversas sobre el tema. Pero, a diferencia de hoy, había gente con categoría periodística y política. La gente de un lado y de otro tenían las ideas claras y sabían adónde ir.
Hoy, la política ha quedado degradada con mediocres que solo saben ir en una dirección: ganar el poder a toda costa, y dirigir al pueblo como borregos con embustes de toda índole. Comparemos los debates parlamentarios de hoy con los de las distintas épocas de Aznar y González, o los anteriores después de la Transición. Observen, por ejemplo, el currículum de los primeros senadores.
La pregunta, para centrarnos en el tema es: ¿A qué juega el PP con la crisis de Cataluña? Porque los independentistas lo tienen claro: seguir adelante con su proyecto, y cada paso que dan está perfectamente organizado. Pero, el PP, ¿tiene algún paso organizado? Vemos que al mismo tiempo que aplican el 155, un ministro asegura que no le desagradaría que Puigdemont se presentara a las elecciones; vemos que una vicepresidenta baila en un canal de televisión (se conoce que está de moda); vemos que los ex consejeros catalanes encarcelados han pedido libertad para hacer campaña electoral, y no hay que descartar que se la concedan; vemos que Puigdemont se pasea por Bélgica y lo atienden como a un héroe y hace campaña desde Bélgica; vemos cómo el presidente del Gobierno y una senadora independentista se intercambian regalos en el Senado en pleno 155, como cuando dos equipos de fútbol se intercambian los banderines; vemos al vampiro de Hacienda que tiene un discurso ambiguo sobre sí pero no vamos a intervenir; y vemos, cómo no, que se han disparado las encuestas de intención de voto y la guerra de los niveles de audiencia de los canales de televisión. A ver qué canal ha hecho del culebrón el más atractivo. Porque la guerra, precisamente, está en los medios. Pero, ¿todo esto qué es?
No me quiero alagar con las contradicciones del PP, pero una cosa sí es segura: ahora el caos es mayor con el 155. No es extraño que el PIB catalán se esté desmoronando, y como consecuencia, también el del resto de España. Pero vayan a saber lo que está sucediendo por las cloacas del Estado (así se decía desde que empecé en periodismo) con todo este asunto. Mientras el PP dice que todo va bien, que todo se ha normalizado en Cataluña, en esa comunidad se suceden las manifestaciones independentistas; la incertidumbre no para de crecer entre todos los catalanes; la economía se desmorona por la incertidumbre, y un largo etcétera que conozco de primera mano, porque tengo amigos catalanes.
Mientras el PP dice que hay “recuperación económica” en España, no bajan los niveles de desempleo, la pobreza llega hasta un 40%, según el estudio que se observe; la deuda española crece cada día; el vampiro de Hacienda acaba de pedir un crédito para pagar las pensiones; a los autónomos y pequeñas empresas los tienen fundidos a impuestos; mientras el Gobierno baja en un 25% los impuestos a las grandes empresas, funden a los autónomos, etcétera, etcétera. Esta es la “recuperación económica”.
O hay 155, o no lo hay, o se aplica la ley para todos, o no se aplica, pero esta obra de teatro supera a otras que hemos tenido en democracia. Y, hablando de democracia, a los partidarios de una república española les pregunto: ¿Para qué vamos a cambiar de sistema político si los gobernantes van a seguir con la misma actitud? Miremos a nuestro alrededor: busquen una república donde no haya corrupción y donde los ciudadanos no estén hartos.
Si Cataluña ha sido la peor crisis, el PP significa la mayor lacra para este país. Les doy una idea, aunque sea excepcional, porque la situación es excepcional: recoger firmas y facilitarle una puerta giratoria al presidente del Gobierno. Creo que en esta ocasión vale la pena.
Foto: Alexas. Creative Commons
*Periodista

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