sábado, 24 de septiembre de 2016

VERANEO FISCAL EN BAHAMAS

VERANEO FISCAL EN BAHAMAS

DAVID TORRES
Los paraísos fiscales también suelen ser físicos, aunque no todos. Es mejor tener el dinerito a salvo en lugares con clima seco, donde ni las zarpas de Hacienda ni el mal tiempo puedan hacerle mella. De ahí que las Bahamas, esas islas afortunadas, estén hinchadas a rebosar de billetes limpios de polvo y paja. Allí los dólares toman el sol en una tumbona mientras los euros beben piña colada a nuestra salud en un verano perpetuo. Es la paradoja capitalista de que la libertad sea para las monedas en lugar de para las personas.

Por eso tampoco nos ha extrañado tanto que, tras el escándalo de los papeles de Panamá, haya salido a la luz que el Banco Santander tenía abiertas más de quinientas sociedades pantalla para sus clientes más exclusivos en las Bahamas. Parafraseando al gran García Márquez, se trata de la crónica de una mierda anunciada. Tanto que un portavoz del Santander se ha apresurado a explicar que las actividades realizadas en el archipiélago no sólo están dentro de la legalidad, sino que las Bahamas también han sido el retrete común para otros grandes bancos suizos, franceses y españoles. Por lo visto, Botín es sólo un apellido, no una patente de corso. La legalidad resulta bastante dudosa porque, aunque las Bahamas dejó de ser considerado paraíso fiscal en 2011, el año pasado la Comisión Europea ya les dio un toque por falta de cooperación y nunca han respetado el acuerdo global de intercambio de información impuesto por la OCDE.

A menudo las metáforas, igual que el sistema financiero, funcionan según sus propias leyes. Al escribir eso de “salir a la luz”, de inmediato uno piensa en esos pedruscos del campo que, cuando los levantas, revelan un diminuto e hirviente mogollón de lombrices y gusanos. Por eso tampoco suena extraño que, entre los nombres que han emergido en esta nueva palada de estiércol, se encuentre el de Neelie Kroes, nada menos que  ex comisaria de Competencia y vicepresidenta de la Comisión Europea. A estos megafuncionarios no sólo les pagamos el sueldo, sino que además les pagamos para que nos roben en nuestra propia cara. El refrán aquel de poner a un zorro guardando gallinas se inventó para ella.

Como cualquier otra religión, el capitalismo necesita no sólo de dioses intocables y de creyentes sordomudos y ciegos, sino también de sacerdotes que vayan explicando a los fieles los mandamientos de la marrullería. Con chanchullos tan bien montados se explica a la perfección que el neoliberalismo marche viento en popa y que la creación de riqueza consista, básicamente, en la creación de pobreza. Sin embargo, no todo son malas noticias en la lucha contra el fraude fiscal. En España la justicia ha caído duramente sobre una señora de Baleares que tendrá que devolver 17.000 euros que cobró en concepto de ayudas al desempleo porque la muy tunante había ganado además un sueldo Nescafé. Eso le pasa por ganar un sueldo Nescafé en lugar de hacer como tantos jerarcas del PP, que sólo ganan la lotería.

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