jueves, 23 de abril de 2020

GUARDIA CIVIL CHAVISTA Y MINISTROS QUE MIENTEN


GUARDIA CIVIL CHAVISTA Y MINISTROS QUE MIENTEN
GERARDO TECÉ
Preguntado por la difusión de noticias falsas en el frente de batalla sanitario –a uno ya se le pega el lenguaje bélico–, el general Santiago, Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, respondió lo siguiente. Conviene leerlo íntegramente y en su contexto porque, desde ya, veremos las declaraciones troceadas como parte de esta campaña electoral fuera de época: “Estamos trabajando con nuestros especialistas en dos direcciones. Una, a través de la jefatura de información, para evitar el estrés social que produce toda esta serie de bulos. Otra de las líneas de trabajo es minimizar ese clima –el que crean las noticias inventadas– contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno”. Es decir, la respuesta del general se refiere íntegra y exclusivamente al ámbito de los bulos, de las noticias inventadas relativas a la emergencia por la Covid-19. Chavismo benemérito, vamos. El bajo nivel al que llega el debate público cuando la ultraderecha aparece en él hace necesario explicar lo evidente: una de las funciones de las Fuerzas de Seguridad es evitar el desorden social que pueden generar informaciones falsas durante una situación de emergencia. Y sí, una institución como la Guardia Civil trabaja con el Gobierno y bajo las órdenes del Gobierno. Es lo que tiene, precisamente, la democracia.



Lío servido. La extrema derecha, que desde el comienzo de esta pandemia un día pide golpe de Estado y al día siguiente denuncia estar sufriéndolo, dice que esto es, efectivamente, un golpe de Estado porque la Guardia Civil se dedica a perseguir opiniones contrarias al Gobierno. Si uno critica la longitud de la coleta del vicepresidente, quién sabe si no acabará en prisión. Pásalo. Para considerar prescindibles a los titiriteros, algunos no dejan el teatro ni un rato. Preguntado por estas declaraciones, el ministro de Interior, Grande Marlaska, opta por la vía fácil, es decir, escurrir el bulto, que es la línea de comunicación habitual en este tipo de ministerios tan solemnes como miedosos: el general Santiago tuvo un lapsus, esas declaraciones son un error, no hay en este planeta nadie que ame más la libertad de expresión que la Guardia Civil. Te tienes que reír. Sacar a pasear a los militares en la gestión de una crisis sanitaria luce mucho, pero no veas lo mal que comunican estos tíos, debería haber dicho el ministro en honor a la verdad, pero, por las exigencias del cargo, no lo hizo.



La posición de Grande Marlaska es cobarde. Lo es porque, de hecho, el ministro sabe bien que lo del general no fue un lapsus, por muy mal que sonaran sus declaraciones en mitad del ruido provocado por la España de pandereta. Por supuesto que el trabajo de la Guardia Civil, a las órdenes del Gobierno elegido por los españoles, es evitar el estrés social que producen las noticias inventadas por unos cuantos en medio de una situación de emergencia. Por supuesto que, como un actor más dentro de la crisis, la labor habitual, ayer, hoy y siempre, de la Guardia Civil, Ejército o Policía, es desmentir falsedades respecto a la gestión de la que forman parte. Quienes se encogieron de hombros ante el “a por ellos”, ante la existencia de una “policía patriótica” que espiaba a rivales políticos, fabricaba informaciones falsas o destruía pruebas de delitos, se llevan las manos a la cabeza porque, en mitad de una emergencia, la Guardia Civil reivindique su trabajo junto al Gobierno haciendo frente a quien inventa bulos para desestabilizar socialmente.

Imaginen el siguiente escenario. Incendios de Galicia en 2017. En mitad de las tareas de extinción de la mayor catástrofe conocida en la zona en décadas, con las llamas destrozando comarcas e incluso llegando a ciudades como Vigo, un sector de la población decide difundir por redes sociales y aplicaciones de mensajería informaciones falsas. El alcalde del pueblo tiene mangueras escondidas en su casa. El presidente de Galicia tiene en su jardín un camión de bomberos llenándole la piscina. Hay un retén cortando el suministro de agua para que el incendio sea mayor. Me han dicho que tu pueblo arderá mañana, sal corriendo al bosque, aunque las autoridades te digan lo contrario. Cualquiera de estas conductas durante una emergencia, en cualquier lugar y momento, serían perseguidas por la ley. En el caso de esta crisis sanitaria, por algún motivo difícil de entender, la apuesta de este Gobierno es, simplemente desmentirlas. Que los histriónicos de la política griten “dictadura” es parte de un paisaje demencial.


No, a la ultraderecha, tan presente en este caos, no le preocupa la libertad de expresión. A quienes a día de hoy siguen defendiendo el franquismo tampoco les preocupa que la calidad democrática se vea afectada porque la Guardia Civil desmienta bulos. Quienes hoy se indignan porque sus mentiras sean señaladas, lo hacen porque hasta la Guardia Civil, su Guardia Civil, los señala como lo que son cuando difunden bulos para desestabilizar en un momento tan delicado: cafres irresponsables.

Lo uno no quita lo otro y ese es otro debate: quienes tienen armas no pueden dedicarse a la política. Y ese es el grave error de quien, convencido de la estupidez de un pueblo español que debía hacer caso y permanecer encerrado en casa, diseñó una política de comunicación infantil, consistente en un relato de héroes, de batallas sin cuartel, de militares y guardias civiles dando ruedas de prensa en una guerra ficticia contra un virus. Cuando diseñas una comunicación infantil, tarde o temprano, los niños acaban llorando.

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