lunes, 17 de octubre de 2016

SIN SENTIDO VITAL

SIN SENTIDO VITAL
POR: EDUARDO SANGUINETTI,
 FILÓSOFO
La Reina Máxima de Holanda, nacida en Argentina, devenida en ciudadana holandesa, pasó por Buenos Aires, como asesora especial del secretario general de la ONU, Banki-Moon, en Inclusión Financiera para el Desarrollo y lanzó frases altisonantes en una conferencia de prensa en la Quinta de Olivos. Frases inaplicables hoy a la “realidad argentina”. A un pueblo hambreado y reprimido, es absurdo hablarle de “ahorro”, cuando no llegan con el magro sustento, percibido mes a mes, a pagar su techo… si es que lo tienen. “La inclusión financiera” como mensaje a los ciudadanos sin crédito para combatir la pobreza y el “dar espacio a las economías regionales”, son algunos de los lugares comunes usados por Máxima, en su calidad de personera del neoliberalismo.
Macri, en tanto, manifiesta su intención de ir por la reelección en 2019. Parece que la mentira, la incompetencia, la frivolidad, la represión y la libertad de expresión ausente, son un condimento perfecto para perpetuarse en el poder, con un pueblo que vota semejantes especímenes, ¿cabe alguna duda?… ¿sobrevuela el Síndrome de Estocolmo por Argentina?
No ignoro que antes hubo una exponencial corruptela, pero eso no me llega, háganse cargo los cómplices, los traidores y cobardes en oferta de temporada, que siempre caminan por la “vereda del sol”.
Como hombre dotado de mis elementos constitutivos, dueño de mí mismo aún, elevado más allá de la cotidianeidad y del pasajero sentimiento de cosa archivada, denunció este sistema neoliberal en su cenit. Y me sirvo de la justiciera arma de la idea y del ideal, contra la bestialidad de un sistema manipulador y con graves patologías, que está llevando a cabo un holocausto en las sombras, al pueblo argentino, que obedece ciegamente los mandatos de quienes dictan y rigen sobre sus existencias anestesiadas y en ausencia de sentido vital… no puedo dejar de hacer mención, de quienes marchan, desobedecen y se juegan por ideales, que poco a poco, van siendo eliminados.
La dignidad, un derecho humano inalienable, irrenunciable, debería ocupar un sitial de honor en la existencia de los habitantes de este mundo… que se den por enterados, los explotadores, los gobernantes, los candidatos a cualquier función y los genocidas, del norte, del sur, del este y del oeste… y los pueblos, dejen su rol de hordas anestesiadas, corriendo tras tendencias ridículas y tomen conciencia de su “ser y estar” en este planeta fantástico: por los que vendrán, por los que yacen bajo tierra y sobre todo, por nosotros mismos.
A quienes opinen sobre lo que sea, debemos exigirles respeto, al que he definido en mi ensayo Alter Ego (1984, Ed. Corregidor), como “el sentimiento de la libertad de los otros, de la dignidad de los otros, la aceptación sin ilusiones, pero también sin la menor agresión o la menor hostilidad y desdén por un ser tal como es”… la libertad de una comunidad para expresarse es un derecho inalienable, hoy eliminado, para protegerse de las arbitrarias y violentas acciones represivas de gobiernos mentirosos, agoreros del síntoma, esclavos de la metáfora en que han convertido este tiempo y sus pasajeros.
Los cuentos ya no son oportunos, ni siquiera los filosóficos, es hora de que lo asimilemos… La realidad, como la verdad, no es un cuento, y la verdad no fue jamás un cuento, tal vez una alegoría.
Miles viven hoy aún en ese mundo de cuentos y fábulas, donde el mañana está lejos, pero lo hacen en un mundo muerto, con cobardía para enfrentar este mundo nuevo, con circunstancias absolutamente nuevas, que precisan actitudes absolutamente diferentes a las utilizadas para existir en un mundo que ya no existe, salvo en la memoria de los que no se habitúan a este incierto presente que transitamos.
Hemos vivido enfrentamientos armados y de ideas, censuras, exilios… Hemos visto morir a miles luchando por ideales que jamás se cristalizaron. Todo ha continuado, en la realidad, todo ha cambiado, en la realidad, todo ha cambiado en verdad. El dolor por el absurdo nos atraviesa.
Es evidente que los pueblos se niegan a modificar las reglas de juego de este sistema de castas donde los ricachones manipulan a gobernantes del planeta. ¿Qué ocurre? ¿Tienen temor a la represalia de estas lacras?, ¿les agrada la esclavitud a la que están sometidos?, ¿aceptan al dios dinero como deidad suprema?
Un ejemplo, que creo sintetiza mi pensar acerca de que todo lo que deba ser hecho se hará: ¿Quién hubiera pensado o intentado soñar, hace unos años, que Macri offshore, se convertiría en presidente de la República Argentina?
Y bien, parece que lo es; sí, estimados lectores y lectoras, un perfecto Don Nadie, fue votado por los habitantes de Argentina, tierra de grandes hombres y mujeres, que se han jugado en el campo de lo nacional y popular, el origen de identidad y relación con lo “nuestro”… ajeno al gobierno de Mauricio y sus gerentes.
Basta todo un aparato de publicidad montado, apuntalado por las corporaciones económico mediáticas, para que estos casuales Don Nadie, lleguen a puestos en el pasado considerados de trascendencia, y remitirse a ser una selfie o una gigantografía al borde de alguna autopista, mostrando sus sonrientes y espantosos rostros, con frase asimilada, breve, vacua y un tanto estúpida, como: “cambiemos”, para desatar el clamor de un pueblo que los votará, coronando su mediocridad en estos gobernantes.
La esclavitud, sutilmente, suavemente, cruelmente, se está instalando en este planeta. Nunca dejó de estar presente bajo simulaciones de inútiles democracias. El desparpajo tomó perfiles atroces…
Bien, ¿qué hacemos?
Julian Assange ha distinguido tres tipos de historia: “La historia ‘subsidiada’, difundida para beneficiar a intereses económicos, y construida sistemáticamente a nivel mundial usando todo tipo de publicidad y propaganda. Segundo, la historia ‘no subsidiada’, que ha perdido el respaldo del poder económico. Tercero, la historia que ha sido suprimida de manera deliberada”. Queda en cada uno optar por el camino a seguir. Instalar lo que se silencia, lo que se elimina: es una revolución, una profunda y radical transformación de una sociedad, de los hombres y mujeres que la componen.

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