jueves, 27 de octubre de 2016

SE LES VE EL PLUMERO…

SE LES VE EL PLUMERO…
Cándido Quintana
 Lo de Güimar no tiene nombre, son tantas y tan grandes y profundas las cicatrices que las extracciones de áridos han dejado en su territorio, que muy difícilmente se podrán restaurar, pero, ¿quiénes pagarán sus elevados costes? Aunque exista sentencia al efecto, esa proposición de ley para la protección de los barrancos de Güimar que presenta el Cabildo, es, cuanto menos, un poco preocupante a pesar de las manifestaciones de su presidente, porque por aquí ya sabemos que cuando la Ley implica directamente a los grandes empresarios los miedos tocan de lleno al poder político, que trata de derivar las responsabilidades hacia el Pueblo, con utilización de los recursos públicos.
 Y esto ya ha sucedido en otras ocasiones, cercana tenemos la sentencia firme del derribo del mamotreto, paralizada ahora su ejecución por la intervención del Gobierno de Canarias, aunque ya el Ayuntamiento nos amenazó con hacerse cargo de los costes de su demolición, ¿a qué estamos jugando? Tal vez ya ha llegado la hora de que nos planteemos que, por ejemplo, ciertos empresarios han amasado sus enormes fortunas por sus actividades, y en este caso de las extracciones de áridos, con esas gravísimas secuelas que han dejado y que ahora hay que restaurar, no parecían ser unas actividades lícitas ni de recibo, aunque los gobiernos no les haya plantado cara años atrás, sino al contrario, hayan mirado hacia otro lado permitiendo un crecimiento urbanístico exacerbado que ya nos está pasando facturas como estas.
 Por supuesto que esas fortunas y sus propietarios deben responder hoy de tanta y tanta barbarie cometida, independientemente de las responsabilidades de los miembros de los gobiernos que han facilitado tal descalabro, pero que quede claro que el Pueblo de Güimar y el de Tenerife son inocentes de todo esto y no tienen por qué implicar sus recursos en rehabilitar la zona, por cierto de muy extensa dimensión. Pude constatarlo hace unos días cuando pateé Güimar con esa única finalidad, ver el tamaño de los daños ocasionados por la extracción de áridos y la situación actual de las canteras, ¡impresionante, para llorar! Las sentencias están para cumplirlas y el que la haga que la pague, como le sucede a cualquier vecino de a pie. Nadie, por muy gran empresario que sea o porque pueda financiar alguna que otra campaña electoral, puede quedar al margen de la Ley, ¡todos somos iguales ante la Justicia!...
 Y para que esa igualdad sea efectiva, el “más pronto que tarde” es vital para que la justicia llegue a todos lados con la claridad y contundencia que merece. Y digo esto, porque ayer volví a darme una vuelta por las salas números 6 y 12 del Palacio de Justicia y constaté como, en el juicio de Las Teresitas y en el de la pieza separada de la Junta de Compensación, a muchos acusados se les iba la olla por el exceso de tiempo transcurrido. El “no me acuerdo”, aunque pueda ser una argucia, es entendible en estos casos tan eternos, y es una verdadera pena que así sea, porque costará mucho más reponer los daños ocasionados. En fin, espero que llegue el día en que Tenerife no sea conocida por estas tramas tan repugnantes, aunque haga falta para ello una regeneración política de las enormes dimensiones de las canteras ilegales que han tolerado en Güimar, cuyas fotografías les adjunto.
 © Cándido Quintana

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