domingo, 16 de junio de 2013

"REALIDAD, CULTURA Y BASURA" (paréntesis, para meditar con huellas, entre tanta basura informativa, que dibuja la realidad)

"REALIDAD, CULTURA Y BASURA"

Eduardo Sanguinetti,

 Filósofo Rioplatense

 Un panorama de la circunstancia actual, de la realidad actual...pero decir realidad, me planteo, es referirse a un tema de moda, siempre de moda, de forma que cuanto más se habla sobre la realidad, esta se convierte en algo más inescrutable, y menos se sabe lo que es. Lo que necesariamente exige una pregunta sobre nosotros mismos y nuestra relación con ella. Y viceversa.

Es realidad comprobada, que estamos ante una historia, que fue parida en el barro de los espacios abiertos, donde se dió sitio a la pregunta de si los aborígenes eran o no humanos.

La historia de nuestra América, nace tras la retórica y la máscara desgastada del relato simulado de lo que jamás ha sucedido. Un pliegue de espectáculo y ensimismamiento, que se despliega en nombre de la verdad y el diálogo, que nunca existió y la comunicación, que aún hoy espera su espacio. Nuestra América, es una cultura del fracaso de la diferencia, que se perpetúa en la relación político cultural, degradada, que divide y desorienta a nuestros pueblos (hartos) a través de la especulación y la perversión del simulacro de enfrentamientos estériles y simulados, que en suma es el paisaje natural y continuo que recibimos. Qué enigma existe detrás de este espectáculo? Manifiesto esto con contundencia pues hace a nuestra existencia personal y cultural, la actitud de los poderes que toman pautas y acciones propias de monarcas de reinos inexistentes.

Nuestra América, nace en estado de sobrevivencia a lo que en origen ha sido, capaz de conformarse a sí misma, pero también presenta la furia de una cultura y de un racismo que tratará de desdibujarla, de desaparecerla de la faz de la tierra. Las luchas no serían sólo en lo militar, sino en lo racial y religioso. Las nociones de tiempo, de espacio, de dioses se modificaron. El denominado nuevo paradigma de la cultura, ha obviado manifestar, que la historia de los pueblos de estas regiones, ha sido construida en base a esclavitud. Solo se puntualizaba en clasificar, hacer asimilable la cultura demonizada de la diferencia, no había historia sino la que el conquistador impusiera a sangre y fuego. Jamás hubo tolerancia, diálogo entre iguales.

Los que habitamos nuestra América, somos hijos del olvido, acá se bastardearon el idioma de los pueblos aborígenes, se erradicaron del habla y de las neuronas el genoma de África.

La denominada cultura fue construida con fragmentos escindidos, de espectáculos insanos y no hemos sido capaces de crear una cultura de lo diferente, solo intentos, de buena voluntad, solo intentos. Lo que he manifestado tiene como significado, que la cultura no debe ser tanto testimonio de los tiempos, como del modo en que las personas lo sienten, usan y piensan. Pues la academia siempre es una, tanto si dice hablar en nombre del pasado, del presente y del futuro. En ese sentido la cultura servirá a las personas, no a los tiempos, ni a los lenguajes, ni a los espacios.

Pero la sombra de un desorden, cual caos caótico, se experimenta en la presente denominada "cultura de hoy", ejemplificándose, en las tendencias, que los jóvenes siguen autistamente, tienen asimilados una lápida en su piel, en la que le grabaron su nombre, las maquinas de tatuar. Los referentes de las nuevas generaciones, son la fábrica de la basura psicobiodegradable...en este presente, hay que moverse como Lady Gaga,  traseros construidos dentro de una estética pornográfica: más sexual que el sexo, es decir: auténticamente "porno"... instalándose en la cultura "pornografía", lisa y llanamente, por la que transitamos hoy.
Sin embargo subsiste, en pequeñas salas de proyección o de representación, el erotismo del cine, el teatro, y la literatura tanto de la popular como de la formal, de autores inspirados y trascendentes, convocando a excelentes jornadas de disfrute de lo que fue, la memoria de obras de arte, de un pasado reciente, solo para una nostálgica burguesía, en caida vertical.

Conviviendo en tiempo y espacio similar, las nuevas tendencias, que tienen como soporte una televisión de albañal y todos los medios audiovisuales que confunden libertad de expresión con libertad de presión, sobre las masas congeladas, neoburguesas, que se debaten en batallas de una nueva estética necrológica, en los niveles de la basura y los deshechos, de una cultura que no puede ocultar sus miserias, tras maquillajes y brillos espectaculares, donde la historiola del arte actual, no necesita ocultar sus torpezas, en la obsesión de diferencia, anclada en más de lo mismo.

Mientras la diferenciación de estilos y artistas entre sí fue algo natural en la modernidad, ya perdida, la obsesión por distinguirse y distinguir, hacen que la obra se legitime en la ubicuidad de su ausencia, en el vacío que deja, convirtiéndose en un signo de repertorio autónomo y decorativo, solo epidermis y un kitsch a repetición. Una obra sutil y compleja crea un espectador sutil y complejo, y viceversa. Por ello no puede confundirse lo popular con lo público. Al igual que existen poemas ripiosos, existen comportamientos ripiosos que por si mismos - independientemente de esa eficacia que conoce tan bien el publicista - sólo garantizan quizás una mayor sonoridad para estos tiempos tan difusos.

Los que deberían teorizar acerca de la obra, en otros tiempos se los denominaban crítico o teóricos, con un aval de conocimiento sensibilidad que daban legitimación a lo que manifestaban, devinieron, hoy en conductores/as o informantes rentados, han perdido, en sus acotados y groseros lenguajes, la sindéresis, han olvidado los criterios de objetividad, siempre están en afán propagandístico, ofreciendo información sin confirmar, cargada, convocante a la obediencia y a la obviedad de lo fingido. No escapan estos personajes a la ópera bufa al confundir la conciencia colectiva, al declararse en guerra contra una democracia de la cultura, que ellos mismos pregonan, pero que a diferencia de la suya no se ciñe a sus principios.

Ese cuadro crea en la opinión pública el malestar, el miedo, el desaliento, la depresión, y un discurso más cerca de la banalidad de un “talk show” que de la coherencia que da el conocimiento que –no olvidemos– deviene en responsabilidad. Sin embargo, parece no se posee la capacidad para asumir esa responsabilidad.

Con todo, donde todo parece querer decirnos que algo concluye (un ciclo, un mundo), yo intuyo que algo comienza. Y donde todo parece querer decirnos que algo comienza, sé que algo continúa. Tiempo al tiempo y espacio al espacio.

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