martes, 6 de agosto de 2019

EL JAZZ EN CANARIAS



EL JAZZ EN CANARIAS
ROBERTO CABRERA
No es fácil abarcar las singularidades ni los retos que dan cuerpo a la historiografía de la música Jazz en Canarias. Sobre todo si se trata de un alumbramiento y no una defección.

Una singularidad que presenta precisamente el jazz es la de estar o haber estado cerca del cine, cerca de la literatura, a unos pasos de la danza, la escultura, la pintura y las demás artes. Así que la vocación del jazz como la del arte en general no es la proyección hacia la minoría. En todo caso hacia la individualidad. Pero no es este último concepto el que centra nuestro análisis. Sí lo es el "sincretismo" que ha rodeado en todo momento a esta expresión artística genuinamente s. XX.

Ya es casualidad el hecho histórico del destino de muchas familias canarias siglos atrás, al hondo Misisipí, cuna del jazz, como colonos forzados. Justo es significar que por nuestra ignorancia no vamos a alegar que el Jazz es entonces una música desconocida hasta que llega a Canarias, sobre un soporte industrial de vinilo. Muchos analistas se equivocaron de forma palmaria al significar por ejemplo que durante la Edad Media no existió filosofía.
Hay trabajos periodísticos como los de Gilberto Alemán que nos introducen en acontecimientos singulares del Santa Cruz años 30, otros relatos orales de visitas al Chicago de Al Capone, cuando los viejos vapores surcaban el Atlántico a su vuelta del Caribe.
En 1940 la Orquesta Minerva fundada en Fuencaliente (Benahoare) ejecutaba dixieland y swing, sin que el resto de los canarios nos enterásemos del sonido de la trompeta de Antonio Matías, superviviente de aquella odisea, orquesta formada por violín, batería, bajo de tuba, trompeta y trombón. Y la fotografía que se exhibe aún en un bar a la entrada del pueblo.

Un caso de mayor vergüenza y desconocimiento lo constituye el desaparecido José Manuel Cabrera, pianista y compositor de más de un centenar de temas de jazz. Arreglista y concertista en la ciudad de Chicago en los finales de los 50. Este músico tinerfeño de trágico final, tuvo muchas dificultades en su trayectoria artística a su regreso a Canarias, buena prueba de las mezquindades de que son capaces muchos isleños.
En 1964 se funda en Las Palmas (Tamarán) el célebre Club de Jazz "Half Note".Impresionado por un disco que ronda ya los 35 años, el escritor gran canario Ángel Sánchez "espiritualizado" por la voz de Mahalia Jackson entró en contacto junto a otros amigos con Bill Hewet, un oficial de EEUU retirado en Bélgica, al que posteriormente animarían su idea de abrir un club de jazz. Los varios miles de ejemplares de discos que cubrían una pared entera de la casa del ex-militar, quien había sido precisamente "manager" de la propia Mahalia Jackson, eran el mismo material fundamentalmente en las emisiones del "Club de Jazz" que él mismo dirigía en Radio Atlántico. Todo esto ocurrió gracias a la oportuna carta de un aficionado enviada al programa. Ángel Sánchez podría ahora disfrutar junto al piano blanco del "Half Note" de Bill Hewet del saxo de Dexter Gordon, las manos de Montoliú o Lou Benett y otros grandes del Jazz, en sus escapadas a Las Palmas desde París donde eran dados por "desaparecidos".
Hoy escribimos estas notas por mor del cosmopolitismo de un paisano. Aquel Club se mantendría hasta llegar los 70, años en que coincide la apertura de otro local en las cercanías: "El Saxo", que desplazaría una parte de la clientela. Junto al Sur de la isla que en apogeo concentrará a la otra: los turistas británicos y europeos, aficionados y mantenedores de esta expresión. La durabilidad de salas ulteriores habrá de estudiarse en el futuro atendiendo al equilibrio alterado por esa capitalidad turística. Casos de los clubes "Quasquías" o "Pool", desaparecido ya el primero, y que pasarían de largo los 80 alternando el jazz con otros estilos, como el antiguo "Clown" o "La Calle".
En Tenerife ocurriría lo propio. En la isla surrealista brotaría en El Puerto de la Cruz la "nota azul", el "Blue Note" un sótano con apariencia de "salón de reunión" de un crucero, al que se accedía por una escalinata de singular pasamanos y alfombra, que exhibía en una pequeña cartelera acristalada el retrato de Otto Artzsman sentado a un Hammond sonido "Leasly" portando una trompeta en su mano derecha y pisando los bajos del órgano, junto a fotos de otros músicos predominantemente baterías. El local tuvo varias decoraciones pero siempre el mismo camarero escrutador. Se diría que a veces, el propio Otto entre la penumbra azul y el humo de los cigarrillos, controlaba las consumiciones. Tal vez sea mucho decir de aquel robusto alemán, con varios discos publicados en el extranjero, de quien se relataba que había sido llevado en su tierna infancia frente al Führer como niño prodigio de la trompeta. Como aditamento a este pasado mítico, se relataba también que su aprendizaje de la embocadura, lo había efectuado en plan teutón, con el instrumento de metal colgado de una cuerda, y él manos a la espalda. De forma que no pudiese presionar la boquilla contra el labio, al hacerla sonar en dificultoso equilibrio. Estas modernas técnicas del metal ya son comunes en los músicos canarios desde hace una década, afortunadamente.

Todo un cuadro. Asuntos como éstos debieran ser historiografiados monográficamente, desde luego. Revistas, programas radiofónicos o televisivos sobre jazz. Películas que dieron a conocer los entre bastidores de estos artistas del siglo XX. Entre tanto, el mismo fenómeno de dominancia del Sur de la isla en su eclosión y rápido desarrollo turístico, hizo que Blue Note bajara la guardia y que otros núcleos polarizaran la práctica de esta música en vivo. En los 80 "Solera", "Búho" y "Sabanda" en La Laguna fueron locales que se acercaron al espectáculo jazzístico. Los músicos locales de la mano de Artzsman, Vecchio o Bebe Martín, comenzarían a introducirse definitivamente en el jazz. El hecho incuestionable de que el batería habitual de Otto, fuera el músico tinerfeño José Ramón perteneciente a conjuntos anteriores como Timanfaya o Los Aguacates, que según el pianista y musicólogo orotavense Pedro Pérez Delgado, fue un grupo musical creado en Tenerife que combinaba Jazz con clásico y canción melódica, según el tipo de escenario, y que sobre el año 1966 estaba formado por seis componentes: Luis Mañero Medina: violín, xilofón y bajo. Pedro Antonio Pérez Delgado: piano y órgano. Rafael Temes Rial: guitarra, contrabajo y voz solista de temas en inglés. Ernesto Beteta Garmendia: flauta, saxos y órgano. José Ramón González Rivero: instrumentos de percusión y Marisol Suárez Cruz: cantante solista,  y que sirvió de botón de muestra a otros instrumentistas isleños que fueron incorporándose a las bandas de aquellos otros extranjeros; donde destacó Bargas, batería, u otros músicos africanos pertenecientes a grupos soul como Black Fire, afincados en las islas y que impartieron sus conocimientos personales al tiempo que los músicos provenientes de otras didácticas formaban sus combos impulsados por las secuelas de las músicas progresivas de los 70, guitarristas y baterías que se mostraban curiosos, que fueron ensamblándose con los que salían de las nuevas academias.

La escasa predisposición de la burguesía insular a apoyar aquel fenómeno en alza, hizo que en pocos años desaparecieran no sólo las academias sino también los lugares en vivo y, mientras, siguieron escaseando las partituras, los libros, como artículos de lujo, los instrumentos a sobreprecio y los medios de siempre. Capeándose el temporal con las primeras ayudas del estrenado gobierno autonómico que trataron de impulsar con precarios métodos, giras, espectáculos, grabaciones y viajes de participación o ayudas para asistencia a Stages o Cursos en Barcelona o Berklee. Creación de Festivales de corte Internacional o Universitario. Estas actividades arrojaron unos frutos incuestionables, pero con cierta endeblez si se compara al impulso adquirido por las orquestas de música de baile al lograr su incorporación al mundo del espectáculo de la música afrolatina, o la clásica.
Hoy hay diversidad en las funciones que ejercen apoyo a la práctica musical por parte de instituciones privadas, eventuales mecenas comerciales, llámense Heineken, Caja de Ahorro, CCPC o entidades públicas. Pero el resto de la música jazz "en vivo" pasa ineludiblemente por la existencia de Salas que definan su práctica y entre estas, las que quedan son muy pocas y ya hoy comparten la oferta de jazz con otras músicas. Caso de "El Búho" etc. Del mismo modo los músicos se enfrentan a otros no menos difíciles tiempos. Caso de querer confirmar una "tradición" que se alimente no solo de individualidades esporádicas. Los músicos en su profesionalización, evitando el divismo deben preocuparse en no suplir las dificultades con "ensayos en vivo" o permutaciones enésimas de los músicos disponibles en la combinatoria de "artistas" y combos para rellenar los melifluos espacios que justifican una actividad artística municipal. Transformando la competitividad por la colaboración. Guardando el necesario intimismo que arroje realidades en el campo de la composición y que ésta pueda ser difundida e interpretada por otros.

Lo mismo ocurre con el público, quien después de su experiencia en festivales de esta naturaleza, debe exigir mayor nivel en los Conciertos que cubran las vertientes de lo clásico, jazz latino que ha ganado su presencia anual, y un apartado de Nuevas direcciones: afro, new age, étnica. Al tiempo que se genera una atmósfera durable en actuaciones en vivo en pequeñas salas, efectuando el pertinente balance de lo arriesgado y lo conseguido. Pudiendo planificarse la actividad jazzística en las islas con espectáculos medianamente estables y que por ello sean ofrecidos a quienes nos visitan. Ni el músico ni el oyente pueden conformarse con rozarse una vez al año con gentes de otras latitudes musicales. El "aislamiento" puede propiciarnos descubrimientos alucinantes, pero en la misma medida el "cosmopolitismo". Tampoco puede permitirse desconocer los festivales internacionales en las otras islas, como ahora ocurre sin ninguna lógica, por falta de cobertura informativa etc.
Desde los tiempos del hondo Misisipí hasta Minerva, diosa romana de la sabiduría, el eco en la piel de aquellos braceros canarios antiguos, junto a los africanos negros en Cuba o Puerto Rico, adonde fueron deportados en su momento, llega empaquetado ahora en formato Fox Trot, Reggae, Calypso, Chá Chá donde se cuelan los elementos posibles guiados por el contrapunto, y el swing. Los repertorios de las orquestas de baile recibieron estos influjos como reverberación de un fenómeno del otro lado del Atlántico. Como la influencia negra en los grupos ingleses por las audiciones de rithm and blues emitido desde los barcos aliados desde la costa de Inglaterra: Tekila, Dance On, Nivram y muchísimos más temas de Shadows, mítico grupo inglés, entraron asimismo en los repertorios de los grupos locales de los 60 en Canarias, despertando la inquietud hacia esta forma artística.

Durante los 50 había ocurrido lo propio y compositores de música popular como el tinerfeño Santamaría, mostraban en privado las excelencias de los acordes jazzísticos. Quienes invierten en nombre de los aficionados, deben ubicarse en las temperaturas de las demandas. Y hoy, que los músicos de jazz locales tienen sus trabajos editados en el mercado, deben ser escuchados con la misma sensibilidad, si no mayor, en emisiones, espacios televisivos, reportajes, para que esta música sea funcionalmente rentable al estado emocional y anímico de las islas. En Canarias no están los gánsteres de Kansas City, los que un día subieron el jazz por encima de la espuma de sus jarras de bourbon al pódium del be bop ulterior gracias a "Bird". Miles que estuvo dos veces en Canarias tocó en una de ellas acompañado por las mágicas brisas de Anaga. Cosa que él mismo celebró. Esperemos que aquel haya sido y no el de ahora, el presagio definitivo.
Las bandas de música locales, disponían entre su repertorio de partituras de música de jazz. Temas tales como Florida Hotel, Swing en Las Palmas, Chicago Express y todo tipo de rarezas, que en alguna esporádica ocasión fueron interpretadas por grupos de swing. Tradición que se intentó rescatar a principios de los 80 en Santa Cruz de La Palma, con momentáneo éxito. Los músicos de "salsa" se congratulan de escuchar el piano "latino" pensando en Pappo Luca, Chucho Valdés, Michel Camilo. Todos ellos han logrado fusionar elementos de sus raíces, enriqueciendo el fenómeno de esta música confraternizadora que es el jazz, cuyo fondo de pozo tan oscuro como negro es su primera sombra.
Un arma como la que tuvo que empuñar como destino José Manuel Cabrera para independizarse y establecerse en Barcelona donde cursó estudios en Bandas Militares hasta que abandonara Cataluña rumbo a América dejando atrás su graduación de suboficial, y entregarse en el continente a su pasión, la dirección de orquestas y la composición de música , actuando en grandes clubs en toda Latinoamérica, la que recorrió este nativo de la calle Hércules de Ycod, son avatares que desgraciadamente no son únicos, como es el caso de Ignacio Rodríguez, sin igual concertista de guitarra que iniciara su brillante carrera en el difícil Palau de Barcelona hacia 1940, trampolín en aquel entonces para la vida profesional, que en este caso también discurrió en Latinoamérica donde fue defraudado por "La voz de Su Amo", productora que le intentó arruinar sus royalties. Uno de los escogidos del magisterio de Tárrega. Desapercibido igualmente para los canarios.
Los grupos que iniciaron este despegue fueron a principios de los 80 , paralelamente a las actuaciones de Luis Vecchio y su grupo Bebe Martín de Otto Artzman, si no contamos acercamientos al jazz como el protagonizado por Expression a mediados de los 70 o las largas improvisaciones salvajes de esta etapa que coinciden con la edición del jazz blues fusión de Mayall o la difusión que alcanzó Coltrane en los 70 y que dejó su huella en el movimiento progressive, "Gato Gótico", "Marquesina", "Cebolla Jazz Band", "Amalgama Jazz" (entre otros).
Y los clubs primeros que acogiera entre nuevas aportaciones serían: Solera, Sabanda, Búho, Añepa, Bluenote, Walden, Monitor ó Cafetín Musiquero, Missouri... La edición del jazz blues fusión de Mayall o la difusión que alcanzó Coltrane en los 70 y que dejó su huella, así como el álbum  Bitches Brew de Miles Davis, clave para este crossover musical.

Se inició un proceso de creación de lugares de expresión progresivamente para este tipo de música, y festivales que hoy son sólo recuerdos: concierto de Epifanía, celebrado dos años consecutivos en la Laguna (Pza. Adelantado, Pza. Constitución), desaparecido. O el festival de Jazz Universitario, que a pesar del éxito de sus ediciones, ya en años posteriores no se ha celebrado.
Una muestra de jazz durante cuatro ediciones en el Centro de Enseñanza "Andrés Bello", se mantuvo aunque sin ningún apoyo, con la celebración en el Centro de la fiesta habitual de Bebe Martin presentando a los alumnos de su escuela en Musicanarias. Cierre de salas como las recientes de "Morapio" o "Garbo", cuyas programaciones no llegaron a convencer a la clientela. Este es un bosquejo que precisará como tantos asuntos, de revisiones y enmiendas necesarias para establecer el alcance de esta amalgamante y gozosa tradición.

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