¿HASTA CUÁNDO, SEÑOR MARLASKA?
La noticia
que hoy debería estar en todos los medios es que la policía encerró a unos
cientos de jóvenes pacíficos en la calle y no les permitió irse a sus casas
ELISA MORA ANDRADE
El sábado 20 de marzo acudí, en Madrid, a una convocatoria por la libertad de Pablo Hasél, por nuestros derechos y por nuestras libertades. Éramos unas 300 personas. El encuentro, que no era oficial, era en Atocha: después de la encerrona que la policía hizo en la puerta del Sol, parecía el lugar indicado. La idea era subir desde el Paseo del Prado hasta Cibeles. Pero nos esperaba un despliegue policial absolutamente desproporcionado: el Ministerio del Interior desplegó mil agentes antidisturbios de la UIP, divididos en 18 grupos, de los cuales 12 eran de la Comunidad de Madrid, y otros seis habían llegado desde otras regiones. No pudimos avanzar ni medio metro. Aproximadamente una hora después del inicio, algunas personas leyeron un comunicado y nos pidieron que nos fuéramos tranquilamente a casa, que ya volveríamos a salir a luchar por los presos y por nuestros derechos.
Todos obedecimos y
emprendimos el regreso a casa. Sorpresa. Un cordón policial nos obligó a subir por la Cuesta de Moyano. Me acerqué amablemente
a un policía diciéndole si podía ir a coger el metro en la Estación del Arte.
“No, tienes que subir”. Mientras subía junto a mi compañera, habiendo perdido
al resto del grupo, muchos de los manifestantes bajaban de nuevo por Moyano.
“Por abajo no dejan salir”, les advertimos. “Por arriba tampoco”, respondieron.
Así que nos quedamos encerrados en la Cuesta de Moyano.
Qué absurdo, ¿no?
Unos cientos de jóvenes acuden a una convocatoria pacífica, que se disuelve al
poco tiempo, y la policía te encierra en un espacio público, mientras el
helicóptero no deja de sobrevolar encima de tu cabeza. ¿Normalidad democrática?
Bien, tras un rato
en el que estábamos todos desperdigados por la Cuesta, nos juntamos en la parte
de arriba. Un cordón de policías, con sus cascos, sus rodilleras y sus porras
en la mano, cortaban el paso. Básicamente éramos unas decenas de jóvenes
secuestrados en una calle del centro de Madrid. Identificación obligatoria para
poder marcharse. Los policías tomaban una foto de los DNI a quienes se
marchaban, y por supuesto no daban recibo.
Un espontáneo
empezó a tocar su saxofón y todos le rodeamos, agradeciéndole su música. La
prensa (había al menos dos docenas de reporteros gráficos) luchaba por una
foto. A continuación varios de nosotros nos sentamos en el suelo, enfrente de
la policía. Con las manos arriba cantamos “aquí están nuestras armas”, “aquí
están los antifascistas” e incluso “queremos ir a misa”, a ver si colaba.
Pedimos a la prensa
que no nos hiciera fotos a nosotros, sino a los policías, y que les preguntasen
por qué no nos dejaban irnos a casa.
No entendíamos
nada. Dos posibilidades. Irte, ceder y tener mala conciencia. Quedarte y
recibir un porrazo o una multa, o las dos cosas. Pero, ¿esto qué es? ¿Qué tipo
de democracia plena es esta? ¿Tener que mostrar el DNI tras una convocatoria
pacífica para poder irte a tu casa? ¿No había prometido el Gobierno cuando
pidió nuestro voto que derogaría la Ley Mordaza?
En contra de lo que
ha dicho la prensa, la policía no disolvió el encuentro, fueron los propios
asistentes quienes lo hicieron. Luego “las autoridades” nos rodearon y nos
obligaron a identificarnos. Cuando me fuí, pregunté al policía qué conllevaba
esa identificación. “No lo sé, en teoría nada, yo sigo órdenes”. Mira, como los
nazis, bromeó mi amiga. Cuando bajábamos al metro, había otra larga línea de
antidisturbios controlando a la gente.
El policía decía la
verdad, èl sigue órdenes. Órdenes que vienen del ministro Marlaska. Un ministro
del “Gobierno más progresista de la historia” que parece haberle cogido gusto a
fomentar la represión contra los jóvenes antifascistas y las feministas; un
ministro socialista que en vez de reprimir a los franquistas, los fascistas y
los nazis, despliega mil agentes para reprimir a 300 jóvenes antifascistas es
un ministro de un estado policial autoritario.
Pues bien, por
mucho tiempo que nos tengan encerrados en las calles de nuestra ciudad, por
mucho despliegue policial, no nos callaremos, no nos meterán miedo. Eso es lo
que buscan, ponernos en una situación tan incómoda y desagradable que
prefiramos no acudir a la próxima protesta. Acudiremos, igual de pacíficos y
con las mismas ganas. La manifestación es un derecho fundamental; ya coartan el
de la vivienda, el de la vida digna, el de la libertad de expresión. Este no
conseguirán arrebatárnoslo, no nos amedrentarán. Seguiremos saliendo a la
calle, defendiendo nuestros derechos y nuestras libertades.
Mirando la prensa
esta mañana me he dado cuenta de que no hay rastro de las fotos que hicieron
ayer los periodistas. Si no somos violentos, no interesa. La policía y la
prensa esperaba que nos hartásemos, que la liásemos y así poder hacer un par de
fotos para poder retratarnos como unos radicales de izquierda violentos que
destrozan la ciudad. No les dimos el gusto.
¿A qué viene esta
desigualdad de trato, Sr. Marlaska? ¿Tienen los franquistas más legitimidad
para manifestarse? ¿Por qué nos encierran y nos obligan a identificarnos?
¿Están haciendo un archivo de los jóvenes de izquierdas que protestan?
Un gobierno que se
vende como el más progresista de la historia no puede permitir situaciones como
la que se dio ayer en Madrid. La noticia que hoy debería estar en todos los
medios es que la policía encerró a cientos de jóvenes pacíficos en la calle y no
les permitió irse a sus casas. Luego se preguntan por qué algunos queman
contenedores: parece que es el único modo de que nos escuchen.
Por mucho que nos
traten como a criminales, seguiremos saliendo pacíficamente a la calle para
defender nuestros derechos y nuestras libertades.
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