sábado, 24 de noviembre de 2012

ANTE UN NUEVO PARADIGMA


ANTE UN NUEVO PARADIGMA

Eduardo Sanguinetti
filósofo rioplatense


Estamos asistiendo al comienzo de un cambio profundo, que excede el ámbito del Río de la Plata y que, como todo comienzo, sus rasgos tienen perfiles difusos. En el aparente gran caos, se esté alumbrando un nuevo orden mundial, en el núcleo constitutivo del cambio. Pero no sólo a instancias de EEUU, ni a su imagen y semejanza con Obama, nuevamente elegido como presidente, ni de China, ni de la Unión Europea.

No hablo de un orden establecido unilateralmente por un solo país que aspira a ejercer una hegemonía indiscutible, sino de un orden resultante de presiones multilaterales, configurado por fuerzas actuantes de origen y de identidad muy diversos (políticas, económicas, étnicas, nacionales e internacionales, institucionales y sociales), que discuten esa hegemonía aunque en principio no puedan anularla y sustituirla, sino sólo combatirla con magros medios, pues aun este milenio no ha tomado, insisto, una dirección nítida en respuesta a las peores consecuencias de largas décadas de capitalismo salvaje.

Desde todas las ciudades del mundo, Indignados denuncian a los gobiernos como fuente de todo horror, vejación y tristeza, de millones de seres que viven al borde del camino en esta tierra. Denuncian con reflexión y sensibilidad ser parte integrante, de un mundo manipulado por los poderes de las corporaciones económico-mediáticas, del consumo y el asesinato en vida de millones de jóvenes sin destino y abandonados como objetos de recambio, en el negocio de la droga, la prostitución y la guerra.

La legitimidad de los poderosos no fue, no es, ni será; los dogmas de fe se esfumaron y es indispensable que ello sea anunciado desde los monopolios de las omnímodas corporaciones económico-mediáticas del sistema, al servicio de una realidad inventada en exteriores, de informaciones fabuladas que no responden a “la realidad” que es apasionante, dolorosa y viva. Una realidad de la que no se habla, pues lo esencial no tiene espacio en el mundo virtual que nos imponen para seguir creyendo que existimos y somos, no lo duden, parte integrante de un mundo de esclavos.

Legitimidad cuestionada cuando en Montevideo intenté dar a conocer mi propuesta de nominar a José Mujica, presidente del Uruguay, como candidato al Premio Nobel de la Paz, para que el pueblo que lo votó y lo ama, tome conocimiento del tema; pero la mezquindad de los poderosos prepotentes que manejan a su antojo el devenir de este país, impuso su criterio de bajos instintos y el pueblo aún ignora este puntual tema que traerá para la región una instancia feliz, un paso delante, entrando en el futuro.

No lo compro, ni lo vendo a José Mujica; no tengo fanatismo alguno por nada, solo me guía en mi vida, el Deber Ser, y en esta instancia, no cejaré hasta lograr que esta propuesta sea la propuesta de todos, pues es ético, justo y necesario.

El mundo lo siente así, hoy, visualizando en Mujica a un nuevo hombre, un nuevo político, que se trascendió en vida, transitando desde los 60, época de lucha armada en favor de ideas e ideales, intentando lograr el prodigio de eliminar a las dictaduras capitalistas, apoyadas por burguesías asesinas y dar espacio a un mundo de iguales en el uso de los placeres y la responsabilidad de vivir en conocimiento. Devino luego el oprobio de la cárcel durante 16 años, para arribar a un presente de sabiduría y felicidad, claramente puestas de manifiesto en la existencia de “Pepe” Mujica, austera y al margen del consumo y todo protocolo hipócrita de ocasión, que tiende a destruir redes de unión y crear discriminación inmediata en los hombres y mujeres que habitamos esta tierra.

Su discurso es claro y sabio a pesar de los buitres que acechan y difaman a este hombre, situado siempre un paso adelante de la política degradada de los ilegalismos de la economía de bienes, un marco donde las capas más desfavorecidas de la población carecen de privilegios.

Así las cosas, se abre una puerta a la esperanza de que, a corto plazo y a pesar de la necedad, la miopía, el pacatismo, el conservadorismo, la mezquindad, la ausencia de capacidad y sensibilidad de los gobiernos del planeta, de acomodarse a este tiempo a vivir, se produzca un cambio de ciclo que trascienda lo político; de todos nosotros depende.







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