viernes, 12 de abril de 2019

LA SOMBRA .1(NARRATIVA)


LA SOMBRA .1(NARRATIVA)
DUNIA SANCHEZ PADRON
LA SOMBRA
Temprano se asoma el sol en este planeta. La primavera brinda un paisaje a mis ojos gris, melancólico, de dejadez. Ahora embriagada de un parto donde el dolor es imprevisible, es inexacto, es fatigador, son latigazos que solo los siente la que haya pasado por esto. Por esto y sola, aquí, en una choza de lata, donde la miseria abulta más y más mi desesperación, mi sudor frío inacabable. Yo, María, hija de un mal destino estoy dando a luz en una pobreza de cuchillos. Dolor, mucho dolor. El, se ha ido. Ha desaparecido tras la cortina de una vida nutriéndose de la mía. En busca de otra para someterla a sus torturas, al alquiler de su sexo, de su cuerpo por horas ¡Ah¡ El dolor es agónico, sal ya de este vientre mío. Parezco que mi conocimiento se evapora, que mis fuerzas están quebradas ajenas a lo que pueda suceder después. Llevo un hijo, una hija , qué se yo, dentro y ya es la hora.
Me ciño a un pañuelo y muerdo hasta sangrar por la boca. Grito y grito y nadie me escucha. Estoy aislada en la asquerosidad de esta existencia. Me desoriento y un puente me lleve  a las sombras de mi vida, una vida hundida en la droga, en el alcohol, en los guarros. Me doy asco, ahora, cuando el parto ha venido ¡Qué será de esta criatura¡ Sola, en no sé dónde. Hay que sobrevivir ¡cómo por Dios¡ El dolor hace agujeros a mi verticalidad. No, no puedo. Tal vez la muerte esté rondándome. Respirar hondo, jadear ¡sal ya de mi¡ ¡Ya¡ ¡Ya¡ Estoy desquiciada, inmersa en una angustia que clava con sus agujas ardientes mi estómago ¡Usada¡ ¡Solo he sido usada¡ ¡Usar y tirar¡ Tengo frío, mucho frío. Nadie viene por mucho que chille, solo, el desahucio, la marginación. Sola. No hay amigos, no hay amigas, no hay nada ¡Ahhhh ya¡ con mi conocimiento mermado siento un llanto, un llanto de un niño. Estoy cansada, muy cansada. Qué la mierda de vida me dé un tirón para verlo, para verla. Quiero y deseo ¡No¡ Gotas caen sobre mí. Está lloviendo en esta choza de mierda, con toda la basura a mí alrededor. No quiero dormir, no quiero dormir pero un peso superior a mi cae en mi cuerpo y siento que me voy. Frío, tengo mucho frío. Su llanto, su llanto interminable. Está vivo, está viva. No me puedo mover ¡Muévete¡ ¡Muévete cuerpo mío¡ ¡Ay¡ No puedo más ¡No¡ no puedo más, mis pensamientos se cubren de oscuridad, mis ojos caen y caen vertiginosamente en una bruma mortal...
LA SOMBRA 2. (NARRATIVA)
DUNIA SANCHEZ PADRON
        
2
Las horas crecen, una fina lluvia resbala por su tez y despierta con la fatiga prieta en su pecho. No oye nadie. Intenta levantarse y recuerda que ha dado a luz. Se mira, corta el cordón umbilical y el pequeño comienza a llorar. Su rostro sucio más el mal que recorre su espalda desaparecen en medio de un sonrisa de sus sentidos. Se incorpora y el temblor de su cuerpo en esa cabaña del infierno le evoca una cierta firmeza ante aquel bebe. María..María, así es como ella se llama envuelve al niño en un manda deshecha, derruida. María, María da unos paso con el bebe en brazos y se detiene. En sus muslos de mujer rajada con el tiempo la sangre no deja de correr. Se esfuerza y María sabe que en algún lugar seguro lo tiene que dejar. No, no quiere cuidarlo, ni puede. Sale de esa maldita cabaña y la llovizna juega con una neblina que no le permite concretar sus pasos. María, María aunque no puede, aunque la fatiga le ingesta la fatalidad, camina sin rumbo ¿Qué buscas mujer? El delirio con su bebe en el pecho no la vence, no la condiciona para continuar ¿A dónde vas mujer? Otra vez esa voz impertinente en sus pasos, en su andar desbaratado, desequilibrado. Parece que va a desmayar, un mareo navega en sus venas. No deja de sangrar y sangrar. Voy dónde este niño quede protegido, voy donde la maldad se acto de desgana, voy donde los retorcidas miradas no adviertan de donde viene, voy donde dejarlo y yo poder descansar. Me da igual todo, está ciudad me pesa, pesa demasiado. La basura me consume, tanto, que este es único bien que haré y después…y después no sé. No puedo, no puedo. Mi estado me rompe, me patalea desmesuradamente. Y caigo, caigo en un pozo donde la sombra de mi ayer me corroe ¿Dónde? ¿Dónde dejarlo? Ya no puedo más...¡no puedo más¡ Pero de sé de una clínica cercana ¡Aparece ya¡ ¡Débil¡ Estoy muy débil, en cualquier momento caeré y después…y después no sé. No sé si sobreviviré. Ahí está. María pierde el equilibrio pero deja el pequeño en la puerta del hospital. Ella, sin saberlo, huye y huye, corre con la sangre en sus muslos, corre en un sudor punzante que la aleja de la zona, corre con el convencimiento de que nadie la ve, corre por las aceras cenizas sin dejar rastro de su llanto, de su dolor. María vuelve a la choza. No sabe cómo ha llegado y se tumba en su miseria...CONTINUARÁ

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