viernes, 4 de abril de 2014

NACIONALIDAD DE POBRES



NACIONALIDAD DE
 POBRES
Juan Henríquez
No es que sea masoquista por aguantar un discurso de Paulino Rivero, sino que tengo la obligación de escucharle  para después poder valorar, con conocimiento de causa, el debate del Estado de la Nacionalidad Canaria. Sus señorias/damas luciendo la última moda de Alberta Ferretti, y señorías/hombres exhibiendo corbatas de Christian Dior, y, perfumados/as con pétalos del Nilo, todos más pendientes de los focos de las cámaras, que del señor de la tribuna, nada más, y nada menos, que el presidente Paulino Rivero.
Y los entiendo, me refiero a sus señorías, que pasen de él tres pueblos. Reconozco que el personaje parece sacado de un cuento de Pepe Monagas. Usted siga mi consejo: cuándo  Paulino esté en la tribuna pulse la tecla de silencio del televisor, y le garantizo que son mucho más divertidos los gestos de ojos, labios arqueados haciendo permanentemente la ola y manos en volanderas que parece un guardia controlando el tráfico, que el discurso, que se repite más que el “La, la, la” de Massiel.
Lo excepcional de este debate del Estado de la Nacionalidad Canaria es que ha sido el propio Paulino el que ha dicho que “le sobra fuerza e ilusión para sacar a Canarias adelante”. Pero hombre, sí has sido tú el que nos has metido en la puta miseria. Sabes que por mucho que te esfuerces en ofrecer medidas de salidas, nadie te cree Paulino, llevas siete años en el Gobierno canario, y no hay ni una, ni una sola de tus promesas, que se hayan cumplido, ¿o ya te has olvidado de los 80.000 empleos prometidos?, promesa que has reiterado hasta en tres ocasiones. ¿Y ahora vienes a descubrir que los canarios somos pobres? ¡Menuda cara que tienes!
El discurso ha sido malo cómo mierda gato, pero, según la diputada Dolores Padrón, se ha notado la huella del PSOE en la prédica de Paulino. Ya el conejo me arriscó la perra. O sea, que públicamente los socialistas comparten y asumen, todas las mentiras expresadas por el presidente Rivero, y además, las promesas incumplidas. ¡Esto es mucho compadre!



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