martes, 9 de abril de 2024

BODA EN LA CORTE


BODA EN LA CORTE

El regidor de la capital del Reino Don José Luis Martínez-Almeida Navasqüés contrajo Santas Nupcias con la joven Doña Teresa Urquijo y Moreno. Junto al novio estuvieron sus compañeros del Partido Popular, es decir, el partido del pueblo

GERARDO TECÉ

La boda de Almeida. / J. R. Mora

Por Pepito, que se nos casa, se brindaba la noche del viernes en las abarrotadas discotecas de la calle Serrano de Madrid. Hacía días que no se hablaba de otra cosa en el barrio de Salamanca y no era para menos. El soltero de oro y regidor de la capital del Reino Don José Luis Martínez-Almeida Navasqüés iba contraer Santas Nupcias a sus 48 años con la joven Doña Teresa Urquijo y Moreno (27), miembro de la Grandeza de España que, con su sí quiero, le regalaría a su esposo el honor de convertirse en pariente directo de la familia Borbón. Quién lo pillara. Han sido once meses de un noviazgo que conocimos cuando la feliz pareja decidió presentarse en sociedad como es debido, posando sonrientes en la plaza de toros de Las Ventas mientras, a espaldas de los fotógrafos, seis animales eran artísticamente descuartizados. Hoy son marido y mujer. La cita fue a las doce del mediodía del sábado 6 de abril en la parroquia del Sagrado Corazón y San Francisco de Borja, sagrado templo ubicado en la Milla de Oro de Madrid. Un lugar con historia, ya que allí se casaron los padres del novio y allí, en el mismo claustro de la parroquia, aterrizó en 1973 Don Luis Carrero Blanco sólo cuatro años después de que Don Neil Armstrong lo hiciera en la superficie lunar. La lista de invitados, cerrada a un selecto grupo de amigos conformado por 600 miembros de la crème de la crème del mundo empresarial, político y aristocrático español. No había albañiles, cajeras de supermercado y ni tan siquiera carpinteros como el padre de dios, a pesar de lo religioso de la ceremonia. Sí había nervios. Según declaró en rueda de prensa Don José Luis a pesar de que todo estaba listo. Listo el vestido de la novia, listo el acompañamiento floral y lista la finca de la abuela de Doña Teresa sita en Colmenar Viejo, donde se desarrollarían los festejos.

 

Lista también la cobertura de los digitales ultraderechistas que, generosamente regados por el flamante novio con dinero proveniente del campesinado, llevaban anunciando jubilosos y a toda página desde hacía días que lo que allí ocurriría sería la boda del año. Cómo no iba a serlo, si hasta la cadena pública Telemadrid, entregada al noble arte del servicio público y el interés general, iba a retransmitir el evento en directo. Un original regalo de bodas de la amiga del novio Doña Isabel Natividad Díaz Ayuso que hasta el último momento no confirmó si acudiría sola o acompañada por su pareja, generando entre los organizadores la duda de si sería conveniente sentarla en la mesa de invitados o la de investigados. Finalmente, Don Alberto González, novio de Doña Isabel y número uno en la categoría de técnicos sanitarios de la lista Forbes, se quedó en casa para decepción de campesinos, periodistas y comensales invitados al evento que andaban deseosos de conocer de primera mano al hombre que había sido capaz de cumplir el añorado sueño empresarial de crear una empresa de facturación millonaria sin necesidad de contratar empleados. A pesar de no tener a Don Alberto a su lado, Doña Isabel brilló con la misma intensidad de siempre, como explican las páginas del prestigioso e independiente diario El Mundo y como demuestra que los entusiastas campesinos congregados a las puertas de la ceremonia religiosa se desgañitaran en gritos de presidenta, presidenta, guapa, guapa. Gritos que se repitieron cuando apareció el Rey Juan Carlos o tantos otros ilustres invitados con carpeta propia en los archivos de la Unidad Central Operativa de la Policía Nacional.

 

Tras el acto religioso presidido por un sacerdote gallego amigo del feliz novio, la caravana del amor que dejó vestidos, tocados y pamelas de ensueño, abandonó el Barrio de Salamanca para regalar glamour y alegría también en la España vaciada. Así, El Canto de la Cruz, finca familiar sita en Colmenar Viejo que con mimo cuida la abuela de la novia, Doña Teresa de Borbón-Dos Sicilias, fue epicentro de la fiesta. La abuela, tal vez la mayor protagonista del día con permiso de los novios y de las ganadoras y ganadores del concurso de memes en el que arrasó Doña Esperanza Fuencisla Aguirre y Gil de Biedma, es toda una desconocida para el campesinado. Motivo por el cual las principales publicaciones de la vida social se han esmerado en sus funciones pedagógicas y educativas en las últimas semanas. “Aunque nació con títulos y honores, fue su trabajo lo que la ha llevado a ser distinguida como una de las más notables criadoras de caballos de pura raza árabe en el mundo”, explicaba la revista Hola. Algo que no le pasará desapercibido al primo Juanito –Don Juan Carlos Primero para el campesinado– que quién sabe si, por una módica comisión, no le hará las veces de ojeador de talentos ecuestres por las lejanas tierras de Oriente donde descansa como premio por décadas de servicio a España. Junto a Su Majestad el Rey acudió media familia incluyendo infantas y nietos entre los que se encontraban los mediáticos Don Froilán y Doña Victoria Federica, amigos de la novia por edad, por aristocracia y por locales de moda. Por supuesto, también acudió la siempre profesional Reina Sofía que, a buen seguro, aprovecharía para saludar a su inseparable marido el Rey Juan Carlos. Quienes no estuvieron fueron los reyes actuales. Ante la perspectiva de dividir su agenda y así poder coincidir con la familia, Felipe VI prefirió dedicar el día a entregarle a vascos sudorosos la copa que lleva su nombre. Gracias a dios el Real Madrid no se clasificó para la final disputada en Sevilla, lo cual hubiera supuesto un notable ahorro en cubiertos.

 

La lista de ilustres invitados es tan grande e inabarcable como la dicha de los recién casados. Además de realeza y nobleza aristocrática y empresarial, junto al novio estuvieron sus compañeros de trabajo y miembros destacados del Partido Popular, es decir, el partido del pueblo. Un pueblo que a las puertas de la iglesia aplaudía la llegada de Don Alberto Núñez Feijóo que acudió con su esposa dejando plantado a un decepcionado Marcial Dorado, Doña Cuca Gamarra, Don José María Aznar con Doña Ana Botella o el presidente murciano Don Fernando López Miras, amigo del novio y encargado de organizar una despedida de soltero que, dada la ajetreada agenda política española, se producirá pasado el casamiento. Arde en deseos Don José Luis de hacer una escapada de fin de semana a Marruecos junto a otros presidentes autonómicos del PP. Más allá de un precioso baile que la parejita de recién casados dedicó a los periodistas postrados ante la finca, poco más se sabe de lo acontecido en El Canto de Cruz. Y es que los contrayentes querían que el enlace matrimonial televisado por Telemadrid transcurriese de forma discreta. De puertas para adentro, de buen seguro hubo risas, felicidad y jolgorio entre los ilustres invitados que disfrutaron de un delicioso menú tras el que no se especificó que llegaría la barra libre, porque en la alta sociedad el acceso a placeres de la vida sin coste no es cosa de celebración, sino el estado natural de las cosas. Por delante tienen Don José Luis y Doña Teresa años de felicidad y algún asunto pendiente, como acabar de montar el nido de amor al que, con los papeles en regla a ojos de dios, ya pueden mudarse. Que sean muy felices porque su felicidad será también la del campesinado. Vivan los novios y viva España.

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